La fontanera socialista Leire Díez, aparentemente aficionada a dejar constancia de sus pensamientos en agendas manuscritas, ha desatado un avispero. No es que haya descubierto la pólvora, pero sí ha puesto nombres y fechas a una trama que huele a podrido. Resulta que, según sus anotaciones, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no solo estaba 'pillado' por la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil), sino que también se dedicaba a 'enchufar' al cuñado de alguien con las siglas de 'S.E.' –el misterioso secretario de Estado, vaya usted a saber quién–.
La cosa no acaba ahí: la agenda menciona 'comprar' jueces de la Audiencia Nacional, específicamente a Alfonso Guevara, con la promesa de un ascenso a cambio de favores. Es como si la justicia fuera un mercadillo de segunda mano.
El nombre de Rafael Pérez Ruiz, director de Gabinete y luego secretario de Estado de Seguridad, aparece también en el punto de mira, traído de Sevilla a Madrid y con una 'mochila' llena de secretos.
¿Casualidad? No lo parece. Todo esto, mientras la UCO investigaba posibles intentos de desprestigiarla. El ministro Marlaska, como buen estratega, ha intentado minimizar el asunto, primero negando escolta policial para la señora Díez, para luego admitir que sí la tuvo, pagada por el erario público, dos meses.
Dos meses de 'protección' para la que ahora nos cuenta los entresijos del poder. Las agendas también mencionan bloquear puertas, cloacas para proteger a empresas y una 'oferta' para Koldo García. En resumen, un auténtico catálogo de vicios al poder. La cosa pinta tan fea que hasta el comandante Villalba, vinculado al caso Koldo, sale a colación.
La fontanera, al parecer, usaba las agendas como si fueran un muro de WhatsApp, anotando todo lo que escuchaba o intuía.
Crítica:
La noticia es un claro ejemplo de cómo las filtraciones selectivas pueden ser utilizadas para atacar a oponentes políticos. La dependencia de fuentes anónimas y agendas manuscritas plantea serias dudas sobre la veracidad de las acusaciones. El título es, cuanto menos, sensacionalista.
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