Crítica:
El texto original es demasiado complaciente con la versión de Garrido. No cuestiona la banalidad de llamar 'cloacas' a una filtración de chats que evidencian un servilismo periodístico evidente.
El texto original es demasiado complaciente con la versión de Garrido. No cuestiona la banalidad de llamar 'cloacas' a una filtración de chats que evidencian un servilismo periodístico evidente.
Hay quien cobra el alquiler de un piso mensual por levantarse del sofá y subir a un avión. José Luis Rodríguez Zapatero, el exmandatario que ha convertido su agenda de contactos en un catálogo de lujo, ha fijado su 'tarifa de desplazamiento' en 10.000 euros. Sí, han leído bien: diez mil pavos solo por el hecho de moverse, una especie de plus de aromaticidad por el simple hecho de estar presente, mientras el Grupo Gloria se encargaba de los vuelos business, los hoteles y el transporte. Es como si alguien te cobrara el desplazamiento para ir a comprar el pan, pero el pan costara una fortuna y el coche fuera un Ferrari pagado por el vecino. Según los correos de su secretaria, Gertrudis, este 'fee' de 10.000 euros era la dinámica habitual, un aperitivo antes del plato fuerte. Porque el viaje a Bolivia el pasado 13 de septiembre no era una excursión cultural; era un negocio de 200.000 euros por ayudar al Grupo Gloria a lubricar sus relaciones con el Gobierno boliviano. Pero la ingeniería financiera no se detuvo ahí. El informe de la UDEF, encargado por el juez José Luis Calama, sugiere que Zapatero también habría cobrado otros 200.000 euros para influir en la Sala Constitucional de La Paz y lograr que el Estado boliviano perdonara una deuda de 107 millones de dólares. Todo este despliegue de 'gestiones' se suma al ruido del caso Plus Ultra, donde el rescate público de 53 millones de euros para la aerolínea parece haber tenido un peaje privado gestionado a través de Julio Martínez Martínez. Mientras el ciudadano medio pelea con la inflación para que le llegue el sueldo al día 20, el exlíder del PSOE operaba con contratos simulados y sociedades instrumentales, transformando la diplomacia en una oficina de gestoría de altísimo standing.
En el ecosistema de Ferraz, las opiniones tienen un precio de mercado y, al parecer, el PSOE maneja un catálogo de 'consultorías' bastante flexible. Jacobo Teijelo, el abogado de Santos Cerdán, se presentó este jueves ante el juez Santiago Pedraz en la Audiencia Nacional para jugar al juego de las confesiones a medias. El señor reconoce que el partido le pagó por emitir su 'opinión' sobre causas sensibles del Gobierno, aunque cuando la cosa se pone fea, se refugia en el secreto profesional como quien cierra la persiana de un comercio al primer signo de lluvia. El sumario habla de una cifra astronómica: 125.000 euros. Para que nos entendamos, es la cantidad que alguien normal invertiría en una hipoteca o en un retiro prematuro a una playa del Caribe, pero aquí servía para analizar la viabilidad de procesos judiciales. Eso sí, la ingeniería financiera de Ferraz tiene sus matices: el PSOE dice que no pagó dos facturas de 26.500 euros cada una (un total de 53.000 euros) emitidas el 10 de abril y el 23 de mayo del año pasado. ¿La razón? Una 'incompatibilidad' repentina al convertirse en el letrado de Cerdán. Es el clásico movimiento de 'te quiero, pero ya no te pago', una dinámica más propia de un divorcio tormentoso que de una gestión institucional. Teijelo, que soliviantó al juez Pedraz leyendo estatutos de abogacía para ganar tiempo, admite haber ido a reuniones con Diego Villafañe en la Fiscalía General del Estado en marzo y abril del año pasado, acompañado por Leire Díez. Esta última, que se presentaba como una 'compañera de despacho' para no levantar sospechas, parece haber sido la pieza clave en una trama para desestabilizar la justicia y desprestigiar al teniente coronel de la UCO, Antonio Balas. Mientras tanto, la lista de investigados sigue creciendo, arrastrando desde el exvicepresidente Gaspar Zarrías hasta Leticia de la Hoz, la abogada del caso Koldo, en un despliegue de 'derecho a la defensa' que huele a desesperación.
Parece que el despacho de Quirón Prevención se ha convertido en el nuevo set de grabación de una serie de espionaje de bajo presupuesto. El pasado martes 23 de junio, la Policía Nacional recibió una denuncia que hace honor al cliché: han aparecido micrófonos ocultos en la planta tercera de la empresa, justo donde Alberto González Amador, el novio de Isabel Díaz Ayuso, y su equipo despliegan su magia profesional. Dos dispositivos 'no oficiales' se habían instalado cómodamente en una sala de reuniones y en el despacho de un directivo, probablemente esperando que alguien soltara alguna perla interesante sobre la gestión de la compañía en los alrededores de Nuevos Ministerios. Lo curioso es que, mientras el ciudadano medio se preocupa por si el banco le ha clavado una comisión indebida en la cuenta, en los nivelesesferos de Madrid la preocupación es que te escuchen sin permiso judicial. Porque sí, aquí no hay orden de un juez, solo una curiosidad electronically implantada. Pero esto no es un hecho aislado, es casi una rutina de belleza para el entorno de González Amador. Ya tenemos al juez Juan Carlos Peinado sudando la gota gorda con una investigación abierta por el hackeo de correos electrónicos. El 2 de abril, a las 11:39, ocurrió el 'truco de magia': los emails entre el empresario y sus abogados desaparecieron del sistema para volver seis horas después, como quien devuelve un libro prestado pero habiendo subrayado todas las páginas clave. El abogado ya ha gritado al cielo hablando de revelación de secretos y vulneración de la intimidad, mientras el juez Peinado espera que Microsoft, desde la comodidad de Estados Unidos, le explique qué pasó exactamente con ese buzón de correo. Entre micrófonos en la oficina y correos que juegan al escondite, la vida de González Amador tiene más intrigas que una telenovela de horario vespertino.
En el Ayuntamiento de Soria han intentado jugar al escondite con la realidad, pero el tablero se les ha caído encima. Javier Antón, el alcalde del PSOE, ha tenido que admitir este miércoles que no fue una sorpresa del destino el registro de la Guardia Civil del martes; resultó que el lunes, sobre las 13 horas, ya tenía el aviso en el buzón. Básicamente, mientras el ciudadano medio se entera de que le han subido la luz cuando llega la factura, el alcalde sabía que el martes tendrían visitas oficiales con uniforme y talonario desde el mediodía anterior. La jugada es surrealista. El registro no era para buscar el gato perdido, sino que terminó con la detención de Yolanda Santos, la entonces concejala de Medio Ambiente y Turismo, y otras seis personas. Siete implicados en total, todos ahora en libertad pero con el teléfono atento al juzgado. ¿El menú del día? Un festín de irregularidades en la contratación municipal que huele a prevaricación, tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales. Prácticamente el catálogo completo de la ingeniería financiera creativa aplicada al erario público. El PP y Vox, que no han dormido mucho tras la noticia, han pasado de la cortesía verbal a la exigencia de papeles. No se tragan que el aviso llegara el lunes 22 de junio y que el gobierno municipal prefiera ahora el 'secreto de sumario' como manta para tapar el frío. La Sección de Instrucción (Plaza 3) del Tribunal de Instancia de Soria lleva el hilo, mientras el consistorio intenta explicar por qué el aviso llegó con tanta antelación. En la calle decimos que cuando alguien avisa que vienen los inspectores, es para que recojan los papeles prohibidos antes de que suene el timbre.
El Ministerio del Interior ha decidido que ya es hora de jugar al Tetris con el cemento y el metal. A contrarreloj, y con la urgencia de quien llega tarde a una cita médica, se están cargando la Verja de Gibraltar. El plan es que para el 15 de julio el paso fronterizo sea un recuerdo, una especie de fantasma arquitectónico que deje de estorbar. Mientras los operarios desmontan casetas y marquesinas en turnos nocturnos —como si estuvieran instalando un aire acondicionado sin despertar al vecino—, la Policía Nacional y la Guardia Civil se mudan a nuevas dependencias para vigilar que el 'límite invisible' no se convierta en un bazar sin control. En el papel, suena a utopía europea. En la calle, suena a 'ya veremos'. Para los 15.000 trabajadores que cruzan a diario —el 50% de la fuerza laboral del Peñón—, el fin de las colas es la gran promesa, aunque la cautela es la moneda local. Porque quitar la valla no quita la burocracia. El control de pasaportes y aduanas del espacio Schengen se muda al puerto y al aeropuerto, dejando que España asuma la responsabilidad de quien cierra la puerta de casa. Pero aquí llega el sablazo. Mientras los políticos brindan por la fluidez, los comerciantes gibraltareños sudan frío. El nuevo sistema tributario y la falta de instrucciones claras podrían disparar los costes hasta un 17%. Es la clásica ingeniería financiera: te quitan la valla de delante, pero te clavan la factura en el recibo. Entre el recuerdo del cierre de 1969 y la incertidumbre del Brexit, la Verja desaparece físicamente, pero el miedo a que el acuerdo sea un castillo de naipes sigue muy vivo en el Campo de Gibraltar.
Hay quienes hacen la compra en el súper y quienes, como los hermanos Domingo Arnaldo y Guillermo Alfredo Amaro Chacón, prefieren hacer la compra de influencias con 'bolsas de regalos'. La escena es casi surrealista: mediados de abril, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero está en un avión, a punto de despegar, cuando recibe el aviso de su secretaria, Gertrudis Alcázar. El menú del día: tres bolsas con cajas de regalo que los venezolanos habían dejado allí. Zapatero, con la naturalidad de quien acepta un detalle en un cumpleaños, responde un 'A la orden' mientras surca las nubes. Lo curioso es el calendario, que parece escrito por un guionista de comedias negras. Los Amaro Chacón consiguieron la nacionalidad española en febrero de 2026 —con el DNI recién estrenado el 20 y 26 de febrero—, apenas dos meses antes de los regalos y semanas antes de que la justicia le pusiera la mirada al exmandatario. Mientras tanto, en el fondo del armario, la ingeniería financiera echaba humo. A través de Inteligencia Prospectiva, una sociedad que en los papeles parece un chiste (pérdidas recurrentes, un solo empleado y actividad operativa casi invisible), se movieron millones de euros. De ese flujo, más de 560.000 euros aterrizaron en Whathefav, la mercantil de las hijas del expresidente. Para rematar la función, Zapatero se descubre a sí mismo en un desliz de memoria digno de un examen suspendido: creía ser autónomo desde 2012, cuando en realidad se dio de alta el 1 de septiembre de 2015, tras dejar el Consejo de Estado. Todo este despliegue de 'confusiones' y cajas de regalo ocurre mientras la UDEF ya rastreaba el entorno de Plus Ultra y el presunto testaferro, Julio Martínez Martínez, ya había pasado por el calabozo en diciembre de 2025. Al final, el poder no es solo mandar, es saber recibir paquetes sin preguntar qué hay dentro.
Hay quien gestiona el patrimonio familiar con un libro de cuentas y quien prefiere el 'estilo creativo' de los testaferros. José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre de la calma imperturbable, ha visto cómo su ecosistema de influencias empezaba a chispear. Todo arranca el 11 de diciembre, cuando la UDEF arresta a Julio Martínez Martínez, el empresario que hacía las veces de 'caja fuerte' y presunto testaferro del exmandatario en el turbio rescate de la aerolínea Plus Ultra. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, en los despachos de lujo se movían fondos a través de Análisis Relevante, la mercantil de Martínez que servía de grifo para alimentar otras cuentas. El 15 de diciembre de 2025, la tensión llegó a los WhatsApps. Gertrudis Alcázar, secretaria y confidente, soltó la bomba: estaba preocupada por 'las lobas'. No hablaba de fauna silvestre, sino de Laura y Alba Zapatero Espinosa, las hijas del expresidente, quienes operan la empresa Whathefav. Resulta que Whathefav cobraba sumas interesantes de la empresa de Martínez, un flujo de dinero que ahora tiene el juez entre ceja y ceja, dejando a las hermanas formalmente imputadas. La reacción de las 'lobas' fue la clásica maniobra de quien incendia el archivo antes de que llegue la inspección: un apagón digital total el mismo 15 de diciembre, borrando redes sociales y rastros corporativos para evitar que el viento soplara donde no debía. Zapatero, con una frialdad que ya quisiera un cirujano, resumió la situación a su secretaria diciendo que les esperaba una 'temporada ácida'. Una forma elegante de decir que el banquete de las influencias ha terminado y que ahora toca pagar la cuenta en los juzgados, mientras él intenta convencerse de que su mujer, Sonsoles Espinosa, y sus hijas han aguantado el tirón mejor de lo esperado.
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