Descubierto un campamento ilegal de decenas de invasores en las galerías subterráneas de Ceuta

Ceuta: 10.000 invisibles viviendo bajo tierra

social Una ilustración conceptual y oscura de un túnel subterráneo urbano con capas superpuestas. En la parte superior, se ve la superficie de una ciudad costera soleada; en la parte inferior, en las sombras, se aprecian siluetas de colchones viejos, mantas y objetos cotidianos acumulados en un entorno industrial húmedo, simbolizando una ciudad oculta bajo la tierra. Estilo periodístico, dramático, con contrastes de luz fuertes.

Ceuta tiene un sótano que el Ayuntamiento prefiere no mirar. Mientras el ciudadano medio se pelea con la comunidad de vecinos por una gotera, bajo las galerías subterráneas del Sarchal ha florecido un ecosistema paralelo. Un incendio accidental —de esos que no avisan— obligó a los bomberos a bajar al agujero y, ¡sorpresa!, se encontraron con un campamento ilegal para decenas de personas.

No era un refugio improvisado de fin de semana; el sitio tenía hasta letrinas artesanales, colchones y montañas de basura que harían llorar a cualquier inspector de sanidad. Es la ciudad invisible, la que no sale en los folletos turísticos. Pero el Sarchal es solo la punta del iceberg.

La Policía Nacional ha tenido que jugar al escondite en las barriadas del Príncipe y Loma Colmenar para desmantelar dos 'pisos patera'. Treinta personas hacinadas, incluyendo tres menores, viviendo sin luz ni agua, como si el siglo XXI fuera un concepto opcional. El dato que realmente dinamita la tranquilidad de la ciudad es la cifra que maneja la policía: unos 10.000 invisibles.

Diez mil personas repartidas entre garajes, casas abandonadas y locales, esperando que la mafia les cobre el billete a Algeciras o Málaga, o que el Gobierno decida que es hora de mover el tablero. Lo más curioso es la logística. Mientras el Estado finge que no existen, hay un flujo constante de familiares que entran en Ceuta cargados de comida, móviles y efectivo.

Es una economía sumergida que mantiene vivo el sueño del salto a la península. Estos miles de personas, que ya colapsaron el traslado de la Playa del Trampolín y el nuevo centro de acogida del puerto, prefieren la insalubridad de un sótano antes que el riesgo de que un sello en el pasaporte los devuelva a Marruecos.

La normalidad en diciembre parece, ahora mismo, un chiste de mal gusto.

Crítica:

El texto original es un despliegue de alarmismo con un léxico cargado, pero falla al no citar fuentes oficiales concretas más allá de 'fuentes policiales'. Confunde la crónica de sucesos con un panfleto político.

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