Tu Terapeuta te Espía con IA: ¡Peligro!
La confianza, ese bien escaso en tiempos de inflación emocional, se ha ido al garete para Molly Quinn, una paciente de 31 años que descubrió que su terapeuta, en vez de tomar notas como una persona normal, había sacado un iPad para grabar sus sesiones con una inteligencia artificial. Imagínate ir al médico y que en vez de un estetoscopio te apunta un dron. La cosa huele raro, ¿no? Quinn, comprensiblemente, sintió que le habían abierto las venas digitales. La terapeuta, como si nada, le ofreció dejar de grabar, pero el daño ya estaba hecho. El trust, ese intangible que cuesta años construir, se esfumó en un instante.
Resulta que la profesión, como tantas otras, está abrazando la IA para “optimizar procesos”, o lo que es lo mismo, para quitarse de encima el trabajo pesado. Las empresas de IA venden la moto de que así los terapeutas tendrán más tiempo para dedicar a los pacientes, pero ¿a qué precio? Un estudio de YouGov revela que solo un 11% de los americanos se sentiría cómodo con que la IA intervenga en su terapia, y apenas un 8% la confiaría. El resto, un contundente 40%, directamente no se fía. Y con razón. Marisa Cohen, terapeuta en Nueva York, lo explica claro: “La simple presencia de la IA cambia la dinámica”. Es como si de repente hubiera un invitado invisible en la sesión.
Tal Salman, el CEO de Berries, una herramienta de IA para terapeutas, asegura que las grabaciones se eliminan al instante y que los datos se almacenan en servidores seguros. Pero, ¿quién garantiza que no habrá fugas, hackers o brechas de seguridad? Quinn lo ve claro: “En unos años, vamos a ver esas grabaciones expuestas”. Y ahí, tu historia más íntima, tu vulnerabilidad más profunda, convertida en trending topic. Mientras tanto, la IA sigue avanzando, imparable, como un tren sin frenos. La pregunta ya no es si la IA va a cambiar la terapia, sino si la terapia podrá sobrevivir a la IA.
Mario Herrera