Employees Are Using Their Jobs’ Super-Expensive AI Tokens for the Most Hilariously Pointless Tasks Imaginable

Quemar miles de dólares en IA inútil

tecnologia Una ilustración satírica de una oficina moderna donde una computadora de lujo está quemando billetes de dólares reales como si fueran combustible, mientras en la pantalla se ve un videojuego pixelado y ridículo con memes. Estilo editorial de revista financiera, colores contrastados, atmósfera de despilfarro corporativo.

La alta dirección se ha pasado la vida vendiéndonos la IA como el Santo Grial de la productividad, pero resulta que el Grial tiene fugas y cuesta un ojo de caravalla. En el mundo corporativo ha nacido el 'tokenmaxxing', esa disciplina olímpica de quemar presupuesto de inteligencia artificial solo porque el jefe dijo que 'hay que innovar'.

Es el equivalente digital a comprarse un Ferrari para ir a comprar el pan a la esquina: un despliegue de potencia absurdo para un resultado mediocre. Tomemos el caso de Slash, una firma de fintech que decidió incentivar el uso de herramientas de código IA. ¿El resultado? Un empleado decidió jugar al Dios del software y se gastó 80.000 dólares en tokens para crear 'brainrot shooter', un videojuego de disparos basado en memes que tiene la profundidad emocional de un charco.

Ochenta mil pavos. Para que nos entendamos: es el precio de un coche decente o la entrada de un piso en algunas ciudades, incinerados en una herramienta que ni siquiera sirve para optimizar procesos reales. Ahora, con la cara dura que solo da el capital, Slash pide en redes sociales que la gente lo juegue para poder pasarlo como 'gasto de marketing'.

Un truco contable de manual. Pero la fiesta no termina ahí. En Accenture, la cosa es más sutil pero igual de ridícula. Justice Kwak, el estratega de IA de la firma, soltó en audios filtrados que no son los ingenieros quienes devoran el presupuesto, sino el personal no técnico.

Imaginen el cuadro: ejecutivos usando la tecnología más cara del planeta para convertir un PDF en un PowerPoint. Es como contratar a un ingeniero de la NASA para que te ayude a montar un mueble de IKEA. Mientras Anthropic recauda en seis meses más de lo que Uber gastó en años para aniquilar a los taxis (unos 32.000 millones), el empleado medio sigue usando la IA para tareas que un becario de primaria haría en diez minutos.

Crítica:

El texto original es una joya del sarcasmo, aunque se queda corto al no detallar exactamente cuánto paga Accenture por esos tokens de PDF. Es un retrato perfecto de la 'obediencia maliciosa' laboral.

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