El Rosco, fin del juego en Atresmedia
El Supremo ha puesto el punto final a una telenovela digna de los mejores guiones: Atresmedia tendrá que decirle adiós al ‘Rosco’ de ‘Pasapalabra’. Sí, a ese círculo de letras que ha hecho ricos a unos pocos y soñar a millones. La sentencia, firme, dictamina que el ‘Rosco’ no es una simple idea, sino una obra protegida por la propiedad intelectual, y su legítima dueña es MC&F. Imaginen la escena: mientras la cesta de la compra se dispara y el precio del aceite de oliva parece una declaración de intenciones, el Tribunal Supremo se preocupa por proteger un formato televisivo. Prioridades, señores, prioridades.
La bronca viene de lejos, desde los años 90, cuando ITV, con su formato ‘Pasapalabra’, añadió al final el ‘Rosco’, originalmente llamado ‘Ruota finale’ en Italia, gracias a un acuerdo con MC&F. Luego, ITV pensó que podía seguir tirando con el formato a su aire, y Atresmedia, ilusionada con el éxito italiano, se subió al carro. Pero MC&F, con sede en Malta (para que luego digan que los paraísos fiscales no sirven para nada), no estaba dispuesta a ceder. Argumentaban que, una vez finalizado el contrato con la sociedad italiana Einstein, el ‘Rosco’ debía desaparecer. Y el Supremo les ha dado la razón.
La cosa no es trivial. Hablamos de un formato que ha repartido millones, incluyendo los 2.716.000 euros que ganó Rosa Rodríguez en febrero. Un bote que, para muchos, representa más esperanza que el último discurso del banco central. El Supremo, con un lenguaje que parece sacado de un tratado de filosofía, insiste en que el ‘Rosco’ tiene una “originalidad suficiente” y una “singularidad propia”. En resumen, que es más que un simple juego de letras. Ahora, Atresmedia tiene dos opciones: llegar a un acuerdo con MC&F o buscarse la vida sin su estrella. La incertidumbre planea sobre el futuro del programa, demostrando que, incluso en la televisión, la letra pequeña de los contratos puede ser más demoledora que un misil.
Lo curioso es que esta batalla legal, con sus tecnicismos y sus recursos, ha resultado en un agujero contable para Atresmedia y, probablemente, en un buen negocio para los abogados de ambas partes. Mientras tanto, el espectador de a pie se pregunta si volverá a ver a alguien girando la ruleta de la fortuna. Y, sobre todo, si este caso sentará jurisprudencia para proteger la propiedad intelectual de otros formatos televisivos… o si simplemente es una batalla más en la guerra de los derechos de autor.
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