Si pensabas que la saga de luces láser era puro polvo de estrellas, despierta: George Lucas recostó la historia como un chef de cocina de fantasía. En 1970, mientras la Guerra de Vietnam rugía en la radio, el creador ya tenía a los Vietcong en la cabeza, y la Rebelión que lucha contra el Imperio es una parodia de los guerrilleros que golpeaban a Washington.
La palabra Jedi, que suena a espadachín de la galaxia, viene de jidaigeki, los filmones de samuráis que sacaron su código a la pantalla; la armadura del Jedi y el silencio de su entrenamiento se inspiran directamente en la disciplina japonesa.
El paso de la República Galáctica al tiránico Imperio recuerda el salto de la República Romana al Imperio de Octavio, quien en 27 a.C.
consolidó su poder y le dio el título de Augusto. El Senado que aparece en la saga es un espejo de las salas de los senadores romanos, y los trajes de los oficiales, con largas túnicas y capas, se parecen a la toga romana. Lucas también se echó un vistazo a la arquitectura romana: los edificios con columnas y los arcos que vemos en los palacios del Imperio parecen sacados de una reconstrucción del Coliseo.
Para la Tierra de Tatooine, el propio Lucas no inventó un planeta desértico, sino que tomó el nombre de Tataouine, en el sur de Túnez, y se inspiró en la arquitectura berber y en la vida de sus habitantes.
El polvo, el calor y la escasa agua son un espejo literal de la región.
Los Stormtroopers, esos soldados con cascos blancos y armaduras que parecen de plástico, nacen del Sturmtruppen de la Alemania nazi, un término que llegó al inglés en 1931. La estética del uniforme, los colores y la iconografía de la unidad nazi se transfirieron con descaro al Imperio.
El malvado Palpatine, con su ascenso al poder y sus títulos como Senador, Gran Canciller y Emperador, es una amalgama de figuras históricas: César, Hitler, Napoleón y, según Lucas, Richard M.
Nixon, quien en 1981 “subvirtió el senado y se convirtió en un imperator”. Esta mezcla muestra cómo el cine suele mezclar a los grandes villanos y a los héroes para crear un personaje que todos tememos.
La carrera de pod en “El Imperio Contraataca” (1999) recuerda a las carreras de carros romanos en el Circo Máximo.
Los flashes, la adrenalina y la multitud de espectadores se inspiran en la escena de Ben‑Hur, donde el carruaje de la victoria se vuelve la película.
En fin, la saga es una telenovela que recicla el pasado para hacerla brillar con luces láser. La historia no es un cuento, es un menú de influencias que Lucas sirve con una pizca de ironía y un toque de orgullo nacional.
Crítica:
El artículo ofrece un buen panorama, pero se queda corto al no profundizar en la verdadera influencia vietnamita ni en la recepción crítica de las comparaciones históricas. El título, aunque llamativo, puede inducir a confusión sobre la profundidad de la investigación.
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