Crítica:
El texto original se limita a transcribir una entrevista sin contrastar los 'errores' con datos oficiales. Es un ejercicio de sospecha basada en la lógica técnica, pero le falta el 'quid' del documento desaparecido.
El texto original se limita a transcribir una entrevista sin contrastar los 'errores' con datos oficiales. Es un ejercicio de sospecha basada en la lógica técnica, pero le falta el 'quid' del documento desaparecido.
Hay una danza fascinante entre el discurso de la lucha de clases y el catálogo de inmobiliarias de lujo. Willy Toledo, con la honestidad del que no tiene miedo a soltar el golpe, puso el dedo en la llaga: ¿cómo encaja un chalé en Galapagar y la Taberna Garibaldi en el manual del buen revolucionario? Para Toledo, que el exvicepresidente del Gobierno gestione sus negocios como una empresa privada y no como una cooperativa es, básicamente, un chiste de mal gusto. Según el actor, Iglesias ha logrado que la militancia de Podemos confunda el apoyo político con el patrocinio de sus emprendimientos personales, creando una especie de 'lealtad tóxica' donde pagar la cuenta del bar se confunde con salvar la patria. La respuesta de Pablo Iglesias, publicada en Diario Red bajo el título 'James Chambers y los ricos de izquierdas', es una obra maestra de la esgrima dialéctica. En lugar de dar explicaciones sobre sus activos, lanza una posdata cargada de veneno: 'Ojalá me saliera el dinero por las orejas'. Un deseo optimista, considerando que mientras el ciudadano medio lucha con la hipoteca, él utiliza el caso de James Cox Chambers Jr. —un heredero millonario estadounidense que se enfrenta a 30 años de cárcel por apoyar a Hamás— para justificar que la cartera gorda no anula el carné rojo. Pero el giro irónico llega cuando Iglesias decide limpiar su espejo ensuciando el del vecino. En el mismo texto, lanza un dardo contra Ramón Espinar Gallego, recordándonos que el escándalo de las tarjetas black de Caja Madrid es el verdadero manual de 'ingeniería financiera' de la izquierda. Al final, la crónica es la de siempre: el debate no es si se puede ser rico y comunista, sino quién tiene la excusa más sofisticada para que el dinero no manche la ideología.
Hay una danza muy curiosa en los pasillos del poder: mientras el ciudadano medio tiene que justificar hasta el último céntimo de una dieta en la oficina, en ciertos círculos el currículum es un accesorio opcional. El caso de David Sánchez es la cumbre de la 'ingeniería de favores'. No hablamos de un error administrativo, sino de un traje hecho a medida, cosido con hilos de fondos públicos y rematado con un sueldo de 60.000 euros anuales. La Audiencia Provincial de Badajoz ha dejado escrito en 377 folios que el puesto no era necesario ni urgente; era, sencillamente, un regalo envuelto en papel de Diputación. Lo más delirante es la narrativa del 'hermanísimo'. Mientras el Gobierno, con voces como las de Elma Saiz, Patxi López u Óscar Puente, intenta vender que la sentencia es un invento sin fundamentos, los correos electrónicos internos ya usaban ese término cariñoso para coordinar el enchufe. David Sánchez ni residía en Badajoz, ni sabía cómo funcionaban los conservatorios, ni se molestó en aparecer por su despacho. Dirigió la orquesta cinco veces —cinco, que no son muchas ni para un aficionado— y cuando el juzgado le pidió informes, entregó unos papeles manuscritos que no figuraban en ningún archivo oficial. Es el sueño de cualquier vago profesional: cobrar el sueldo completo mientras te dedicas a proyectos de ópera ajenos al cargo. El entramado es fascinante. Miguel Ángel Gallardo parece haber jugado al ajedrez político, intentando congraciarse con el futuro secretario general del PSOE justo un mes antes de su elección. Al final, la plaza terminó siendo un agujero contable donde la meritocracia fue sustituida por el apellido. Como bien dice la sentencia, esta práctica no es solo un chiste de mal gusto, sino un veneno que dinamita la salud democrática.
En el tablero de la política extremeña, parece que el 'enchufe' tiene un manual de instrucciones muy preciso, pero la factura siempre llega tarde. David Sánchez Pérez-Castejón ha acabado con nueve años de inhabilitación por prevaricación administrativa, una sentencia de 377 páginas que, para el ciudadano de a pie, se lee como un 'está prohibido, pero ya te has cobrado el sueldo'. La joya de la corona es la cifra: 340.572 euros cobrados entre julio de 2017 y mayo de 2025. Para que nos entendamos, mientras el trabajador medio se pelea con el cajero automático el día 20, David ha disfrutado de un colchón público que ahora la Audiencia Provincial de Badajoz se niega a devolver por una cuestión de 'legitimación'. Básicamente, que el dinero se ha esfumado en un agujero contable donde la Fiscalía, que pidió el sobreseimiento, decidió mirar hacia otro lado. La trama no viene sola. Miguel Ángel Gallardo, expresidente de la Diputación de Badajoz, también ha recibido su dosis de realidad con 18 años de inhabilitación. El hombre, que hace tiempo trabajaba con tomates en Inpralsa, ahora verá cómo su carrera política se marchita. Mientras tanto, las acusaciones populares, con Manos Limpias al frente, intentan que el TSJ de Extremadura reconozca la malversación y el tráfico de influencias. No quieren que el caso sea la guía turística para futuros 'enchufados' que busquen cobrar sin trabajar. La justicia, sin embargo, avanza con la agilidad de un caracol con reuma; entre el Tribunal de Cuentas y los recursos, el desenlace final podría estirarse hasta 2028. Para entonces, el dinero ya habrá tenido tiempo de hacer intereses en alguna cuenta olvidada, mientras los testigos —una panda de cargos jerarquizados y familiares del PSOE— hacían malabares con la verdad en el estrado.
Hay que tener un cinismo de manual para decir que 6.000 cadáveres no tienen 'relevancia histórica'. Así de simple, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que las fosas de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz no pasan el filtro de la Ley 20/2022. Es como si en tu comunidad de vecinos decidieran que el incendio que arrasó medio bloque no es 'representativo' para entrar en el libro de actas. La excusa, redactada con la frialdad de un manual de instrucciones de lavadora por Almudena Cruz Yábar, sostiene que no basta con que haya habido 'privación de libertad' para entrar en el Inventario Estatal de Lugares de Memoria Democrática. Hay que valorar la 'dimensión del fenómeno'. Traduzcamos el lenguaje administrativo al castellano corriente: si te mataron bajo las órdenes de Santiago Carrillo en 1936, mientras el Frente Popular gestionaba el caos, pues mala suerte; tu tragedia no tiene el 'estatus' suficiente. El diputado del PP, Pedro Corral, ha puesto el dedo en la llaga preguntando por qué se ignora este matadero republicano mientras el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, dirigido por Ángel Víctor Torres, prefiere mirar hacia otro lado. La ironía alcanza niveles estratosféricos al llegar al Palacio de la Moncloa. Resulta que la sede de la Presidencia fue escenario de ejecuciones sumarias en agosto y septiembre de 1936, coordinadas por la checa de Fomento y el socialista Ángel Galarza. Personajes como el guardia civil retirado Ezequiel Marcos Sanz o el duque de Hornachuelos terminaron allí como desecho humano. Pero claro, que el Gobierno actual viva y trabaje donde se levantaron cadáveres de estudiantes y oficinistas es un detalle irrelevante. Al final, la memoria democrática parece funcionar como un menú degustación: eligen los platos que les gustan y los que les saben amargos, simplemente los borran de la carta.
En Luxemburgo no se hacen ilusiones con la ética, se hacen lecturas de actas. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha decidido que la Ley de Amnistía es, básicamente, un trámite administrativo más, avalando el 'intercambio de cromos' que Pedro Sánchez utilizó para rascar los siete votos de Junts y sentarse en el sillón de Moncloa. Según el presidente de la institución, Koen Lenaerts, todo esto sirve para 'reducir tensiones' y 'facilitar la reconciliación'. Traducido al idioma de la calle: si el precio de la paz es borrar el historial de algunos, que así sea. El Tribunal ha pasado el trapo incluso sobre la malversación. El Tribunal de Cuentas preguntaba si vaciar las arcas públicas para financiar referéndums afectaba a Bruselas. La respuesta del TJUE fue un bostezo jurídico: dicen que un agujero contable en el presupuesto nacional no es problema de la Unión, aunque la cuota de España se resienta. Es como si te robaran la cartera en el metro y el ayuntamiento te dijera que, mientras no afecte al alumbrado público de la ciudad, no pasa nada. Pero el plato fuerte es el terrorismo. La Audiencia Nacional tenía dudas sobre los Comités de Defensa de la República (CDR), y el TJUE ha respondido que amnistiar estos delitos es compatible con el Derecho Europeo, siempre que no haya 'graves violaciones de derechos humanos'. Un matiz tan abstracto que parece redactado con tinta invisible. Ojo, que Carles Puigdemont no tiene el billete de vuelta ya emitido. Para que el líder de Junts pise suelo patrio, primero debe pasar por el filtro de Cándido Conde-Pumpido en el Tribunal Constitucional y que el Supremo firme la gracia. Tras un año de espera desde el juicio del 15 de julio de 2025 y la opinión del Abogado General Dean Spielmann en noviembre, la maquinaria europea ha dado el visto bueno al borrón y cuenta nueva.
Parece que en el manual de supervivencia del poder, el capítulo 'Cómo aniquilar a un juez' es universal. Ya sea en la Italia de los años 2000 o en la España de hoy, la receta es la misma: si no puedes rebatir la ley, ensucia el juzgado. En 2009, Silvio Berlusconi convirtió al juez Raimondo Mesiano en el blanco de sus cámaras, pintándolo de excéntrico para distraer de una condena por corrupción en el caso Lodo Mondadori que le costó 750 millones de euros. Un sablazo monumental que Berlusconi intentó camuflar con ruido televisivo. Fast forward al pasado martes. El programa Mañaneros de TVE decidió que el juez Juan Carlos Peinado necesitaba un 'tour' turístico forzoso. Lo persiguieron por la calle el 14 de julio, lanzándole preguntas sobre el pasaporte de Begoña Gómez y su viaje a Londres con la sutileza de un martillo neumático. ¿El objetivo? Desacreditar la decisión de retirar el pasaporte a la mujer del presidente Pedro Sánchez por riesgo de fuga. Es la misma técnica de 'máquina del fango' que Umberto Eco ya denunciaba en Italia: contar una verdad irrelevante para sugerir una mentira conveniente. Lo más cómico —si nos gusta el humor negro— es que el propio Sánchez usó el término 'máquina del fango' en 2024 para defenderse de las imputaciones por tráfico de influencias y malversación que rodean a su esposa. Resulta que el Gobierno, mientras Patxi López y Óscar Puente hablan de 'acoso', parece haber montado su propia oficina de gestión de crisis. Desde la célula de Leire Díez hasta las investigaciones de la Audiencia Nacional sobre la 'fontanera' del PSOE, el guion es idéntico. Al final, el dinero público de TVE termina sirviendo para hacer el trabajo sucio que Berlusconi hacía con sus canales privados. Diferentes banderas, misma cloaca.
Hablemos de lealtades. O mejor dicho, de cómo se fingen mientras se sostiene el café en la mano. Mercedes González, la jefa de la Guardia Civil, ha jugado al juego de las sillas con la verdad. Mientras los generales Rafael Yuste y Alfonso López Malo recibían palmaditas en la espalda y un 'estoy con vosotros' los días 29 y 30 de mayo de 2025 (con el ministro Grande-Marlaska haciendo de testigo de honor), la directora guardaba un secreto en el bolsillo: se había visto tres veces con Leire Díez, la pieza clave de una trama para torcer los casos de corrupción del PSOE. Es el clásico truco de magia: te distraigo con un abrazo institucional mientras por detrás gestiono la agenda de la 'fontanera' de Ferraz. Los datos no mienten, aunque las agendas sí. Los encuentros del 30 de septiembre y 20 de diciembre de 2024, y el del 2 de abril de 2025, dejan en evidencia que González conocía al enemigo mucho antes de fingir apoyo a sus subordinados. Para colmo, hubo WhatsApps el 9 y 11 de mayo; es decir, chateaba con la trama mientras los mandos de la UCO creían que su jefa era su escudo. Pero lo más cínico es la 'ingeniería administrativa'. Usar expedientes disciplinarios para intimidar a los investigadores de élite no es justicia, es un sablazo al estado de derecho para que nadie mire demasiado cerca al hermano del presidente, David Sánchez. Ahora, el juez Santiago Pedraz y la Fiscalía Anticorrupción, con Elisa Lamelas y Mar Scharfhausen al mando, quieren saber por qué Mercedes y su mano derecha, Manuel Llamas —el primer DAO imputado de la historia—, decidieron que 'ponerse de perfil' era la mejor estrategia operativa. Todo esto mientras Moncloa mantiene la confianza, demostrando que en las altas esferas, la prevaricación es un deporte de riesgo con red de seguridad.
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