El IMV paga publicidad... pero no cuenta el cambio.
Mientras 2,5 millones de hogares en España dependen del Ingreso Mínimo Vital (IMV) para no dormir con hambre —o al menos, para no elegir entre luz y comida—, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, dirigido por la ministra Elma Saiz, se deshizo de 2,4 millones de euros en publicidad institucional como si fueran monedas en una máquina tragaperras.
El detalle: nadie sabe exactamente dónde landed el dinero. La agencia Media Diamond SL se embolsó 2.399.999,99 euros (sí, hasta el último céntimo, como si fuera un billete de lotería sin números ganadores) para promocionar el IMV, pero el Ministerio solo entregó planificaciones técnicas —gráficos con porcentajes, GRP y formatos— en lugar de una lista detallada de pagos por medio.
La tele come más que la radio.
La estrategia priorizó la televisión (623.000 euros), seguida de internet (503.567 euros) y publicidad exterior (485.000 euros), como si el IMV fuera un producto de consumo masivo en vez de un derecho social. Atresmedia, Mediaset, TV3, Telecinco, La Sexta... todos aparecieron en los planes, pero el Ministerio se negó a desglosar cuánto le tocó a cada uno.
Es como si en el supermercado te dijeran: «Confíe en nosotros, el total es X, pero no le diremos qué le costó cada manzana».
Dos oleadas y un misterio. En 2025, se ejecutaron solo dos de las tres fases previstas (junio-julio y septiembre-octubre), con inversiones netas de 774.087,64 euros y 487.020,74 euros, respectivamente.
Internet, radio temática y publicidad exterior completaron el menú, pero la transparencia brilló por su ausencia. ¿Branded content? ¿Televisión conectada? Todo en los papeles, pero sin facturas. Como si el dinero se evaporara en el éter de la burocracia.
El IMV: 2,5 millones de beneficiarios vs.
2,4 millones en opacidad.
Mientras el Gobierno presume de ser el campeón europeo en políticas sociales, 2,4 millones de euros se esfumaron en una campaña de la que solo conocemos los soportes (televisión, radio, internet), pero no los beneficiarios reales. ¿Por qué ocultar los pagos? ¿Acaso hay algún medio que no quiera cobrar? ¿O es que el IMV, en vez de ser un derecho, se convirtió en un producto con descuento para agencias?
La moraleja callejera: Si el dinero público se gestiona como un presupuesto familiar sin facturas, al final siempre gana el que cobra...
y pierde el que necesita. Y aquí, los que necesitan son 2,5 millones de personas.
Crítica:
El artículo cumple con rigor, pero flirtea con la autocomplacencia al no cuestionar por qué el Ministerio elige la opacidad cuando el dinero es público. ¿Es miedo a escándalos o simple pereza burocrática? Falta un dato clave: ¿hubo licitación pública o fue una adjudicación directa? Y lo más irónico: 2,4 millones en publicidad para un programa que ya genera polémica por su gestión... ¿no sería más transparente gastarlo en algo tangible?
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