Los SMS de la embajadora de Marruecos revelan que Moncloa cedió el Mundial en 2018

Mundial 2030: El pacto secreto de Moncloa

politica Una ilustración satírica estilo editorial de periódico. Un tablero de ajedrez donde las piezas son balones de fútbol y banderas de España, Portugal y Marruecos. En el fondo, un teléfono inteligente gigante muestra burbujas de chat de WhatsApp flotando sobre el tablero. Colores vibrantes pero con un aire de intriga política, sombras alargadas y estilo de dibujo a tinta y acuarela.

Vender la casa para que el vecino no se enfade: así resume el manual de instrucciones de la Moncloa el reparto del Mundial 2030. Mientras a nosotros nos vendieron el cuento de que Marruecos entró en marzo de 2023 como un 'aporte estratégico' para sumar los votos de la CAF, la realidad es que el pastel se repartió en el verano de 2018, con la discreción de quien esconde un ticket de apuestas bajo la alfombra.

Todo empezó con Luis Rubiales haciendo de lobista en el hotel Royal Tulip Tanger City Centre el 8 de julio de 2018. El exdirigente de la RFEF no solo se hospedó allí, sino que se dedicó a prometerle a la embajadora Karima Benyaich que era 'un hombre de palabra', asegurándole el 10 de junio que organizarían el torneo juntos.

Fue un 'sablazo' a la exclusividad ibérica antes siquiera de que el proyecto estuviera en marcha. Lo más fascinante es el ritmo de la operación. Pedro Sánchez, recién aterrizado en la Moncloa tras la moción de censura, no tardó ni un mes en entrar al trapo. Rubiales le lanzó el anzuelo el mismo 8 de julio, definiendo el pacto como una 'cuestión de Estado'.

Para el presidente, no era un problema de soberanía deportiva, sino un 'proyecto ilusionante'. Mientras el ciudadano medio intenta cuadrar la cuenta corriente, Sánchez ya estaba gestionando la entrada de Rabat para engrasar las relaciones bilaterales y evitar tensiones fronterizas.

El 19 de noviembre de 2018, el trato estaba cerrado: 'Los marroquíes están de acuerdo en echar a andar el proyecto del Mundial a tres!', escribió el mandatario. Cinco años después, el Rey Mohamed VI simplemente salió a recoger los laureles en Kigali, Ruanda, fingiendo que la idea acababa de nacer, cuando el contrato ya estaba firmado en el WhatsApp de los poderosos.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de hipocresía institucional, aunque se apoya excesivamente en filtraciones de mensajes sin contrastar el 'porqué' geopolítico profundo. El título es honesto, pero la narrativa deja demasiado espacio a la benevolencia de los implicados.

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