¿Más porros, menos crimen? Estos son los datos de 25 años de legalización de la marihuana en EE.UU. - Quo

Porros no causan caos, datos dicen

politica Mapa de EE. UU. con estados coloreados de verde cuando legalizó cannabis, iconos de hojas y barras de crimen descendiendo, sin texto ni caras, estilo ilustración editorial

En la calle, la gente suele escuchar que, al abrir la puerta del cannabis, la puerta de la delincuencia se abre de par en par. El rumor, que ha hecho de los políticos un verdadero show de terror, se alimenta de miedo y de la misma fórmula de los cuentos de hadas: “si lo deshaces, la ciudad se vuelve un caos”.

Pero, según un estudio publicado en *Economic Modelling* y que ha revisado 50 estados con más de 25 años de datos, la historia no es tan dramática. Desde el boom de California en los 90 hasta la última reforma de Nueva Jersey, los números ponen a la vista que la legalización, tanto médica como recreativa, ha hecho más bien lo contrario: ha tirado de los renglones de la factura de la criminalidad y los ha hecho más ligeros. Los investigadores de la Universidad Sacred Heart y Barnard College emplearon un modelo de diferencias‑en‑diferencias, una especie de “contraste de antes y después” que compara cada estado con su propio futuro hipotético sin la ley.

Para no confundir la variable con el humo, se controlaron tasas de paro, pobreza, densidad poblacional y el número de policías por habitante, además de los datos del FBI. El resultado: en los estados que soltaron la marihuana para tratamientos médicos, los robos y hurtos se redujeron en un 15 % –la lista de la compra de la ciudad quedó más ordenada.

En los que la prohibición se volvió recreativa, la violencia bajó en un 12 %, pues el mercado negro perdió su margen de ganancia, según la hipótesis de Gary Becker: un negocio que no paga, no paga. Sin embargo, el efecto no llega en el primer mes. Se necesita entre dos y cinco años para que el mercado legal se consolide y el mercado negro se rinda.

Por eso, los autores advierten a los políticos que no juzguen la ley por su primer número de ventas. Además, se registró un ligero aumento de denuncias de violación, pero la explicación es que la definición del delito cambió en 2020 y las víctimas ya podían denunciar sin temor a ser juzgadas por estar bajo la influencia de una sustancia antes ilegal. La seguridad vial tampoco se quedó atrás: aunque no se confirma un aumento directo de accidentes, la presencia de THC en siniestros mortales ha crecido, lo que exige nuevas herramientas de detección y campañas de prevención.

El mercado ilegal no desapareció por completo; se desplazó o adaptó. En la calle, la conclusión es clara: la evidencia científica está ganando la batalla contra el estigma y muestra que una ley bien diseñada puede ser un escudo, no un escudo que se rompe al abrir la puerta.

Crítica:

El estudio muestra datos sólidos, pero ignora los pequeños subgrupos donde el mercado negro persiste. El título, aunque persuasivo, subestima la complejidad de la transición regulatoria.

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