Marruecos recurrirá a fondos y empresas españolas para combatir la sequía y salvar su agricultura

España paga el agua que nos compite

economia Una ilustración conceptual y satírica. En un lado, un campo seco y agrietado en España con un agricultor mirando un grifo vacío. En el otro lado, una moderna planta desaladora industrial en Marruecos regando campos verdes y exuberantes de tomates y mandarinas. Entre ambos, un puente hecho de billetes de euro que fluye desde el lado seco hacia la planta industrial. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados entre ocre y verde vibrante.

La ironía tiene un sabor salino y un precio concreto: 340 millones de euros. Mientras en Andalucía y Valencia el agricultor mira el cielo con desesperación y cuenta cada gota como si fuera oro líquido, Madrid ha decidido que la mejor forma de combatir la sequía en el vecino es pasándole la tarjeta.

No es una donación caritativa, es una 'estrategia de estabilidad', que en lenguaje de despacho significa: pagamos para que el vecino tenga agua, sus empresas sigan produciendo y nosotros no tengamos tantos problemas en la frontera. El montaje es una obra maestra de la ingeniería financiera.

Tenemos el combo completo: créditos del FIEM, el seguro de CESCE cubriendo hasta el 80% del riesgo (porque quien no arriesga no gana, pero aquí arriesga el contribuyente) y la línea de COFIDES. Todo para que el grupo Acciona lidere la construcción de la desaladora de Casablanca.

Una mole que escupirá 838.000 metros cúbicos diarios, unos 300 millones al año, asegurando que el agua potable y el riego no falten en el área metropolitana. Pero aquí llega el giro del guion. El proyecto es una concesión a 30 años. Tres para construir y 27 para cobrar el alquiler del agua.

Mientras tanto, el campo español, asfixiado por normativas y costes que parecen diseñados para jubilarnos a todos, ve cómo Marruecos blinda sus exportaciones. El año pasado ya movieron 2,38 millones de toneladas de frutas y hortalizas, con el tomate (708.000 toneladas) y la mandarina (493.000 toneladas) liderando el ataque.

Y claro, el 62% de ese cargamento acaba en la Unión Europea. Básicamente, estamos financiando la infraestructura del equipo que nos gana el partido en nuestro propio estadio.

Crítica:

La noticia presenta la versión oficial como un beneficio mutuo, omitiendo el análisis real del impacto competitivo en el campo español. Es un maquillaje diplomático sobre una contradicción económica flagrante.

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