Escrivá, el exministro que ahora vigila a los bancos, les ha puesto la bronca. Y no por operaciones turbias con fondos de inversión, sino por algo más básico: dejar fuera de la lluvia a los inmigrantes irregulares. Resulta que la banca española, con la excusa de lavar dinero (¡vaya negocio!), pone más trabas que un inspector de Hacienda en época de declaración.
¿La cuenta básica gratuita, creada para la inclusión financiera? Un espejismo. Menos del 10% de los irregulares consiguen abrirla. La ironía es que, mientras se nos llena la boca hablando de integración, se les niega el acceso al sistema financiero, lo que equivale a dejarlos en la economía sumergida.
El Banco de España, con datos en la mano –unas pírricas 82.903 cuentas abiertas en 2024, frente a los millones de potenciales clientes–, les reprocha a los bancos su falta de proactividad y su interpretación restrictiva de la normativa. ¿El argumento? Que atender a este colectivo no es rentable.
O sea, que la inclusión financiera solo es buena si da dinero. El colmo. Y luego nos extrañamos de que la economía sumergida florezca. Las entidades, con el miedo a las multas por blanqueo de capitales como espada de Damocles, prefieren evitar riesgos, aunque eso signifique excluir a personas que solo buscan una forma digna de enviar dinero a sus familias.
La cosa se pone más surrealista si recordamos que, de golpe, el número de cuentas básicas se disparó a 422.903… ¡gracias a una reclasificación contable! Un truco de magia financiera para maquillar las estadísticas. Mientras tanto, la realidad es que abrir una cuenta para alguien sin papeles sigue siendo más difícil que encontrar un taxi en hora punta.
Un despropósito que, al final, solo beneficia a los que ya tienen todo atado.
Crítica:
El informe del Banco de España es un parche a una herida mucho más profunda: la hipocresía de una sociedad que predica la inclusión pero practica la exclusión. Se echa en falta un análisis más exhaustivo de las políticas migratorias que generan esta situación.
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