Los productores de tomate de Almería avisan: "Nadie sabe qué kilos de tomate de Marruecos entran en Europa, ni por dónde entran ni nada. No hay control, no se ha cobrado ni un céntimo de aranceles"

Tomates de Marruecos: el sablazo al campo

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un tomate gigante con una bandera de Marruecos atravesando una valla fronteriza europea rota y oxidada, mientras un agricultor español con ropa de campo mira con incredulidad sosteniendo una factura vacía. Estilo editorial de revista, colores vibrantes pero con un toque cínico, fondo de invernaderos infinitos.

En el tablero del comercio europeo, el tomate se ha convertido en la moneda de cambio de una comedia negra donde el protagonista es el agricultor almeriense y el villano, un vacío legal del tamaño de un invernadero. Mientras nosotros peleamos con el precio del aceite en el súper, Juan Garrido, el portavoz de Tomca Almería, nos suelta la bomba en COPE: en la frontera europea el control es un mito urbano.

Según Garrido, nadie sabe cuántos kilos de tomate marroquí entran ni por dónde, convirtiendo los aranceles en un cuento de hadas que no se cobra. La aritmética es cruel. Producir un kilo de tomate en España es, básicamente, un deporte de lujo comparado con el vecino. Garrido calcula que producir en Marruecos es entre 40 y 50 céntimos más barato por kilo; una diferencia que, sumada a una mano de obra que en España cuesta cinco veces más, dinamita cualquier posibilidad de competir.

Es como intentar ganar una carrera de Fórmula 1 corriendo con sandalias. Pero lo más escandaloso no es el bolsillo, sino el plato. Mientras el campo español se asfixia con normativas fitosanitarias que parecen redactadas por la NASA, las partidas marroquíes llegan con los Límites Máximos de Residuos (LMR) sobrepasados, incluyendo productos prohibidos en suelo comunitario.

El resultado es un 'sorpasso' productivo brutal: en apenas cinco o seis años, Marruecos ha desplazado a Almería del trono de la huerta europea. Para cerrar el círculo de la hipocresía, aparece Jaume Reverte, empresario en Rabat desde hace 15 años, recordándonos que si cortamos el grifo agrícola, Marruecos dejará de comprarnos tuberías de gases industriales.

Al final, el tomate es el rehén de una partida de ajedrez donde el campesino es el único que siempre termina comiéndose el peón.

Crítica:

La noticia es un despliegue de quejas sectoriales sin aportar un solo dato oficial de aduanas que respalde la falta de aranceles. Se queda en la superficie del conflicto sin cuestionar por qué la UE permite este agujero contable.

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