Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se pasea con la idea de que la regularización de más de medio millón de inmigrantes irregulares puede convertir a los extranjeros en héroes fiscales, la realidad fiscal se queda con su propio chiste. En 2023, de los 16,65 millones de declaraciones con cuota positiva, 1,07 millones fueron hechas por extranjeros, aportando 6 177 millones de euros al IRPF.
Eso equivale a un 5,25 % de la recaudación total, mientras que los españoles, con 15,58 millones de declaraciones, dieron 111 496 millones de euros, el 94,75 %. El número de extranjeros en la población es, por otro lado, un 13,2 %. En términos de “lista de la compra” fiscal, la comunidad extranjera paga el equivalente a una cajita de cereales, mientras que el resto de la población paga la caja de la nevera entera. El argumento de que más gente legalizada significa más impuestos es tan sólido como un globo de helio en un horno de microondas.
La razón principal de la baja contribución de los extranjeros es su salario medio más bajo, lo que hace que su “sablazo” en la factura del Estado sea más un chispas que un fuego. Según Francisco de la Torre, inspector de Hacienda, la mayor parte de la plata de los inmigrantes llega a la Seguridad Social, no al IRPF.
La cifra de 5,25 % es una dosis de realidad que golpea más fuerte que el anuncio de la política de “cero tolerancia” que ha sido promesa y luego un truco de marketing. En el debate público, la narrativa se ha convertido en un guante de seda que cubre la mano de hierro de la falta de equidad fiscal.
Cuando el gobierno habla de la “demanda de mano de obra” y de la “contribución a la economía”, se olvida de que la contribución fiscal de los extranjeros es, en esencia, la mitad de lo que la población esperaría si la distribución de la riqueza fuera más parecida a la de una repartición de pizza en la que cada porción es del mismo tamaño. La lección, como la última nota de un club nocturno: el dinero que se recauda no se distribuye igualitariamente.
La política de regularizar a los migrantes sin alinear salarios y oportunidades fiscales es como pagar una factura de agua con una llave que se cierra a la mitad. Los números no mienten, y la imaginación de los políticos no logra colmar el vacío entre 13,2 % de la población y 5,25 % de la recaudación.
La economía, al fin y al cabo, no es un juego de “todas las piezas tienen la misma forma”.
Crítica:
El dato de 5,25 % es la gota que rompe la jalea: la política se vende sin una reforma salarial que lo haga real. El título suena a promesa, pero la cifra no.
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