Habla el alcalde de un pueblo soriano que ha cuadruplicado su censo por la ley de nietos: «Tela marinera»

Fuentestrún: más votantes ausentes que vecinos vivos

social Una imagen conceptual y melancólica. En primer plano, un libro de actas antiguo y desgastado, con hojas amarillentas y caligrafía cursiva del siglo XIX, abierto sobre una mesa de madera vieja. Al fondo, desenfocado, la plaza vacía de un pequeño pueblo castellano con una iglesia y un monumento solitario bajo un cielo gris. Un teléfono móvil moderno descansa junto al libro, creando un contraste anacrónico.

Fuentestrún es el espejo donde España se mira y no reconoce. Un pueblo soriano donde el censo es una broma de mal gusto: mientras solo 23 o 24 almas resisten el frío del día a día, el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) presume de 177 electores allende nuestras fronteras.

Un contraste obsceno frente a los 38 españoles en el extranjero que no son 'nietos'. Es la matemática del abandono: el pueblo no tiene colegio ni farmacia, y el médico pasa por allí dos veces al mes, como quien hace una visita de cortesía, pero los papeles vuelan hacia Santiago de Chile. Isidoro Gil, alcalde 'popular' desde 2006, se ha convertido en el detective de genealogías más involuntario de la comarca del Moncayo.

Entre 60 y 70 solicitudes de partidas de nacimiento en los últimos dos años han transformado el ayuntamiento en un archivo histórico de urgencias. Mientras el presupuesto municipal probablemente no dé para un café decente para todos, Gil y la secretaria pasan las mañanas peleándose con libros de 1876 que se caen a trozos.

Buscar un acta de nacimiento es ahora como intentar encontrar una aguja en un pajar de caligrafía ilegible, obligando al regidor a usar el móvil para descifrar letras que parecen jeroglíficos. La ironía es fina y amarga. Fuentestrún tiene un monumento a los emigrantes, pero ahora esos emigrantes —o sus descendientes— vuelven en formato PDF para reclamar un pasaporte.

Familias de doce hijos que huyeron de la miseria y que ahora, décadas después, generan una carga administrativa en un pueblo que depende de servicios ambulantes para comprar el pan. 'Tela marinera', dice el alcalde. Efectivamente, una tela que tapa el agujero demográfico con tinta y sellos oficiales.

Crítica:

La noticia es un retrato costumbrista impecable, aunque omite el impacto fiscal real de este aumento de censo. Se queda en la anécdota del libro roto sin cuestionar la utilidad política de ciudadanos que votan en un lugar donde ya no queda nadie.

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