La NASA, esa agencia que te hace sentir pequeño con cada foto del cosmos, ha decidido que volver a la Luna no es cuestión de prisas. El 26 de mayo de 2026, nos explicarán con pelos y señales cómo quieren plantar bandera (otra vez) y construir una base lunar para 2032-2036. ¿Y qué estaban haciendo hasta ahora? Pues, aparentemente, redefiniendo 'urgente'.
Mientras tú luchas por pagar la hipoteca, ellos se plantean si la base lunar va a estar cerca del polo sur. ¡Qué dilema!
Jared Isaacman, el administrador de la NASA, y sus secuaces, Lori Glaze y Carlos García-Galán, serán los encargados de desfilar con gráficos y promesas.
La cosa viene de lejos: ya mandaron a unos cuantos robots a dar una vuelta (Artemis 1, 2022) y a unos astronautas a dar una vuelta más larga (Artemis 2, abril de 2024). Pero, atención, que el alunizaje con humanos se ha retrasado. Inicialmente programado para 2027 (Artemis 3), ahora lo apuntan al 2028 (Artemis 4).
Parece que prefieren practicar el 'parking' de naves en órbita antes de arriesgarse a un aterrizaje forzoso.
El proyecto 'Gateway', una estación espacial que iba a ser la puerta de entrada a la Luna, ha quedado en la nevera. Priorizan la base en sí. Y para construirla, se apoyan en empresas privadas como SpaceX (Starship) y Blue Origin (Blue Moon).
Conclusión: la Luna es el nuevo patio de recreo de los multimillonarios espaciales. Michael Wall, el editor de Space.com, nos lo cuenta todo con su doctorado en biología evolutiva, porque, claro, la exploración espacial es como estudiar el comportamiento de las hormigas… pero más caro.
Crítica:
El artículo es más un comunicado de prensa glorificado que un análisis profundo. Falta una evaluación crítica de los retrasos y los cambios de planes, así como una perspectiva sobre el coste real de esta aventura lunar. El título es demasiado suave para la magnitud de los cambios.
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