Fernando Grande-Marlaska juega al Tetris con la seguridad ciudadana, pero las piezas no encajan. El Ministro del Interior presume de tener una plantilla récord de 75.000 policías, un dato que suena muy bien en un PowerPoint, pero que en la calle huele a humo. La realidad es que casi el 50% de esos agentes están atrapados en el purgatorio de las oficinas, rellenando papeles y gestionando expedientes mientras la violencia callejera se dispara un 72% bajo el mandato de Pedro Sánchez.
Es el colmo del surrealismo: tenemos a profesionales formados para neutralizar amenazas convirtiéndolos en mecanógrafos de lujo.
Mientras el Director de la Policía, Francisco Pardo, insiste en que España es un referente de seguridad, los datos cuentan otra historia. El año pasado se registraron 31.481 infracciones penales por riñas y lesiones, superando el máximo de la última década.
En Madrid, la cosa es peor: un incremento del 12,22% en delitos de desórdenes públicos. Para combatir un machete en la mano hace falta un equipo de cuatro a seis agentes, pero el Ministerio prefiere que esos agentes estén emitiendo tarjetas de identidad. De hecho, la regularización masiva de un millón de personas va a devorar 31.250 jornadas laborales solo en trámites de DNI.
Es como contratar a un cirujano para que organice la agenda de la clínica mientras el paciente se desangra en la sala de espera.
La calle clama por 6.000 agentes más en radiopatrulla, pero la ingeniería financiera de Interior prefiere ahorrar en funcionarios civiles y usar al policía como el 'comodín' administrativo más barato del Estado.
Con 121.000 delitos de atentado contra fuerzas de seguridad durante este Gobierno, el 'récord de plantilla' de Marlaska no es más que un maquillaje contable para ocultar un fracaso de gestión donde la burocracia ha ganado la partida a la seguridad.
Crítica:
El texto original es un despliegue de datos alarmistas que, aunque contundentes, se apoyan excesivamente en 'fuentes policiales' anónimas. Le falta contrastar si el aumento de la violencia es un fenómeno global o una gestión deficiente exclusiva del Ministerio.
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