Crítica:
El texto original es un despliegue de datos judiciales impecable, pero falla al no cuestionar la inacción inmediata de Interior. Es un relato de traiciones disfrazado de providencia judicial.
El texto original es un despliegue de datos judiciales impecable, pero falla al no cuestionar la inacción inmediata de Interior. Es un relato de traiciones disfrazado de providencia judicial.
Hay mudanzas que no son por gusto, sino por pánico. Julito Martínez Martínez, el hombre que hacía de 'paraguas' financiero para José Luis Rodríguez Zapatero, ha ejecutado una retirada táctica de su ático en la calle Diego de León 35, en el corazón del barrio de Salamanca. No ha sido una salida elegante con preaviso; ha sido una huida nocturna, de esas que se hacen sin hacer ruido para no despertar a los vecinos, dejando las llaves al portero como quien deja un ticket de parking caducado. El inmueble no era solo un lugar para dormir entre sábanas de hilo, sino que servía de fachada para Análisis Relevante. Esta empresa, que en el papel parece una consultora y en la realidad un buzón de comisiones, fue la herramienta para canalizar el dinero de la aerolínea Plus Ultra hacia el exmandatario a cambio de aceitar el rescate público. Mientras el ciudadano medio cuenta los céntimos para el café, en este ático la UDEF encontró 286.070 euros en efectivo. Pero no estaban en una caja fuerte digna de un banco, sino repartidos como si fuera una búsqueda del tesoro para niños: en bolsas de viaje, cajas de vasos, palos de golf y hasta entre adornos navideños. Una ingeniería financiera de nivel 'manual de instrucciones para principiantes'. Lo más surrealista es la geografía del poder paralelo. Apenas 30 metros, en el número 36, Vicente Fernández Guerrero operaba el centro logístico de la trama SEPI, donde Santos Cerdán y Javier Pérez Dolset se reunían para gestionar 'mordidas' corporativas. Dos pisos, dos hermanas propietarias y una misma calle convertida en el centro de operaciones de las cloacas del PSOE. Ahora, Julito ha vuelto a Alicante, buscando el refugio familiar y la distancia del foco, después de que los dueños del piso, hartos de tener a la policía de visita, decidieran no renovarle el contrato que vencía en septiembre.
Hay paradojas que parecen escritas por un guionista de comedia negra, y la de José Luis Rodríguez Zapatero es la joya de la corona. El expresidente tiene en su caja fuerte un tesoro de 1,32 millones de euros —según la tasación de la casa Ansorena— que ahora se ha convertido en su propia soga. La UDEF los encontró allí, y él dice que fueron regalos de Arabia Saudí mientras gobernaba en Moncloa. El problema es que no tiene ni un papel que lo pruebe, y aquí es donde la cosa se pone divertida. Zapatero está jugando a la ruleta rusa con la burocracia saudí. Si logra que el reino certifique que las piezas son reales, el valor de mercado se dispararía por el bendito 'provenance'. En el mundo de las subastas, que una joya haya pertenecido a un rey es como pasar de un coche usado a un Ferrari de colección: el precio se multiplica por dos o cinco. Pero claro, si el valor sube, el agujero contable con Hacienda también. Actualmente, la cuota defraudada ronda los 581.000 euros. Le faltan solo 19.000 euros para alcanzar los 600.000, la barrera mágica que convierte su problema en un 'delito fiscal agravado'. Es el dilema perfecto: si demuestra que no es un mentiroso y que las joyas son auténticas reliquias del rey Abdalá bin Abdulaziz (regalos de 2007), se acerca peligrosamente a los dos años de prisión mínima. Para salir del atasco, ha desplegado a su mejor activo, Moratinos, el hombre con el hilo directo a Riad. Mientras tanto, el juez José Luis Calama y la Abogacía del Estado esperan a ver si el pedigrí de los diamantes y rubíes acaba mandando al exmandatario a cambiar la alfombra de Moncloa por una de celda.
Hay quien dice que gobernar es el arte de elegir a qué incendio echarle gasolina, y Pedro Sánchez ha decidido que la Agencia Tributaria es el lugar ideal para el espectáculo. Mientras el ciudadano medio mira la cuenta corriente con el pánico de quien ve una película de terror, en el despacho del presidente se preparan 'pruebas informáticas' para transferir el botín fiscal a Cataluña. No es una actualización de software cualquiera; es el lubricante necesario para que Junts y ERC firmen los Presupuestos de 2027 sin pedir más sacrificios humanos. La cosa ha escalado tanto que la cúpula de Hacienda ha decidido aplicar la técnica del 'salto del barco'. Soledad Fernández, la directora general, ha pasado de ser la jefa a ser la primera en la fila de salida. No es que no quiera trabajar, es que nadie quiere que su currículum termine pareciendo el acta de un accidente ferroviario. A ella se le unen el jefe de Inspección, Manuel Trillo, y otros responsables de Recaudación y Recursos Humanos que, convenientemente, han descubierto que Ginebra o Estados Unidos son sitios mucho más relajados para jubilarse que un organismo donde las reglas se doblan según el calendario electoral. El ambiente en la Agencia es eléctrico. Por un lado, tenemos el 'detalle' de José Luis Rodríguez Zapatero, que guardaba joyas por valor de 1,3 millones de euros en una caja fuerte, como quien guarda los tickets del súper, sin avisar a Hacienda. Por otro, la ingeniería financiera para aplazarle una deuda de 1,7 millones de euros a Víctor de Aldama. En resumen: para el de a pie, un descuido en la declaración es un drama; para los amigos del régimen, es una anécdota de gestión. La Agencia Tributaria ya no es un ente recaudador, es un tablero de Monopoly donde el Gobierno mueve las fichas y los funcionarios prefieren dimitir antes de que el tablero se desplome sobre sus cabezas.
Hay quien dice que el dinero no cae del cielo, pero en la trama de Leire Díez parece que cae en cascada sobre presupuestos inflados. La UCO ha destapado un ejercicio de 'creatividad contable' que haría sonrojar a cualquier administrador de consorcios. La jugada es tan cínica que roza el surrealismo: para justificar el traslado de la sede de Mercasa a Concha Espina, decidieron que reformar el edificio actual era un suicidio financiero. ¿El truco? Un informe de Servinabar, la empresa de Joseba Antxon Alonso vinculada a Santos Cerdán, que cobró 18.119 euros por un análisis técnico donde el arquitecto, Mikel Arrarás Abejón, probablemente ni siquiera pisó el inmueble. La magia ocurrió entre el 2 y el 9 de julio de 2021. Primero, el presupuesto de rehabilitación era de 2,1 millones de euros. Pero entonces, el arquitecto admitió por correo al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández, que le había 'bailado algún número'. En tres días, el coste saltó a 2,8 millones. Un sablazo de 700.000 euros que apareció por arte de magia, repartido equitativamente entre los capítulos del presupuesto, como quien añade un cargo extra en la factura de la luz sin explicar el motivo. En este banquete de influencias, la Fiscalía ha pedido la imputación de 25 personas, incluyendo a la actual presidenta de la SEPI, Belén Gualda, y a los directivos de Mercasa, José Ramón Sempere Vera y María Teresa Castillo Pasalodos. Mientras el ciudadano medio pelea con la hipoteca, estos ingenieros de la malversación diseñaron una operativa para vender el edificio actual basándose en una mentira tasada en 3,6 millones de euros. Todo quedó registrado en los papeles que la Guardia Civil encontró en el domicilio de Leire Díez en diciembre, confirmando que el 'estilo' de gestión de algunas empresas dependientes de la SEPI, como Enusa, Tubos Reunidos, Erri Berri o Forestalia, tienelejos la austeridad.
Hacerse español hoy es más sencillo que conseguir una cita en el médico de cabecera. El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido abrir el grifo con la Ley de Nietos, transformando la geografía electoral en un juego de magia donde Argentina, de repente, se convierte en la tercera ciudad más poblada de España. No es que hayan construido rascacielos en el Plata, es que la ingeniería legislativa ha inflado el censo: pasamos de 200.000 descendientes con pasaporte en 2008 a una proyección de 1,5 millones de españoles residiendo allí. Para que el ciudadano medio lo entienda, es como si tu vecindario se multiplicara por ocho mientras tú sigues pagando la misma comunidad. El despliegue es fascinante. Mientras el ministro Óscar Puente intenta vendernos que el voto CERA es un ruido insignificante con una participación media del 8%, las matemáticas cuentan otra historia. Un 8% de este nuevo ejército de nacionalizados supone 120.000 votos. Para ponerlo en perspectiva, es como si de repente apareciera una provincia entera como Jaén, León o Algeciras votando desde el otro lado del charco, o el doble de lo que pesan ciudades como Segovia o Mérida. Detrás de la nostalgia por los abuelos que emigraron tras la Guerra Civil, hay un despliegue logístico con aroma a campaña electoral. El senador César Mogo, el hombre de Ferraz, ha estado recorriendo Buenos Aires, Uruguay, Paraguay y Chile, no precisamente para estudiar la fauna local, sino para cosechar votos. Mogo llegó a decir que Argentina sería la tercera o cuarta provincia española; se quedó corto en la escala, pero acertó en el objetivo: convertir el ultramar en el salvavidas del PSOE. Es la globalización del voto: nacionalidad exprés para asegurar la permanencia en el sillón.
Hacer un viaje por la AP-7 hoy en día es como intentar avanzar en una cola de Hacienda un lunes por la mañana: lento, desesperante y con la sensación de que alguien se está riendo de ti. Ahora, Salvador Illa y Jéssica Albiach han decidido que la solución al caos es jugar al Tetris con los vehículos. La propuesta de los Comunes es sencilla: que los camiones de más de 7.500 kilos se queden pegados al carril derecho, prohibiéndoles adelantar. Básicamente, quieren convertir el carril izquierdo en una zona VIP para los mortales que no conducen una mole de acero. Albiach define la autopista como una «sala de espera sobre ruedas», una metáfora brillante para describir una de las vías con más siniestralidad de España. Mientras tanto, Illa, con la prudencia de quien no quiere mojarse ni en una piscina inflable, se ha comprometido este miércoles en el pleno del Parlament a «estudiar» la medida. El problema es que, aunque el deseo sea genuino, la titularidad es del Estado; es decir, que Illa puede estudiar el manual de instrucciones, pero la llave del coche la tiene Madrid. Lo más jugoso, sin embargo, es la resaca del 'gratis'. Resulta que liberar los peajes fue como regalar las entradas de un concierto sin haber arreglado el sonido ni la seguridad. Illa ha soltado la bomba de que «quizás nos equivocamos» cuando todos pedían alegremente el fin de los peajes. Es la clásica ironía de la política: primero celebran el banquete y luego se preguntan quién va a pagar la cuenta del mantenimiento. Entre una Rodalies que funciona a base de fe y un transporte de mercancías por ferrocarril que sigue siendo un sueño futurista, la AP-7 se ha convertido en el monumento al optimismo ingenuo.
Hay que tener un talento especial para intentar vender un producto y terminar convenciendo al cliente de que es mejor no comprarlo. Pedro Sánchez se presentó este martes en la inauguración del Plan de Integración y Ciudadanía, bajo el eslogan institucional «¿De dónde vienen? Vienen de hacer país», con la misión de defender la regularización masiva de inmigrantes. El problema es que, mientras el Ministerio de Seguridad Social y Migraciones prepara los fuegos artificiales, el presidente se ha tropezado con su propia aritmética. Sánchez soltó que, sin inmigración, España perdería un 19% de su PIB en 2050 y un 22% en 2075. Para que el ciudadano medio lo entienda: es como si te dijeran que el presupuesto de casa va a caer en picado, pero que no te preocupes porque habrá menos bocas que alimentar. El presidente pintó un apocalipsis donde 90.000 bares tendrían que bajar la persiana y 50.000 aulas se quedarían vacías. El drama es que los datos, extraídos de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE), dicen exactamente lo contrario a su intención política. Como bien analiza el economista Daniel Fernández, si la población cae un 27% (pasando de 55 a 40 millones de habitantes para 2075) y el PIB cae un 22%, el resultado es una paradoja deliciosa: el PIB per cápita subiría un 7,3%. En cristiano: seríamos más ricos por cabeza. El presidente, intentando justificar el flujo migratorio, ha acabado confesando, sin querer, que menos inmigración significaría más dinero en el bolsillo del español medio y, probablemente, alquileres que no requieran vender un riñón. Es la primera vez en la historia que un Gobierno utiliza sus propios estudios para dar argumentos a la oposición sin darse cuenta.
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