Crítica:
La falta de transparencia en las operaciones entre Forestalia y figuras políticas es alarmante, y el artículo apenas araña la superficie de una red de intereses que parece cada vez más oscura.
La falta de transparencia en las operaciones entre Forestalia y figuras políticas es alarmante, y el artículo apenas araña la superficie de una red de intereses que parece cada vez más oscura.
En un giro inesperado, un socialista cercano a Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE, ha traspasado dos sociedades inmobiliarias a Forestalia, una empresa energética aragonesa bajo investigación en el caso SEPI y por presuntos amaños en Aragón. El traspaso, registrado el 18 de diciembre de 2025, ha levantado sospechas sobre las relaciones entre el partido y la empresa, especialmente considerando que Forestalia ha sido objeto de registros por parte de la UCO en el marco de las investigaciones en curso. Iosu Belio Añón, el político navarro que efectuó el traspaso, tiene una carrera ligada al mundo inmobiliario y ha estado vinculado al PSOE, formando parte de su ejecutiva en Navarra entre 2015 y 2021. La cesión de las sociedades, Terrenos San Mateo y Vivienda Asequible Norte 11, a Energía Inagotable Brenda, filial de Forestalia, ha generado más preguntas sobre la transparencia de las operaciones y la posible influencia política en el sector energético. Mientras tanto, Forestalia se encuentra en el centro de otra investigación por presuntos amaños con un ex alto cargo del Ministerio de Transición Ecológica, con el fin de obtener licencias para parques de renovables, lo que ha llevado a pagos significativos, incluyendo 200.000 euros entre 2021 y 2023. El caso sigue sumando capas de complejidad, destacando la necesidad de una mayor claridad en las relaciones entre el mundo político y empresarial en España.
En un giro inesperado, la vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ausentó del Pleno europeo sobre energía celebrado en Estrasburgo, dejando a la Comisión Europea con un sabor agridulce. Mientras el comisario danés de Energía, Dan Jørgensen, tomó el micrófono en su lugar, Ribera ofrecía una rueda de prensa en la misma ciudad, lo que desató especulaciones sobre su ausencia. La eurodiputada del PP, Dolors Montserrat, no dudó en criticar duramente su decisión, acusándola de esconderse por cobardía y de ser incapaz de explicar la compra de energía nuclear a Francia mientras se cerraban centrales como la de Almaraz. La ausencia de Ribera se produce en un momento crucial para España en Europa, con el país excluido de una minicumbre para hablar de economía y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitiendo el problema que empieza a ser el Gobierno de Pedro Sánchez. El plan energético presentado cambia el criterio de la Comisión al avalar la energía nuclear, lo que va en contra de la postura del Ejecutivo español. Además, Ribera se ha visto envuelta en la trama de Forestalia, que llevó al registro del Ministerio de Transición Ecológica cuando ya era comisaria. Con un precio político cada vez más alto, la ausencia de Ribera ha dejado a España en una posición aún más débil en Europa. En un contexto en el que la guerra de Irán y la relación con EEUU están en el centro del debate, la postura del Gobierno de Pedro Sánchez ha generado un aislamiento que puede tener consecuencias graves para el país. La exclusión de España de la minicumbre para hablar de economía es solo un ejemplo de la creciente distancia entre el país y la Unión Europea. En este escenario, la ausencia de Ribera se ha convertido en un símbolo de la debilidad de España en Europa, y su capacidad para explicar y defender la postura del país se ha vuelto cada vez más importante. Con la Comisión Europea cambiando su criterio sobre la energía nuclear, el Ejecutivo español se enfrenta a un reto cada vez más grande para defender su postura y mantener su influencia en la Unión Europea.
Cuando la cocina coreana se vuelve protagonista de las redes, una cocinera china de nombre Coqui se destaca con una fórmula que desmiente la clásica harina. Su receta, publicada el 8 marzo 2026 a las 08:19h y sin votos, promete saciar a 4‑5 comensales con un pollo frito que parece sacado de una calle de Seúl. Coqui elige el contramuslo de pollo con piel, un corte que mantiene la jugosidad y resiste la fritura sin secarse. En un bol mezcla un vaso de harina de trigo, otro vaso de almidón de patata (o maicena si no se encuentra la última), dos cucharadas de sal, una cucharada de curry, una de ajo en polvo, una de pimentón, una de pimienta negra y otra de levadura química. Añade un vaso de agua, creando una masa ligera que envuelve cada trozo. El aceite de girasol, con su punto de humo alto, se calienta y el pollo se sumerge, dorándose hasta lograr una corteza crujiente que deja al descubierto la carne jugosa. La salsa, la pieza que define al yangnyeom chicken, se arma con ¾ de cucharadas de gochujang, una cucharada de salsa de soja, una de vinagre, 10 g de mantequilla, una cucharada de ajo rallado y tres cucharadas de agua. Al hervir, la mezcla adquiere un brillo sedoso y un equilibrio entre dulce, ácido y picante que envuelve cada pieza de pollo. Al mezclar la salsa caliente con el pollo recién frito, la cobertura se distribuye uniformemente, garantizando una experiencia de sabor intensa. Coqui complementa su relato gastronómico con la aparición de Susi Díaz, chef que menciona una cena rápida con garbanzos y langostinos salteados con vino, añadiendo un guiño a la versatilidad de las recetas asiáticas adaptadas a cocinas domésticas. El post, con miles de visualizaciones, demuestra que el secreto no está en la harina sino en la combinación de maicena y curry, que aportan una textura ligera y crujiente y un sabor aromático antes de la salsa. Este plato, que recuerda a los puestos callejeros coreanos, se prepara en menos de media hora, convirtiéndose en una opción práctica para quienes buscan un festín de sabor sin complicaciones.
Con un solo calabacín y dos latas de atún al natural, la chef Marta Verona, ganadora de la 6ª edición del concurso MasterChef España, demuestra que la lata de conserva puede escalar de la despensa a la mesa con estilo. Al principio, la idea de envolver un relleno de atún, tomate triturado y orégano dentro de láminas de calabacín suena a alquimia culinaria, pero la verdad es que la técnica es tan sencilla que cualquier cocinero aficionado puede replicarla en minutos. El proceso comienza con una mezcla de atún escurrido y tomate triturado, aromatizada con una pizca de orégano. Mientras tanto, con una mandolina o un cuchillo afilado, se cortan alrededor de diez láminas a lo largo de un calabacín grande, creando una base elástica y ligera que sustituye a la pasta tradicional. Cada lámina, en forma de cruz, encierra una cucharada sopera de la mezcla de atún y se cierra con destreza, formando raviolis que se disponen sobre una bandeja junto a tomates cherry troceados. Antes de hornearlos, se cubren con 100 g de queso para gratinar, un toque que aporta sabor y textura dorada. El horno, precalentado a 200 grados, trabaja entre 5 y 10 minutos hasta que el queso se funde y el calabacín adquiere un tono apetitoso. El resultado es un plato que, con alrededor de 200 calorías por ración, ofrece un alto contenido de proteínas del atún, una grasa moderada y una mínima cantidad de hidratos de carbono, convirtiéndose en la opción ideal para quienes buscan cenas ligeras pero saciantes. Más allá del sabor, la receta se convierte en un vehículo de información nutricional. El atún en lata, a diferencia de otros pescados, suele contener niveles de mercurio más bajos, pues las conservas se elaboran con especies de menor tamaño. Aun así, la presencia de omega‑3, vitaminas del grupo B, vitamina D y minerales como el fósforo y el selenio refuerza su aporte para la salud cardiovascular y el mantenimiento muscular. El calabacín, por su parte, aporta agua, fibra, vitaminas C y A, y antioxidantes que favorecen la digestión y la saciedad. Así, la combinación de estos ingredientes no solo rompe con la percepción de que el atún en lata es una opción poco creativa, sino que también la eleva a la categoría de plato saludable y accesible, demostrando que la cocina puede ser tanto ingeniosa como nutritiva.
Con diez minutos de preparación, el chef Martín Berasategui y su compañero David de Jorge invitan a los comensales a subirse a una experiencia de tapeo vasco que transforma la humilde lata de anchoas en un aperitivo chic. A la hora de abrir la lata, el aroma salado ya despierta los sentidos, pero la verdadera magia ocurre cuando Berasategui vierte un refrito de aceite de oliva virgen extra, dos dientes de ajo fileteados y una guindilla fresca picada sobre las anchoas. El secreto, según el maestro gastronómico, es que ese aceite debe enfriarse por completo antes de sumergirlo en las anchoas; el calor, de otro modo, arruinaría la textura delicada del pescado, “fastidiando la anchoa”, como avisa el chef. Una vez frío, el aceite se vierte sobre la lata y se deja marinar quince minutos, tiempo suficiente para que el ajo y la guindilla impregnen cada pieza. Mientras tanto, el guacamole, preparado con 250 g de aguacate maduro, 50 g de cebolla, una cucharada de zumo de limón, 100 g de tomate pelado, seis tomates cherry, una cucharita de cilantro y tabasco al gusto, se deja enfriar en la nevera durante una hora. Berasategui aconseja que el guacamole quede “un pelín soso” para que la sal de la anchoa y el picante de la guindilla dominen el conjunto sin competir. El plato se sirve sobre hojas de endivia (una o dos unidades), las cuales aportan un crujido ligeramente amargo y reducen la carga de hidratos de carbono. Los ingredientes, combinados, ofrecen proteínas de alto valor biológico, omega‑3, calcio y vitamina D de las anchoas, grasas monoinsaturadas del aguacate y antioxidantes del tomate. El chef, quien ostenta más estrellas Michelin que cualquier otro chef español, destaca que la combinación de sabores no solo eleva la lata de anchoas a nivel gourmet, sino que también mantiene la sencillez del tapeo casero. Para acompañar, recomienda un txakolí joven y bien frío, un albariño de las Rías Baixas o un verdejo fermentado en depósito, todos servidos a menos de 10 °C. Si se prefiere cerveza, una lager sin filtrar o una pilsner centroeuropea ofrecen el amargor justo, mientras que las cervezas de trigo complementan la frescura del aguacate. Para los que evitan alcohol, un agua con gas, unas gotas de lima y una ramita de cilantro proporcionan el frescor deseado. En definitiva, la receta de Berasategui demuestra que, con solo dos ajos, una guindilla y un aceite frío, la lata de anchoas se convierte en un auténtico manjar de la alta cocina, listo para compartir entre tres o cuatro comensales que buscan un toque de lujo sin complicaciones.
Con una mañana de 10 marzo 2026 a las 11:14 h, Adriana Calvo publica, en su columna de cocina urbana, un relato que promete rescatar la tradición del garbanzo sin el tedio del remojo ni la larga cocción. El protagonista, el garbanzo de bote, ya cocido y listo para la mesa, aparece como héroe de la vida moderna. Se describe su composición mínima: garbanzos, agua y sal, con la opción de añadir antioxidantes o conservantes que, según el autor, conservan fibra, proteína vegetal y minerales como calcio, magnesio, fósforo y potasio, además de vitaminas del grupo B. El autor advierte sobre la salinidad del líquido de la lata y los posibles aditivos, sugiriendo enjuagar las legumbres bajo el grifo para eliminar parte de la sal y el almidón superficial. De ahí surge la idea de que el sabor “a conserva” puede ser neutralizado con un sencillo salteado en aceite de oliva virgen extra, especias, un sofrito aromático o la incorporación de un caldo de cocido que oculta cualquier huella de lata. En un giro de humor gastronómico, Carlos Gómez, conocido en redes como @charlito_cooks, presenta su “receta completa” sin encender el fuego y sin manchar la cazuela. En su vídeo, propone una ensalada de garbanzos con dos latas de sardinas en aceite, medio pimiento rojo, cebolleta, 200 g de queso fresco, un pepino, dos piparras, aceite de oliva virgen extra, vinagre y sal al gusto. El paso a paso es simple: mezclar los ingredientes picados en un bol, preparar un aliño con el aceite de las sardinas, un chorrito de vinagre, las piparras y un toque de AOVE, y, por último, colocar las sardinas enteras sobre la mezcla. Si el cocinero añade un toque final, la yema de huevo curada rallada aporta textura y un sabor extra. El mensaje subyacente es claro: la cocina rápida y saludable puede construirse con productos en conserva, siempre que se elijan marcas de calidad y se siga una preparación cuidadosa. La publicación, con 0 votos, se posiciona como una guía práctica para quienes buscan soluciones culinarias sin perder el sabor casero.
En medio de la mañana de febrero, el eco de un martillo de acero retumba en la sala de emergencias de un hospital de Madrid. Un médico de atención primaria, con la bata blanca aún húmeda de sudor, se sujeta el cuello mientras una multitud de voces y gestos agresivos se ciernen sobre él. La escena, tan real como una fotografía, ilustra el récord histórico de 879 agresiones reportadas en 2025, un aumento del 4 % respecto al año anterior y la cifra más alta de la serie histórica desde 2022, cuando se registraron 843 incidentes. El informe del Observatorio de Agresiones a Médicos 2025, elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC), revela que el 20 % de los ataques resultan en lesiones físicas, un salto del 73 % del año previo, mientras que el 80 % restante se manifiesta como violencia psicológica. En la zona de atención primaria, la OMC destaca que el 58,6 % de las agresiones ocurren y que las médicas sufren el 63,7 % de los ataques, subrayando la vulnerabilidad de las mujeres en el ámbito clínico. Los datos también señalan que el 80 % de los incidentes se producen en consultas habituales, con causas que van desde disputas sobre la calidad de la atención hasta desacuerdos por bajas laborales y prescripciones. Los agresores, en su mayoría adultos en edad activa, se distribuyen del 49,9 % entre 40–60 años, 37,2 % menores de 40 y 12,9 % mayores de 60, lo que descarta la edad avanzada como factor determinante. Paralelamente, la OMC alerta sobre un aumento sin precedentes de agresiones en centros privados, subiendo del 12 % al 17 % en 2025. La magnitud del problema se amplía cuando se contempla el panorama nacional. El subdirector de Cohesión y Alta Inspección del Ministerio de Igualdad, Juan Julián García, anunció 18 563 agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud en 2025, un incremento del 8,8 % frente a 17 070 del año anterior, equivalente a 24,37 notificaciones por cada 1 000 profesionales. Aun así, solo el 48,8 % de los incidentes se denuncian formalmente, y el 13,5 % resultan en baja laboral, afectando directamente la continuidad asistencial. El presidente de la OMC, Tomás Cobo, calificó la violencia sanitaria como un ataque directo a la calidad asistencial y un problema de Estado que exige consenso. Sin embargo, la mayoría de los facultativos, según el secretario general José María Rodríguez Vicente, siguen subreportando las agresiones, dejando que la cifra oficial represente solo la punta del iceberg. La combinación de datos, voces de los profesionales y la reticencia a denunciar pintan un panorama alarmante que exige medidas urgentes y sostenibles para proteger a quienes cuidan de la vida.
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