Milagros Miceli, experta mundial en inteligencia artificial: “No uso ChatGPT, es un poco mi consumo consciente”

Miceli: IA desplaza empleos, precariza, destruye vidas

tecnologia Una representación abstracta de una red neuronal interconectada, con nodos brillantes que simbolizan datos fluyendo. En un segundo plano, se vislumbran figuras humanas trabajando en condiciones de poca luz, manipulando intrincadas interfaces, casi fundiéndose con la maquinaria. Los colores son fríos, predominando los azules y grises, con destellos de verde y morado. Un gran ojo algorítmico, semi-oculto, observa la escena con una expresión ambigua.

Milagros Miceli, socióloga e investigadora argentina, ha sido reconocida por la revista TIME como una de las 100 personas más influyentes en inteligencia artificial para 2025. Miceli dirige la unidad de “Data, sistemas algorítmicos y éticos” del Instituto Weizenbaum de Berlín, es investigadora del DAIR Institute y lidera el proyecto Data Workers’ Inquiry.

Su trabajo se enfoca en analizar la IA desde la perspectiva de los trabajadores de datos, quienes entrenan los modelos tecnológicos en condiciones precarias en países como Siria, Kenia, Venezuela, Brasil y Alemania, un aspecto poco conocido del desarrollo de la IA. Miceli subraya que la tecnología que parece autónoma, en realidad, es resultado de una labor humana intensiva y a menudo invisibilizada. En un diálogo exclusivo con National Geographic, Miceli abordó el impacto de la IA en el empleo y la vida diaria.

Contrario a la narrativa predominante de destrucción masiva de empleos, ella argumenta que, si bien la IA ha desplazado trabajadores, muchas empresas que inicialmente alardearon de no necesitar personal, ahora están recontratando. Esta tendencia al desplazamiento, no al reemplazo, significa que la IA elimina ciertos trabajos pero genera otros, ya que no funciona de manera autónoma y requiere intervención humana.

Miceli citó el ejemplo de los supermercados Amazon Go, que se promocionaron como sin cajeros, pero en realidad dependían de un enorme centro de monitoreo con personal en países remotos, lo que evidencia la precarización y el traslado del trabajo a un segundo plano para que la tecnología brille. Además de la cantidad de empleo, Miceli destacó que los nuevos trabajos generados por la IA son a menudo menos interesantes y más precarizados, caracterizados por tareas repetitivas y menos exigentes en pensamiento crítico.

Alertó sobre el riesgo de que las nuevas generaciones carezcan de pensamiento crítico y propio, ya que la dependencia de herramientas como ChatGPT puede atrofiar la “gimnasia mental”. Esto, a su vez, podría llevar a una fuerza laboral menos creativa y profesional, resultando en salarios más bajos.

Miceli también abordó la inconsciencia de los usuarios respecto a la IA, aunque se abstiene de criticarlos, señalando que el uso de estas tecnologías puede ser una forma de escape o “pan y circo”, mientras que la “cara horrorosa” de la IA se manifiesta en usos como drones capaces de matar personas a miles de kilómetros.

Personalmente, Miceli no utiliza ChatGPT ni TikTok por “consumo consciente” y por conocer las precarias condiciones laborales y el sufrimiento de los trabajadores que entrenan estos modelos, muchos de los cuales no han sido compensados por OpenAI. Reconoce que, aunque intenta resistirse al uso de datos biométricos en aeropuertos, la imposibilidad de negarse sin enfrentar consecuencias negativas, como largas esperas o incluso detención, la ha llevado a someterse a estas tecnologías por miedo.

Crítica:

El título, si bien intrigante, no revela la profundidad del contenido sobre la precarización laboral y los dilemas éticos de la IA. La noticia cumple con la expectativa de una experta en IA, pero la frase de ChatGPT es más un anzuelo que un resumen del análisis crítico presentado.

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