La política, señores, es como la lista de la compra: siempre hay algo oculto entre los tomates. El 19 de mayo de 2026, mientras José Luis Rodríguez Zapatero recibía una imputación en la Audiencia Nacional por tráfico de influencias, blanqueo de capitales y organización criminal (un menú para paladecer, vamos), Washington ya tenía un plan urdido.
No querían que el expresidente hiciera escala en Santo Domingo camino de Caracas, sospechando que llevaba pruebas que comprometerían a ciertos intereses. Imaginen la escena: agentes del Departamento del Tesoro, como en una película de espías de serie B, esperando en el Aeropuerto Internacional Las Américas.
La orden era clara: “retenerlo”.
Zapatero, según fuentes cercanas al Departamento de Estado, tenía una cita con Jorge Rodríguez y su hermana Delcy, los nuevos inquilinos del Palacio de Miraflores tras la caída de Maduro (cortesía de Donald Trump, nada menos). EEUU temía que Zapatero, con su “poder en la sombra” (Segundo Martínez, su exjefe de seguridad, figura como “sujeto de interés” en informes estadounidenses), estuviera intentando borrar huellas.
La imputación, para Washington, fue casi un regalo del cielo, un “alivio” porque existía el temor de que la “influencia” de Zapatero en España pudiera torpedear la investigación.
Todo esto, mientras la Audiencia Nacional investigaba un agujero contable y posibles fraudes fiscales.
Y la Internacional Socialista, presidida por Pedro Sánchez desde 2024, observaba en silencio. La trama se complica con la Ley RICO, una herramienta legal estadounidense para perseguir el crimen organizado y el narcotráfico, y una lista de 64 personas investigadas por sus vínculos con el régimen chavista, donde Zapatero comparte espacio con otros dos españoles y referentes de la izquierda internacional.
En resumen, un avispero que huele a petróleo, corrupción y geopolítica de alto nivel.
Crítica:
Demasiado dependiente de fuentes anónimas. La noticia se sustenta en filtraciones sin contrastar, lo que la convierte en un relato de conveniencia más que en una investigación periodística rigurosa. El titular es, como suele ser habitual, exagerado.
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