Crítica:
El texto original es una mina de datos, pero se pierde en la cronología de los mensajes. Le sobra formalidad y le falta subrayar la desfachatez de usar fondos públicos para financiar a quien 'arregla' los rescates.
El texto original es una mina de datos, pero se pierde en la cronología de los mensajes. Le sobra formalidad y le falta subrayar la desfachatez de usar fondos públicos para financiar a quien 'arregla' los rescates.
Conseguir la nacionalidad española hoy es, para algunos, tan sencillo como comprarse un periódico en el kiosco, aunque el periódico sea falso. El Gobierno ha montado un sistema de 'puertas abiertas' donde la comprobación de los documentos es, sencillamente, un mito urbano. Mientras el ciudadano medio se pelea con la burocracia para renovar el DNI, cientos de miles de descendientes de emigrantes están entrando en el registro civil sin que nadie pregunte si el papel que presentan es auténtico o un creativo ejercicio de caligrafía. El agujero es un sumidero histórico. Entre 1931 y 1939, el fuego se encargó de borrar registros parroquiales, creando el escenario perfecto: si el libro original ardió, no hay contra qué contrastar. Para los nacidos antes de 1871, la fe de bautismo es la única moneda de cambio. Sofía Puente, en octubre de 2022, firmó la instrucción que convirtió la falta de registro civil en un requisito cumplido. Básicamente, si el Estado admite que no tiene el dato, acepta el papel del interesado sin pestañear. Es el coladero perfecto. Los archivos de Orense, Lugo, Santander, Valencia y La Laguna confirman que el teléfono no suena. Los consulados no cotejan nada. En La Laguna se despacharon 17.684 certificados y respondieron 67.000 cartas, pero las comprobaciones consulares son casi inexistentes. Mientras tanto, el 'turismo genealógico' florece: gestores que pagan la tasa oficial de 8 euros y revenden el papel por cientos, o redes que cobran miles por inventar un abuelo español. El mapa de este caos tiene nombres claros: Cuba (65% de peticiones en Santander), Argentina y EE. UU. Todo esto ocurre mientras el ministro Fernando Grande-Marlaska y la Fiscalía miran hacia otro lado, esperando que las mafias de pasaportes aparezcan por accidente, como quien encuentra un billete en un pantalón viejo.
Hay gente que lucha por encontrar un hueco para el coche en el supermercado un sábado por la tarde, y luego está Leire Díez, que tiene el aparcamiento de Ferraz como si fuera el garaje de su casa. La UCO ha desguazado una trama donde el lujo no era solo el sitio reservado por Covadonga San Pedro el 13 de noviembre de 2024, sino la capacidad de mover millones con un WhatsApp. Mientras el ciudadano medio se pelea con la declaración de la renta, la 'fontanera' del PSOE y Santos Cerdán gestionaban la ingeniería financiera de Tubos Reunidos, una empresa alavesa que recibió un rescate de 112,8 millones de euros en julio de 2021. No es casualidad; es el arte de la mediación con sello oficial. El juez Santiago Pedraz rastrea ahora una estructura paralela entre 2021 y 2023, liderada por Díez, el expresidente de la SEPI Vicente Fernández y el empresario Joseba Antxon Alonso. Según la Guardia Civil, este trío dinamitó la burocracia para favorecer contratos y rescates que suman 132,9 millones de euros. Lo más cínico es el contraste: mientras el partido lanzaba una ofensiva contra jueces y fiscales, el PSOE pagaba seis viajes a Leire Díez entre abril y agosto de 2024, cortesía de la tarjeta del partido y la orden verbal de Cerdán. La trama, que operaba en un chat secreto llamado 'Hirurok', habría embolsado más de 750.000 euros en comisiones. Para rematar la jugada, el PNV entró en el baile para desbloquear los fondos cuando el Secretario de Estado ponía pegas. Al final, el esquema es sencillo: una cena en Hortaleza, un mensaje de 'Santi quiere que vaya yo' y un flujo de dinero público que se mueve con la misma facilidad con la que Leire pedía su plaza de parking.
Imaginen la escena: el Sabadell vuelve a Segunda División, la plaza de Sant Roc es una caldera de alegría y el Ayuntamiento ha montado el escenario perfecto para que los héroes locales se sientan dioses por un día. Todo era gloria y champán hasta que Diego Fuoli, el portero, decidió que el balcón consistorial era el lugar ideal para jugar a ser animador político. El 20 de junio, en lugar de limitarse a agradecer el apoyo, Fuoli lanzó un anzuelo peligroso: invitó a la grada a completar una frase despectiva contra Pedro Sánchez. Un chiste de bar trasladado a un acto institucional. La respuesta no tardó en llegar, y no fue un aplauso. La Federación de Asociaciones Vecinales de Sabadell (FAVS) ha decidido que el humor del guardameta no encaja en el código postal de la ciudad. Han formalizado una denuncia por presunto delito de odio, transformando la fiesta del ascenso en un expediente judicial. Pero no se quedan ahí; la FAVS quiere el 'pack completo' de la cancelación: han pedido al Ayuntamiento que declare a Fuoli persona 'non grata' y han exigido al Centre d'Esports Sabadell que le meta un correctivo disciplinario que le quite la sonrisa. Es la danza de siempre. Mientras el equipo celebraba el fin de años de sequía profesional, el portero descubrió que hay porterías mucho más difíciles de defender que las de fútbol. Pasar de ser el héroe del ascenso a ser el objetivo de una denuncia penal por un 'rellena los huecos' político es un giro dramático digno de serie B. Al final, la celebración institucional quedó deslucida, y el portero ha aprendido que, en la plaza pública, un comentario fuera de lugar puede costar más caro que una tarjeta roja en el minuto noventa.
Hay quienes confunden la gestión pública con la gestión de un cajero automático familiar. El Alto Tribunal acaba de ponerle nombre y apellido a esta fantasía: malversación y tráfico de influencias. La trama es de un cinismo casi artesanal. José Luis Ábalos, mientras manejaba el Ministerio de Transportes, diseñó un plan maestro para que su entonces pareja, Jessica Rodríguez, disfrutara de la vida sin el estrés de, ya saben, trabajar. El esquema fue sencillo: usar la estructura del Estado como una agencia de colocación VIP. Primero entró en INECO el 1 de marzo de 2019. Allí, Jessica cobró 34.450 euros netos. ¿Su currículum de logros? Ir dos veces a la oficina: una para la entrevista y otra para recoger el ordenador corporativo, que probablemente sirvió más de pisapapeles que de herramienta laboral. Mientras el ciudadano medio pelea con la declaración de la renta, ella realizaba trece viajes con el ministro sin pedir un solo permiso. Cuando los jefes de proyecto empezaron a preguntar qué hacía exactamente, ella enviaba informes telemáticos llenos de errores que hacían parecer que el teclado estaba roto. Pero el hambre de nómina pública es insaciable. El 2 de marzo de 2021, apenas dos días después de salir de INECO, la maquinaria —aceitada por el asesor Koldo García y el directivo de ADIF Ignacio Zaldívar— la aterrizó en TRAGSATEC. Sin entrevistas, sin méritos, solo con el 'estampillo' del ministro. Allí sumó otros 9.500,54 euros netos. Cuando en TRAGSATEC también empezaron a sospechar, Ábalos simplemente llamó a la presidencia de ADIF para que dejaran de molestar a la trabajadora. Al final, la fiesta ha pasado factura. La sentencia obliga a Ábalos y Koldo a devolver un total de 43.950,54 euros (34.477,86 para INECO y 9.500,54 para TRAGSATEC). Un sablazo contable que intenta reparar el agujero dejado por un amor basado en la malversación.
Imaginen que van a donar sangre, un acto de generosidad pura, y terminan en medio de una guerra de trincheras lingüísticas. Así es la surrealista historia de Gabriel, un donante de 65 años que el pasado 6 de febrero decidió que su sangre era demasiado valiosa para ser gestionada por un médico que no dominaba el catalán. El facultativo, buscando precisión clínica para no meter la pata con la salud del paciente, pidió continuar el cuestionario en castellano. Gabriel, indignado, prefirió que la bolsa quedara vacía antes que ceder al idioma del vecino. Lo que podría haber sido una anécdota de mostrador terminó en un delirio judicial. Acció Cassandra, la misma entidad que defiende el insulto de «puto nazi» como libertad de expresión, ha decidido que pedir hablar en español es un «delito de odio» según el artículo 510.2.a del Código Penal. Es la gimnasia mental perfecta: llamar nazi es libertad, pero pedir castellano en una consulta es una agresión. Mientras tanto, en el Banco de Sangre y Tejidos de Baleares reina la perplejidad. La gerente, Rosa María Tarragó, confirma que no han recibido notificación oficial alguna, aunque el ruido mediático ya está haciendo su trabajo. Es fascinante el contraste: mientras Marga Prohens intenta poner la «alfombra roja» a los médicos en 2023 eliminando el requisito lingüístico para combatir la falta de personal, hay quienes prefieren que el paciente se quede sin médico —o el hospital sin sangre— con tal de que el diccionario sea el correcto. El Banco de Sangre ya pidió perdón, Gabriel ya volvió a donar y todo estaba zanjado, pero para algunos, el rencor ideológico es un combustible que no se agota ni con transfusiones.
Bruselas ha decidido jugar al escondite con la ética. Imagínate la escena: un edificio imponente, una lona gigante que grita 'Democracia' a los cuatro vientos y, justo debajo, una delegación del gobierno talibán entrando por la puerta trasera. Es el equivalente político a decir que eres vegetariano mientras te zampas una hamburguesa de doble queso en el baño para que no te vean. Este martes, con la precisión de un reloj suizo y el secreto de una sociedad clandestina, el Gobierno belga concedió un visado de 24 horas. Solo un día. Entran, negocian y se largan sin tocar un centímetro de suelo fuera de la capital, según Reuters. El ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prevot, se lavó las manos con elegancia: dice que no le gusta la idea, pero que como Bruselas es el patio de juegos de la UE, no le quedó más remedio que abrir la puerta. ¿El motivo del festín? Una 'reunión técnica' para gestionar la devolución de inmigrantes ilegales con antecedentes penales. Básicamente, la Unión Europea quiere limpiar su casa y ha decidido que la mejor forma de hacerlo es pactando con quienes prohíben los móviles y fomentan el matrimonio infantil. La hipocresía tiene un precio, y en este caso, se paga con el silencio. La Comisión Europea intenta pasar la pelota, alegando que veintena de países enviaron cartas exigiendo este acuerdo. No es un experimento nuevo; ya hubo un viaje a Kabul en enero y Alemania ya había adelantado el trabajo con un pacto similar. El Gobierno talibán, que tomó el mando en 2021 tras el adiós de los estadounidenses, sigue sin reconocimiento oficial. Pero claro, para los papeles dice que no existen, pero para las devoluciones son los socios ideales. Un negocio redondo donde la 'Democracia' de la lona es solo el envoltorio de un paquete muy oscuro.
Imaginen que van al supermercado y, al pagar, el cajero decide que su dinero no vale nada basándose en un criterio que solo él entiende. Pues eso es lo que han vivido cientos de estudiantes en las PAU del País Vasco. La consejera de Educación, Begoña Pedrosa, ha tenido que salir al paso exigiendo una «explicación transparente» al Rectorado de la Universidad del País Vasco (EHU), porque los números no cuadran ni con la calculadora más generosa. Resulta que el 47 % de los ceros registrados en el examen de euskera fueron obra de un único evaluador. Sí, un solo individuo decidió que casi la mitad de los suspensos catastróficos eran correctos. La ingeniería de la desolación es fascinante: 108 de las 162 calificaciones de cero provienen de los tribunales 11 y 12, lo que supone un 64,3 % del total. El tribunal 11 es el epicentro del desastre, concentrando 80 ceros, el 47,6 % de la muestra. Es una anomalía estadística que haría palidecer a cualquier actuario. Pero lo verdaderamente cínico llega con las revisiones. Tras el proceso de reclamaciones, los ceros bajaron de 76 a 11, pero no porque los alumnos hubieran escrito poesía, sino porque la EHU decidió que subirles la nota a 0,25 o 0,45 era suficiente. Es el equivalente académico a darte una palmadita en la espalda mientras te quitan la cartera. Un profesor afectado lo resume con la crudeza de quien ya no cree en los milagros: «Se están riendo en nuestra cara». Para Sara, María o Andrea, el esfuerzo de reclamar ha terminado en un aumento ridículo de décimas, convirtiendo el derecho a la revisión en una broma de mal gusto donde lo más inteligente parece ser, sencillamente, asumir y callar.
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