El ministro Bustinduy persigue limitar los ultraprocesados en hospitales y residencias

Bustinduy le declara la guerra al ultraprocesado

social Una ilustración conceptual y satírica que muestre un plato de hospital donde una manzana fresca y brillante está empujando fuera del plato a una hamburguesa de plástico y color artificial. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, fondo minimalista de cocina industrial.

Parece que el Gobierno ha descubierto, después de mucho meditarlo, que alimentar a un enfermo con comida de laboratorio no es precisamente el camino hacia la recuperación. Pablo Bustinduy, el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ha decidido que es hora de limpiar los platos en hospitales, residencias y escuelas de 0 a 3 años.

El plan es llevar al Consejo de Ministros el martes 27 de octubre un real decreto que pretende que la dieta de los más vulnerables deje de ser una partida presupuestaria para recortar costes o inflar beneficios. Básicamente, quieren que comer en un centro público deje de parecerse a una dieta de astronauta budget. Las cifras son concretas, aunque la ejecución sea el eterno interrogante.

Se propone limitar los ultraprocesados a dos raciones semanales en regímenes de pensión completa, y solo una vez por semana en desayunos y meriendas. Mientras nosotros hacemos malabares con la tarjeta de crédito para comprar una manzana, el decreto exige que el 90% de frutas y hortalizas sean frescas y de temporada.

Incluso las máquinas vending, esos templos del azúcar y el sodio, deberán ser 80% saludables. Bustinduy quiere cerrar el círculo rescatando el Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles del 15 de abril de 2025, prohibiendo bebidas azucaradas y bollería para los críos.

El menú escolar pasará a ser un campo de batalla contra la grasa: el 45% de la verdura debe ser de temporada, con pescado entre una y tres veces por semana y el arroz o pasta obligatoriamente integral. Las pizzas y empanadillas precocinadas, ese pilar de la gastronomía industrial, quedan relegadas a una sola vez al mes.

Una medida necesaria, sí, pero que llega cuando ya sabemos que el azúcar es el nuevo tabaco.

Crítica:

La noticia es un anuncio optimista que ignora la logística real de las licitaciones públicas. No menciona quién pagará el sobrecoste de pasar de lo precocinado a lo fresco.

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