¿Por qué no se construye? "Se aprueba un plan parcial, y dentro de 20 años viene un ecologista y se lo carga"

Casas caras: burocracia, impuestos y cero ladrillos

economia Una ilustración conceptual y satírica que muestra un edificio de viviendas a medio construir, atrapado en una telaraña gigante hecha de formularios administrativos y sellos oficiales. Alrededor, relojes de arena que se rompen y monedas de oro que se evaporan en el aire, estilo editorial de revista económica, colores contrastados y atmósfera surrealista.

España tiene un agujero de 900.000 viviendas que no se llena, y mientras el ciudadano medio ve cómo su salario se rinde ante el alquiler, los peces gordos se reunieron en los Cursos de Verano CEU-María Cristina para explicar que el problema es que 'todo es muy difícil'. Según Javier Fernández-Lasquetty y Luis Fernando Quintero, el diagnóstico es claro, pero la receta es un caos.

Francisco Pérez Medina, de Culmia, soltó la bomba: la rentabilidad de las promotoras aquí es un triste 2,5% frente al 12,5% europeo. Básicamente, construir en España hoy es como intentar montar un negocio de limonada donde el ayuntamiento te cobra el vaso, la pajita y el aire que respiras. El sector está desangrado.

Pasamos de 2,6 millones de trabajadores en 2007 a unos 1,4 millones ahora. El resultado es una plantilla con una edad media de 48 años; los jóvenes huyen de la obra como quien huye de una deuda del banco. Juan Van-Halen, de ARDAVANIA, lo resume con una ironía sangrienta: seguimos usando un modelo de suelo de 1956.

Desarrollar una parcela es una carrera de fondo que tarda entre 15 y 30 años. Para colmo, Beatriz del Peso de Garrigues recuerda que un promotor necesita entre 36 y 45 permisos distintos. Es el triunfo de la burocracia sobre el ladrillo: cada licencia puede costar entre 15.000 y 40.000 euros y tardar 15 meses en llegar, mientras el 25% del precio de la casa se va directo al bolsillo de Hacienda en impuestos.

Al final, entre el ecologista que llega a los veinte años para tumbar el plan y la ineficiencia administrativa, comprar una casa se ha convertido en un deporte de riesgo para los que no tienen un heredero con fortuna.

Crítica:

El texto es un escaparate de quejas del sector inmobiliario que ignora convenientemente la especulación del suelo. Presenta la burocracia como el único villano mientras el ciudadano paga el pato.

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