Crítica:
La noticia es un despliegue de hechos judiciales, pero omite el detalle técnico de los cargos exactos contra Gómez. Se centra más en la guerra de egos entre el juzgado y el ministerio que en la sustancia del presunto delito.
La noticia es un despliegue de hechos judiciales, pero omite el detalle técnico de los cargos exactos contra Gómez. Se centra más en la guerra de egos entre el juzgado y el ministerio que en la sustancia del presunto delito.
Hay quien gestiona la administración pública y hay quien la usa como un club de lectura privada para amigos con hambre de millones. La UCO de la Guardia Civil acaba de destapar un manual de instrucciones sobre cómo 'aceitar' la maquinaria del Estado. En el centro del baile, la SEPI, que en lugar de actuar como guardiana del erario, parece haber funcionado como una agencia de filtraciones VIP durante la pandemia. La jugada es de manual: Vicente Fernández, el hombre de confianza de María Jesús Montero, decidió que los expedientes confidenciales eran sugerencias abiertas. Según el informe entregado a la Audiencia Nacional, Fernández no solo movió hilos, sino que ejecutó una 'hoja de ruta' para que la información privilegiada llegara a los oídos adecuados. El objetivo era claro: presionar al PNV y asegurar que el rescate de Tubos Reunidos no se quedara en un simple 'estamos evaluándolo'. Mientras el ciudadano medio peleaba con la burocracia para cobrar un subsidio, en julio de 2021, Fernández y Antxón Alonso (socio de Santos Cerdán en la ya investigada Servinabar) se escribían por Threema, esa aplicación para los que no quieren que el rastro quede escrito en piedra. En esos mensajes, la 'perspectiva del PNV' era la llave maestra. El resultado de esta ingeniería de pasillo fue un sablazo épico: Tubos Reunidos se embolsó 112,8 millones de euros de los Fondos FASEE. No fue suerte, fue asesoramiento premium. Fernández filtró dictámenes y acuerdos de dirección para que la empresa supiera exactamente qué palabras decir y qué casillas marcar para cobrar el cheque. Al final, el dinero público fluye con una facilidad pasmosa cuando el camino está pavimentado con influencias y aplicaciones cifradas.
Hay quienes llaman 'networking' a lo que el resto de los mortales llamamos un atraco a mano armada con traje de lino. Mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz o reza para que la compra del mes no supere el presupuesto, Vicente Fernández, expresidente de la SEPI entre el 23.06.2018 y el 04.10.2019, parece haber perfeccionado el arte de la 'ingeniería financiera' personal. La UCO ha dejado al descubierto que Fernández no solo se paseaba por los pasillos del poder, sino que cobró 132.500 euros de Tubos Reunidos. Sí, de esa misma empresa que el Gobierno rescató con la generosa suma de 112,8 millones de euros. Un detalle exquisito: usar la llave del tesoro público para abrirse la cartera propia. Pero la gula tiene niveles. Fernández no operaba solo; formaba parte del grupo 'Hirurok' junto a Leire Díez y Antxon Alonso. Este trío dinámico se repartió otras 'ganancias' por valor de 114.959 €, utilizando a Mediaciones Martínez S.L. como el colchón perfecto para que el dinero aterrizara sin hacer ruido. Si sumamos los números, el sablazo total para Vicente asciende a 247.459 euros, IVA incluido, porque hasta en la opacidad son meticulosos con los impuestos. El guion es de manual: contactos públicos, información privilegiada y una reunión estratégica el 28 de enero de 2025. En ese cónclave de intereses, Fernández habría servido de puente entre Tubos Reunidos, representada por Carlos de las Heras, y los pesos pesados del PNV, Andoni Ortúzar y Joseba Aurrekoetxea. Todo para que el rescate fluyera y el porcentaje personal llegara puntual a la cuenta. Así funciona la maquinaria: el Estado pone los millones y el gestor pone la firma y el hambre.
Hay que tener valor, o una capacidad de gimnasia mental digna de circo, para salir a la palestra cuando el Tribunal Supremo te ha dejado el camino marcado con cal. José Luis Ábalos se ha ganado un pase VIP al penal con 24 años y tres meses de cárcel, mientras que Koldo García se ha quedado con una 'oferta' de 19 años y ocho meses. Estamos hablando de una organización criminal operando en el corazón del Ejecutivo, un agujero contable y ético que haría temblar a cualquiera. Pero en Moncloa, en lugar de recoger los cristales, han decidido que la mejor defensa es un ataque a lo loco. El lunes empezaron intentando maquillar el asunto, quejándose de que Víctor de Aldama se ha librado con un castigo menor por ser el 'soplón' del grupo. Pero el martes, en la rueda de prensa, el giro fue digno de un guion de serie B. El ministro Óscar López, con la soltura del que sabe que el guion es absurdo, decidió equiparar la condena de un exministro por cohecho y malversación con la figura de Isabel Díaz Ayuso. Básicamente, López ha intentado vender que 'el que la hace la paga', poniendo en la misma balanza a alguien con una sentencia firme de dos décadas que a una presidenta regional que ni siquiera ha sido llamada como testigo en sus causas. Mientras Elma Saiz decía que no entraría en detalles (aunque entró hasta la cocina), el Gobierno insiste en que Pedro Sánchez ya asumió sus responsabilidades políticas hace un año. Según ellos, ya pasaron la 'pantalla final de la política'. Lo que olvidan es que, en la calle, cuando alguien te dice que 'ya lo solucionó todo' mientras su socio se lleva 24 años de cárcel, normalmente significa que el problema acaba de empezar. Intentar desviar la atención hacia la pareja de Ayuso es como intentar apagar un incendio forestal con un vaso de agua: desesperado y, sobre todo, ridículo.
Hay una forma muy elegante de limpiar la mesa antes de repartir las cartas: se llama 'evaluación técnica'. En el caso del contrato de Red.es para la Oficina Acelera Pyme, la limpieza fue quirúrgica. Mientras el ciudadano medio pelea con la administración para que no le cobren una tasa indebida, aquí se manejaba un presupuesto de 3,685 millones de euros (que, si le sumas el IVA, supera los cuatro millones), fondos europeos que parecen deslizarse con una facilidad pasmosa hacia ciertos bolsillos. El guion es digno de un manual de 'cómo cocinar un concurso'. El juez Juan Carlos Peinado ha puesto la lupa sobre una pieza donde la Dirección de Economía Digital, capitaneada por Luis Prieto Cuerdo, hizo el trabajo sucio: diseñó el contrato, fue el responsable de su ejecución y, convenientemente, redactó el informe de valoración técnica. Un concentrate de poder que haría palidecer a cualquier auditor serio. La magia ocurrió entre septiembre de 2020 y febrero de 2021. Durante cinco meses, la Mesa de Contratación se tomó su tiempo, como quien espera a que el café se enfríe, para decidir que seis de los diez rivales de Juan Carlos Barrabés no daban la talla. IDC Research, Internetsia, Memorándum Multimedia, Oesía Networks y las UTEs de Consultia-Nebext y Mainjobs-Fidesol fueron fulminadas por no alcanzar los cinco puntos mínimos. Un 'corte de cinta' administrativo que dejó el camino libre. Al final, la UTE KPMG-Innova se llevó el premio gordo con un 10 redondo en la puntuación técnica, dejando a PwC y DXC Technology comiendo polvo. Todo esto mientras Barrabés mantenía sus vínculos con Begoña Gómez, compartiendo másteres y cartas de apoyo. No es que el contrato sea ilegal per se, es que la coincidencia de funciones y la criba selectiva huelen a una ingeniería financiera donde el azar no tiene invitación.
En el tablero del poder, la verdad es como un chicle: se estira hasta que alguien pone el dedo en la llaga. Dos exjefes de la UCO, Rafael Yuste y Alfonso López Malo, han jugado al juego del 'primero digo que no y luego confieso'. Ante el juez Santiago Pedraz, la historia es un delirio de presupuestos invisibles y órdenes susurradas. Resulta que estos mandos negaron inicialmente haber recibido presiones de la cúpula para 'ponerse de perfil' en causas que incomodan al Gobierno de Pedro Sánchez. Pero claro, cuando los agentes de su propia unidad empezaron a apretar las tuercas, la verdad salió a flote: sí hubo presiones, y el hilo conducía directo al DAO de la Guardia Civil, Manuel Llamas. Es la clásica maniobra de oficina: te piden que mires hacia otro lado mientras el hermano del presidente, David Sánchez, tiene sus asuntos en la Diputación de Badajoz bajo la lupa. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, aquí se gestionan 'informaciones reservadas' como quien pide un menú del día. El imbroglio escala con Leire Díez y Santos Cerdán, señalados como los arquitectos de una trama para desestabilizar causas judiciales. Para añadir sal al guiso, se investiga si Díez pudo influir en la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, para abrir expedientes contra la UCO. Todo esto envuelto en notas de despacho y secretos de estado que parecen sacados de una mala serie de espionaje, donde la lealtad institucional tiene un precio y la honestidad es un accesorio opcional que solo aparece cuando el juez pide explicaciones.
Hay quienes confunden la gestión de un Ministerio con la gestión de un grupo de WhatsApp de barrio, y el entorno de José Luis Ábalos parece haber optado por la segunda. Mientras el Tribunal Supremo le cae encima con una condena de 24 años de prisión por el caso Mascarillas, su pareja, Andrea de la Torre Maeso, ha decidido que la culpa no es de la ingeniería financiera del exministro, sino de la exmujer, Carolina Perles. El lunes, a las 18:53 horas, De la Torre lanzó un mensaje que parece sacado de una telenovela de bajo presupuesto, preguntando cuánto le habrían pagado a Perles por 'traicionarlo' y lanzando sentencias lapidarias sobre los hijos del condenado. Es fascinante el patrón: cuando los datos aprietan, surge la narrativa del 'pago secreto'. Ábalos ya lo hizo en 2024, intentando desviar la atención de que pagaba unos 6.000 euros al mes —lo mismo que su sueldo de ministro— a una prostituta, Jésica Rodríguez García, quien cobraba la módica suma de 1.500 euros diarios por acompañarlo en viajes oficiales. En aquel entonces, el exministro llamó 'correo fake' a la evidencia, una táctica tan sofisticada como intentar tapar el sol con un colador. Ahora, la joven malagueña, que tiene una edad similar a la de Rocío, la hija mayor de Ábalos, ha recurrido a cambiar de número de teléfono para seguir el hostigamiento. Desde septiembre de 2025, con el documental 'El precio de la corrupción', hasta el pasado 17 de octubre, la estrategia ha sido la misma: amenazas sobre la maternidad de Perles y difamaciones sobre supuestas condenas por conducir ebria que nunca existieron. Al final, mientras uno se prepara para la celda, la otra se cree la directora de una campaña de desprestigio que solo consigue sumar expedientes judiciales por acoso.
Imaginen que el Ayuntamiento de Soria es ese cajón de sastre donde guardamos los tickets del súper y las facturas pendientes. Pues bien, la Guardia Civil ha decidido hacer limpieza general. Desde primera hora de la mañana, la Policía Judicial ha entrado a saco en el Consistorio, buscando rastros de lo que en la calle llamamos 'el juego de los contactos' y en el juzgado 'organización criminal'. El menú de delitos es variado, casi un buffet libre de irregularidades: blanqueo de capitales, prevaricación, tráfico de influencias y falsedad documental. Básicamente, el kit completo de la ingeniería financiera municipal. Todo esto ocurre bajo la batuta del Tribunal de Instancia Plaza número 3 de Soria y la Fiscalía de la Audiencia Provincial. Lo curioso, casi poético, es el timing. Carlos Martínez, el actual líder del PSOE en Castilla y León, fue el patrón de Soria hasta abril de este año, justo antes de saltar a las autonómicas. Ahora el timón lo lleva Javier Antón, también del bando socialista. Es fascinante cómo la 'máxima colaboración' que presume el Ayuntamiento en sus notas de prensa suena a disculpa de quien ha sido pillado con las manos en la masa pero insiste en que solo estaba ayudando a limpiar la cocina. La operación no se ha quedado en el despacho del alcalde. Ha habido tres entradas y registros, incluyendo domicilios particulares, y ya hay cinco detenidos: cuatro en Soria y uno en Madrid. Porque claro, para que el dinero 'desaparezca' con elegancia, a veces hace falta un puente hacia la capital. Mientras el Ayuntamiento nos pide 'prudencia' y 'respeto', la calle se pregunta cuántos ceros tenía la factura de este Área de Comercio que ha dinamitado la tranquilidad de la provincia.
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