Leire Díez, una fontanera del PSOE con aficiones detectivescas, dejó entre sus apuntes un auténtico avispero. No un plano para construir un jacuzzi, sino un mapa detallado de las ambiciones de Pedro Sánchez y su equipo: controlar los mandos de Telefónica, Indra y Prisa. ¿El objetivo? Que la información fluyera en la dirección correcta, claro.
Mientras tú peleas con la inflación en la lista de la compra, Moncloa planeaba una ingeniería financiera para poner a sus hombres en la cresta de la ola mediática y tecnológica. Joseph Oughourlian, el accionista mayoritario de Prisa, se convirtió en una pieza clave de este tablero de ajedrez, con Moncloa tentando con la adquisición de Hispasat a cambio de su salida de Indra.
El asunto no era solo dinero; era el control de la narrativa. La presión sobre Oughourlian fue tal que, según los apuntes, se buscó un reemplazo en la presidencia de Prisa, José Miguel Contreras, con el beneplácito de Javier de Paz, un rostro conocido de los gobiernos socialistas.
La idea era simple: una macroempresa donde Telefónica engullera Prisa e Indra, tejiendo una red de influencia que haría sonrojar a cualquier conspiranoico. Incluso se cuestionó la capacidad de los directivos actuales, Murtra y Escribano, considerándolos insuficientes para liderar semejantes corporaciones.
¿El resultado? Una sucesión de reuniones secretas, como la de París en marzo de 2025, donde se exploraba la venta de la participación de Vivendi a inversores afines al Gobierno, una operación que Moncloa negó con la misma energía con la que niega la existencia de los marcianos.
En resumen, un auténtico culebrón empresarial con aroma a poder y a traiciones palaciegas.
Crítica:
La noticia se centra demasiado en las anotaciones de una sola fuente, lo que plantea dudas sobre su objetividad. El título, aunque llamativo, simplifica en exceso una trama compleja y podría interpretarse como sensacionalista. Falta perspectiva de las empresas implicadas.
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