Hablemos claro: en España, el dinero público tiene un código postal preferido. Mientras el ciudadano medio mira el ticket del supermercado con pánico, el ecosistema de fundaciones catalanas ha montado una maquinaria de captación que deja pequeños hasta a los gigantes industriales.
No es mala suerte, es ingeniería jurídica. En 2025, el sector asociativo se repartió un pastel de 4.771 millones de euros (el 12,46% de los 38.300 millones globales), y Cataluña se llevó la parte más cremosa del postre.
El ranking es un despliegue de generosidad selectiva.
A la cabeza, la Fundació per a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) se anotó 64,81 millones de euros. Para ponerlo en perspectiva, la UOC recibe más pasta que ArcelorMittal España (48,68 millones), Repsol Petróleo (39 millones) o Renault España (57,16 millones). Sí, han leído bien: una universidad abierta tiene más grifo abierto que colosos del acero o la gasolina.
El 'podio' sigue con el Consejo Valenciano de Colegios de Abogados (51,71 millones), pero luego Cataluña vuelve a cerrar el grifo para los demás: el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO) sumó 39,35 millones —con 26,51 millones viniendo directos de Europa vía Plan de Recuperación—, la Fundació Eurecat 29,21 millones, y la Barcelona Mobile World Capital 24,22 millones.
Sumando la Fundación Laboral de la Construcción (23,97 millones), la Fundació Privada Clínic per a la Recerca Biomèdica (23,05 millones) y la Escac (22,54 millones), el sexteto catalán engulló más de 183,5 millones de euros.
¿El truco? Mientras Madrid o Andalucía pagan sus laboratorios con presupuesto directo, Cataluña usa fundaciones privadas para 'externalizar' el gasto.
Es un giro contable brillante: lo que en otros sitios es un gasto de personal, allí es una subvención. Así, el Vall d’Hebron (15,8 millones) y el Sant Pau (14,7 millones) siguen la estela de un modelo donde ser 'privado' es la mejor forma de vivir del dinero público.
Crítica:
El texto original intenta justificar la asimetría mediante la 'naturaleza jurídica', maquillando lo que es un claro privilegio de gestión. Le falta cuestionar si esta estructura de fundaciones es una vía de escape para evitar el control presupuestario directo.
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