El Gobierno quiere recuperar la excepción ibérica que acabó regalando 600 millones a Marruecos tras los esp...

Luz barata para Rabat, sablazo para España

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un cable eléctrico submarino que conecta dos costas; de un lado, una multitud de personas comunes vaciando sus huchas y carteras en el cable, y del otro lado, una ciudad lujosa iluminada intensamente con luces doradas. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de ironía política.

Hay una magia contable en Moncloa que ya quisiera cualquier casino de Las Vegas. Se llama 'excepción ibérica', un mecanismo que prometía salvarnos del sablazo energético y que, en la práctica, funcionó como una colecta forzosa entre los españoles para pagarle la luz al vecino.

Mientras el ciudadano medio veía cómo su factura subía 111 euros, un 40% de votantes estratégicos disfrutaba de una rebaja de 70 euros. Traducción: el 60% de la población hizo de mecenas involuntario para que el resto no se quejara en las urnas. Pero lo verdaderamente fascinante es la generosidad transfronteriza.

Mientras nosotros hacíamos malabares con la lista de la compra, Marruecos se ahorró unos 600 millones de euros comprando electricidad española a precio rebajado. Un regalo envuelto en papel de seda que llegó justo cuando el Gobierno de Pedro Sánchez daba un giro de 180 grados sobre el Sáhara Occidental y, curiosamente, poco después de que el programa Pegasus dejara el móvil del presidente y de ministros como Margarita Robles o Fernando Grande-Marlaska como un colador digital con 2,6 gigas de datos filtrados. El diseño del sistema decía que no beneficiaría a países fuera de la UE, pero los electrones no piden pasaporte al cruzar el cable submarino del Estrecho.

Así, mientras España abonaba 5.900 millones de euros para compensar a las eléctricas, Rabat multiplicó por cuatro sus importaciones. Sumando a Francia (800 millones) y Portugal, el agujero contable para los vecinos alcanzó los 1.912 millones según Nera Economic Consulting. Ahora, con la crisis de Ormuz disparando la luz a 100 euros por megavatio hora y una industria que ya calcula un sobrecoste de 7.400 millones, el Gobierno quiere resucitar el mecanismo.

La pregunta es simple: ¿a quién le vamos a pagar la factura esta vez?

Crítica:

El texto original es un ejercicio de sospecha bien documentada, aunque juega peligrosamente con la correlación temporal para sugerir un chantaje sin pruebas judiciales. Es brillante exponiendo la transferencia de riqueza, pero peca de unilateralidad política.

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