The Bizarre Tunguska Event And The Theories Behind It

Tunguska: el fuego que lo mató todo

ciencia Una escena de un bosque siberiano devastado, árboles aplastados y una nube azulada sobre el horizonte, con una sensación de gran explosión sin crear un cráter visible, estilo realista y oscuro.

En la fría noche de 30 de junio de 1908, cuando la aurora boreal apenas se asomaba, un rayo de luz azul desbordó el cielo siberiano y un estruendo que hizo temblar las ventanas de los viajeros de la carretera Onkoul se convirtió en la chispa que quemó 830 millas cuadradas y derribó 80 millones de árboles.

Se dice que la explosión tuvo la potencia de 1 000 bombas atómicas de Hiroshima, pero, como todo buen cuento de la calle, las cifras nunca se quedan en cifras: la energía, al revés, se sintió como un quemacristales que se lleva el aire y deja un vacío de 3 000 km de profundidad, donde, según el astrofísico Wolfgang Kundt, habría escapado un gas volátil del núcleo terrestre.

Entre los pocos testigos, el campesino S.B. Semenov describía el cielo como un “split” que se cerró con un golpe que lo lanzó varios metros, mientras los dueños de dos minas de oro tropezaban entre sí como si el universo los hubiera puesto a la prueba del “boom” que nadie había planeado.

A 19 años de la explosión, la primera expedición científica liderada por Leonid A. Kulik llegó al sitio, encontró un área de destrucción en forma de mariposa y, sin un cráter, se quedó con fragmentos de meteorito de menos de un milímetro, compuestos de troilita y schreibersita, lo que dejó en claro que un asteroide, no un cometa ni un agujero negro primordial, había decidido hacer un “tapón” de fuego.

Pero la historia no se quedó en el espacio; la teoría de un disparo de “death ray” de Tesla, la aniquilación de antimateria y la hipótesis de un meteorito de kimberlite siguen circulando como rumores de la plaza de mercado. El hecho de que 3 mil millones de árboles se hayan apagado sin dejar un cráter es el eco de la paradoja de un evento tan grande que lo más lógico es que el planeta lo suprimió antes de que se podía crear un hueco visible.

Hoy, el Tunguska sigue siendo el “sablazo” que más se ha preguntado: ¿un polvo cósmico, una explosión interna o simplemente la naturaleza jugando a ser un DJ de la destrucción?

Crítica:

El artículo deja al lector con más preguntas que respuestas, pues no profundiza en la controversia de los cometas versus asteroides. El título, aunque llamativo, simplifica excesivamente la complejidad del fenómeno.

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