Bienvenidos al siglo XIX, cortesía de la Universidad de Chicago. En un giro digno de una comedia de costumbres, la facultad de Derecho ha decidido que la mejor forma de combatir la inteligencia artificial es volver al papel y al bolígrafo. El jueves pasado, la institución sentenció que los estudiantes de primer año deben dejar sus teléfonos, tabletas y laptops en el perchero antes de entrar a clase.
Una medida drástica para un currículum que ahora aspira a ser 'resiliente a la IA', que en lenguaje de calle significa: 'estamos hartos de que el chatbot haga los deberes'.
Mientras nosotros peleamos con la inflación y el precio del alquiler, los futuros abogados de Chicago regresan a la era del cuaderno espiral.
La universidad no ha admitido el pánico al fraude explícitamente, pero el contexto grita que la alfabetización y el cálculo están en caída libre. Para evitar que los alumnos se conviertan en simples operadores de 'copiar y pegar', los exámenes volverán a ser presenciales, sin internet y con la presión de discusiones orales frente al profesor.
Es el regreso del interrogatorio clásico, donde no hay botón de 'regenerar respuesta'.
No es un caso aislado; es una reacción al caos. Mientras en Brown University un profesor destapó una red de trampas con IA que dejó boquiabierta a la Ivy League, y Princeton tuvo que dinamitar su centenario Código de Honor para vigilar a los alumnos como si estuvieran en una prisión de máxima seguridad, Chicago Law intenta un equilibrio hipócrita.
El profesor Mark Templeton y William Hubbard aseguran que no odian la tecnología, sino que quieren que sea un 'compañero de estudio' y no un atajo. Es como decir que puedes usar el coche para ir al gimnasio, pero no para que el coche levante las pesas por ti. Todo esto ocurre mientras los abogados reales ya están haciendo el ridículo en los tribunales, presentando demandas con leyes inventadas por una IA alucinante.
Crítica:
La noticia presenta la medida como una 'adaptación rápida', pero ignora que prohibir laptops en 2024 es un parche desesperado y anacrónico. El contraste entre la 'resiliencia' académica y la realidad de los abogados alucinando en juzgados es el verdadero chiste.
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