Gobierno en fuga
La mitad del Gobierno de Pedro Sánchez se ha evaporado como por arte de magia, dejando al Senado en un estado de desamparo y desprotección. Diez ministros, la mitad del Ejecutivo, han decidido que tienen asuntos más urgentes que atender en el extranjero, justo cuando la Justicia está cerrando el cerco sobre la presunta corrupción del exministro José Luis Ábalos y su séquito. La portavoz del Grupo Popular, Alicia García, no se anda con rodeos: «Se ocultan para no tener que responder por los escándalos del Gobierno». Y es que, mientras los españoles pagan más impuestos que nunca, reciben menos y peores servicios públicos, y menos rendición de cuentas. La ausencia de los ministros es como un sablazo en la factura de la democracia, un agujero contable en la cuenta de la transparencia. La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, se va a México; la vicepresidenta tercera, Sara Aagesen, a Alemania; el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a Luxemburgo... Todos tienen viajes oficiales que no pueden posponer, justo cuando la oposición quiere hacerles preguntas incómodas. La ministra de Defensa, Margarita Robles, se va a Ucrania, mientras que el ministro de Transportes, Óscar Puente, se reunirá con el embajador de Brasil. La lista de ausentes es interminable, y la Justicia no para de avanzar en la investigación de la corrupción. Begoña Gómez, la esposa de Pedro Sánchez, ya está en el banquillo, y la pregunta es: ¿quién será el próximo? La respuesta, por supuesto, la conoceremos cuando los ministros decidan volver a la Cámara Alta y dar explicaciones. Pero hasta entonces, la ausencia de los ministros es como un gran vacío, un agujero negro en la democracia que nos hace preguntarnos: ¿dónde está el Gobierno cuando lo necesitamos? La economía española es como un barco en alta mar, con un capitán que ha abandonado el timón. Los ministros están como los pasajeros de un avión que ha perdido el rumbo, sin saber hacia dónde van. Y la oposición es como un faro en la oscuridad, intentando guiar al país hacia la transparencia y la rendición de cuentas. Pero el Gobierno parece que no quiere escuchar, y sigue adelante con su política de ocultamiento y desgobierno.
Mario Herrera