Crítica:
La noticia parece sesgada hacia la crítica de la gestión de Plus Ultra y la influencia política en su rescate. Falta una visión más equilibrada de la situación.
La noticia parece sesgada hacia la crítica de la gestión de Plus Ultra y la influencia política en su rescate. Falta una visión más equilibrada de la situación.
En un giro inesperado, las empresas vinculadas a la periodista Ana Pastor han capturado una suma significativa de recursos provenientes de administraciones tanto españolas como europeas. La cifra exacta es difícil de determinar debido a la falta de desglose en algunos proyectos europeos, pero se estima que supera los 1.576.492,53 euros. Esta financiación abarca diversos mecanismos como contratos públicos, subvenciones y préstamos. Newtral, una de las empresas, declara explícitamente su rechazo a las subvenciones procedentes de España, pero participa en concursos y obtiene préstamos de origen público. La empresa ha obtenido dos contratos a través de concursos públicos por valor de 224.879,13 euros, y ha accedido a un contrato público de 3.096,57 euros de Canal Sur. Además, ha recibido un crédito de 350.000 euros de la Cersa, una empresa pública dependiente del Ministerio de Industria. En el ámbito de las ayudas de la UE, Newtral ha obtenido 50.000 euros en el marco del programa Horizonte 2020 para el desarrollo de un sistema de verificación en tiempo real. Otro proyecto, denominado FactCRICIS o EuroClimateCheck, le reportó 86.000,20 euros para identificar y desmentir campañas de desinformación relacionadas con el cambio climático. La empresa también participa en el programa Erasmus+ dentro de la iniciativa DoCHECK!, dedicada a la alfabetización mediática y el combate a la desinformación. La otra empresa de Ana Pastor, Iniar IA Labs & Technologies, ha captado a través de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) una combinación de crédito reembolsable por 433.133,40 euros y una subvención de 82.080 euros, y ha conseguido dos contratos públicos por 77.234,3 euros. En total, las dos empresas de Ana Pastor han obtenido al menos 1.576.492,53 euros de ingresos públicos.
El Gobierno español se enfrenta a un desafío significativo en la gestión de los fondos de la Unión Europea (UE) destinados a proyectos sociales. Según un informe del Tribunal de Cuentas, el 64,3% de las iniciativas analizadas seguían en ejecución pese a haber superado los plazos previstos. Esto se debe a que el modelo de control y gestión previsto para estos recursos no se ha desplegado plenamente en la práctica. La falta de refuerzo en la capacidad administrativa, la ausencia de herramientas tecnológicas específicas y la no aplicación de estructuras administrativas provisionales han limitado la capacidad de supervisión y seguimiento de los proyectos. El informe también destaca que el 36,8% de los proyectos no habían alcanzado los objetivos previstos en los plazos establecidos. Todo esto plantea un problema de capacidad en la gestión de los fondos, lo que limita la evaluación del impacto de las inversiones. Con un volumen excepcional de fondos UE gestionado, la ejecución descansa en estructuras ordinarias, diseñadas para la gestión habitual y no para un volumen excepcional de fondos. La gestión de los fondos UE se produce en un entorno en el que no se han desplegado plenamente los instrumentos diseñados para reforzar la capacidad administrativa. El reto no se limita a mejorar la ejecución, sino a consolidar un sistema de gestión que permita supervisar de forma efectiva el uso de los fondos. El Instituto de las Mujeres, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social y el Fondo de Garantía Salarial son algunos de los organismos que han asumido la gestión de los fondos sin un refuerzo generalizado de sus plantillas. La falta de información y la no aplicación de las estructuras administrativas provisionales han limitado la coordinación y el seguimiento transversal de los proyectos. El Tribunal de Cuentas ha destacado la dificultad para acreditar el seguimiento de los proyectos en algunos casos, lo que limita la trazabilidad, transparencia y verificación de la gestión de los fondos. En este contexto, el Gobierno español debe abordar el desafío de consolidar un sistema de gestión que permita supervisar de forma efectiva el uso de los fondos UE y evaluar el impacto de las inversiones. La distancia entre el modelo previsto y el modelo aplicado se convierte en uno de los factores clave para entender el comportamiento del sistema. El análisis del Tribunal de Cuentas apunta a un problema que trasciende la ejecución de proyectos concretos, situando el foco en el esquema administrativo que debía sostener esa ejecución. La realidad descrita en la fiscalización muestra un despliegue parcial de ese modelo, lo que plantea un reto significativo para la gestión de los fondos UE en España.
La Unión Europea ha estado presionando para eliminar los beneficios fiscales del gasóleo, que durante décadas ha sido más barato y abundante que la gasolina. Sin embargo, desde el comienzo del conflicto de Irán, la situación ha cambiado drásticamente. El precio del gasóleo superó al de la gasolina en apenas cuatro días, llegando a costar 1,56 euros por litro, mientras que la gasolina se mantenía en 1,54 euros. Esta tendencia se ha mantenido, y hoy en día, la diferencia de precio entre ambos combustibles ha alcanzado máximos, con el gasóleo siendo 15 céntimos más caro que la gasolina. Esto significa que el ahorro de los coches diésel frente a los de gasolina se ha esfumado, y la eliminación de la ayuda al gasóleo se vuelve imprescindible para que Bruselas libere los fondos de cohesión. La demanda de gasóleo se ha disparado en países en vías de desarrollo, lo que ha multiplicado el precio, mientras que el refino de la gasolina es más barato que el de los gasóleos de última generación. Las ventas de coches diésel han caído a mínimos históricos en los últimos dos años, lo que sugiere un futuro incierto para este tipo de vehículos. Aunque los coches diésel que ya están en circulación pueden tener una larga vida por delante, incluso con la opción de coches híbridos diésel con etiqueta Eco, la evolución de este carburante es incierta. Mientras tanto, Bruselas parece estar celebrando la subida de precios de los carburantes, que acelera el fin de los coches diésel. En España, la importancia del transporte por carretera hace que subir el precio del diésel sea impensable, lo que ha llevado al PNV a bloquear los intentos del Ejecutivo por eliminar la ayuda al gasóleo. Sin embargo, con la diferencia de precio actual, el futuro del gasóleo y los coches diésel parece más incierto que nunca.
La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) es una medida que genera adhesión inmediata, pero detrás de esta decisión política se esconden varios mecanismos que convierten este aumento en una ilusión financiera. El Estado anuncia el incremento del SMI, y el trabajador percibe un aumento directo de su renta, pero el salario mínimo no es el salario neto, y se erosiona mediante cotizaciones, retenciones y precios más altos. Además, el coste de este aumento no es asumido por el Estado, sino por las empresas y los ciudadanos a través de la repercusión de precios. La ilusión del SMI se sustenta en la confusión entre el número y la realidad, y en la falta de visibilidad de los costes invisibles que conlleva. El SMI solo protege a quienes ya tienen empleo, mientras que quienes no lo tienen pueden quedar excluidos del mercado laboral sin que nadie perciba su sacrificio. La subida del SMI también genera un efecto de contagio salarial, que arrastra hacia arriba a los salarios inmediatamente superiores, lo que a su vez aumenta los precios y los costes laborales. El Estado se beneficia de esta medida a través del aumento de la recaudación de impuestos, mientras que el trabajador cree que gana más, pero su poder adquisitivo no aumenta en la misma proporción. En resumen, la subida del SMI es una ilusión financiera perfecta, que convierte un beneficio visible en un sacrificio invisible, y que refuerza la legitimidad del Estado sin mejorar la productividad, la competitividad o la redistribución de la riqueza.
La crisis de vivienda en España se agudiza, con una caída del 22,7% en la construcción de viviendas protegidas en 2025, según datos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Esto supone un total de 11.104 viviendas protegidas, muy lejos de las 700.000 necesarias para cubrir la brecha entre la demanda y la oferta. Los elevados costes de producción y la carga burocrática son los principales obstáculos para los constructores, que piden una simplificación de los trámites y una mayor seguridad jurídica. La Confederación Nacional de la Construcción (CNC) y la Asociación de Promotores y Constructores de España (APCEspaña) coinciden en que la vivienda protegida solo se produce de forma sostenida cuando existe un marco de viabilidad económica estable. Sin embargo, este marco sigue siendo frágil, con precios máximos que no se actualizan con suficiente agilidad para reflejar la evolución real de los costes de construcción. La escasez de suelo finalista también es un problema importante, ya que el desarrollo urbanístico tarda años en estar preparado, lo que retrasa la oferta de suelo para vivienda protegida. Los promotores inmobiliarios piden que se acelere el proceso de desarrollo urbanístico y que se eliminen los trámites burocráticos innecesarios. La situación es aún más grave si se considera que los niveles de producción están un 84% por debajo de los datos de antes de la burbuja inmobiliaria. Para explicar este desplome, hay que echar la vista atrás a los años 2010 y 2013, cuando los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy acabaron con las ayudas que beneficiaban a la promoción de vivienda protegida. La escasa inversión en viviendas de protección social, con solo 34 euros por habitante entre 2007 y 2021, también es un factor importante. Sin embargo, desde APCEspaña consideran que el Plan Estatal de Vivienda, pendiente de aprobación, puede desempeñar un papel muy importante, ya que se prevén 2.800 millones solo para oferta de vivienda protegida, lo que ayudará a movilizar más vivienda e inversión privada y aumentar de forma significativa la oferta.
Cuando la última factura llega, la puerta del supermercado se abre como un portal a la incertidumbre financiera. La familia que gasta 500 € al mes en alimentación, sin planificar, termina perdiendo 100 € al mes. Con la guerra de Irán acercándose y la inflación golpeando la cesta de la compra, los consumidores buscan un nuevo mapa. La Cuponera, plataforma de cashback, presenta la compra inversa, una técnica que promete hasta un 20 % de ahorro. Si el gasto se reduce a 400 € al mes, el ahorro se traduce en un billete extra en el bolsillo. La idea es sencilla: antes de salir, escanear la despensa, el frigorífico y el congelador, anotando cada producto y su fecha de caducidad. Los artículos que están próximos a caducar se marcan con rotuladores fluorescentes, y la lista de la compra se organiza en orden de vencimiento. Luego, se diseña el menú semanal a partir de esos ingredientes, priorizando los que deben consumirse primero. El método, que comparte raíces con el batch cooking y la cocina de aprovechamiento de antaño, se centra en la reducción del desperdicio. La Cuponera explica que, aunque la cifra de ahorro varía según el hogar, el cálculo es simple: 20 % de lo que se gastó antes. En el caso de la familia de 500 € de gasto mensual, eso equivale a 100 € de ahorro. La estrategia no solo ahorra dinero; también optimiza el tiempo, pues la planificación evita compras impulsivas y la necesidad de reabastecerse antes de que los productos se echen a perder. Para ponerlo en práctica, los pasos son claros: inventario, anotación de fechas, planificación de comidas, elaboración de la lista y organización por caducidad. Cada decisión se basa en la realidad de lo que ya posee, y la compra se convierte en un acto de economía y respeto por los recursos. Así, la compra inversa rompe el esquema tradicional de ir al súper sin rumbo, ofreciendo una forma de sobrevivir al entorno inflacionario sin sacrificar la calidad de la dieta.
La primera quincena de abril marcará un hito en la gestión pública española. La Administración General del Estado firmó, hoy, un acuerdo definitivo que fija una jornada laboral de 35 horas semanales en todos los organismos, ministerios e instituciones del poder central. El pacto, fruto de negociaciones que se remontan a 2022 y que culminaron con la firma del Acuerdo Marco para la Mejora del Empleo Público y el Servicio a la Ciudadanía en noviembre, incluye a 246.500 funcionarios cuyo horario cambiará de forma irrevocable. El documento, que no excluye a ninguna rama de la AGE, también extiende la medida a las agencias públicas y a las empresas públicas vinculadas. Además, adapta las jornadas de especial dedicación, que antes eran de 40 horas, a 37 horas y media, y revisa la jornada intensiva de verano. En las unidades con requisitos propios—como las Instituciones Penitenciarias—la aplicación se negociará mediante mesas de trabajo específicas, garantizando que la prestación de servicios no sufra ninguna brecha. El sindicato CSIF, pieza clave en el desbloqueo del acuerdo, declaró que su interlocución fue “fundamental para lograr este acuerdo que estaba pendiente de aplicación desde 2022”. Por su parte, Óscar López, ministro de Transformación Digital y Función Pública, confirmó en una entrevista que “en la AGE se aplicará las 35 horas en la primera quincena de abril”, aunque reconoció que “algunas comunidades ya la implementan, otras no”. UGT dio el visto bueno al pacto; CC OO aún evalúa la propuesta, y el sindicato ha pedido la inclusión de más colectivos. El Ministerio de Función Pública deberá publicar una resolución sobre jornada y horarios en un plazo máximo de quince días. Con el acuerdo firmado, la AGE se dispone a suscribir la nota de protocolo y a iniciar los trámites de adaptación en cada ámbito, marcando el inicio de una nueva era laboral para el sector público.
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