Crítica:
El texto original es un despliegue de indignación que roza la hagiografía de la oposición. Le sobra dramatismo y le falta analizar si el CJE tiene autonomía real o es un mero sello de goma del Ministerio.
El texto original es un despliegue de indignación que roza la hagiografía de la oposición. Le sobra dramatismo y le falta analizar si el CJE tiene autonomía real o es un mero sello de goma del Ministerio.
Hacer malabares con el dinero público es un arte, pero lo del Gobierno es ya cirugía estética de presupuesto. Imaginen que en su casa deciden quitarle el presupuesto de la comida de los niños para pagar la suscripción al gimnasio del padre porque se le olvidó renovar el contrato. Pues bien, el Consejo de Ministros ha aplicado esa misma lógica a escala nacional. Han decidido que el Ministerio de Educación soltará 309.840.377,20 euros para que el Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones no tenga que dejar a sus empleados en el aire. La excusa es la de siempre: la prórroga presupuestaria. Llevamos desde finales de 2022 intentando aprobar unos Presupuestos Generales que parecen un unicornio: todo el mundo habla de ellos, pero nadie los ha visto. El resultado es que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha pasado tres años ignorando la obligación constitucional de presentar cuentas claras. Para solucionar este agujero contable, han decidido que la educación es la hucha perfecta. Mientras el departamento de Bolaños gasta más del 73% de sus fondos en personal —nóminas, trienios y complementos que no perdonan—, el Gobierno prefiere no decirnos qué se queda sin fondos en las aulas. ¿Becas? ¿Digitalización? ¿Refuerzo escolar? El texto brilla por su ausencia en detalles, pero el sablazo es quirúrgico. Todo esto ocurre mientras intentan vender una senda de estabilidad para 2027-2029 con un déficit del 1,8% del PIB para el próximo año, bajando al 1,6% en 2028 y al 1,5% en 2029. Un ejercicio de optimismo matemático donde la Administración Central se lleva la tajada del 1,5%, 1,4% y 1,3% respectivamente, dejando a las comunidades autónomas con unas migajas de 5.849 millones de euros de margen fiscal. Básicamente, han vaciado la mochila del alumno para pagar el café del despacho.
En la Benemérita, parece que el manual de disciplina se aplica según el rango: para la tropa, la guillotina; para el mando, un masaje en la espalda. Mientras Carlos Román y Manuel Velarde, dos veteranos con el currículum lleno de cruces al mérito y experiencia en antiterrorismo, fueron suspendidos de empleo y sueldo justo antes de Navidad por publicar un comunicado defendiendo el Estado de Derecho el 10 de noviembre de 2023, la cúpula opera en otra dimensión. A estos agentes les aplicaron la 'máxima', dejándolos sin un euro en la cuenta bancaria por una nota redactada por abogados, tratándolos como si fueran golpistas en lugar de quienes persiguieron el procés. El Tribunal de Justicia Central Militar tuvo que intervenir para decir que la medida era 'desproporcionada con creces', pero el daño psicológico ya estaba hecho. La comedia se vuelve surrealista cuando miramos hacia arriba. Manuel Llamas, el DAO, lleva casi dos semanas imputado por prevaricación y obstrucción a la Justicia en el caso de las 'cloacas del PSOE', y sigue en su despacho como si nada hubiera pasado. Es la doble vara de medir en estado puro: a un agente como Serviliano Valencia le clavan 15 días de suspensión y un sablazo de 1.400 euros por mirar la matrícula de Carles Puigdemont —un prófugo con euroorden—, mientras que los mandos imputados no pierden ni el sitio en el parking. Desde Agustín Leal, suspendido seis meses por decir que sin Guardia Civil España sería como Venezuela, hasta Braulio J. Calvo, procesado por buscar el DNI de su hermano desaparecido, el mensaje es claro. Si eres la escala básica, cualquier 'exasperación' retórica te deja en la calle; si eres el DAO o la directora Mercedes González, la imputación es solo un trámite administrativo que no interfiere con el horario de oficina.
En España, una orden de expulsión judicial tiene hoy el mismo valor práctico que un ticket del parking caducado. Según los datos del Poder Judicial para 2024, el 94% de los condenados con orden de salida se queda aquí cómodamente instalado. De 22.977 casos proyectados, solo 1.338 fueron efectivos. Una eficiencia tan baja que haría llorar a cualquier gestor de barrio. ¿El truco de magia? El bendito 'arraigo'. Basta con decir que tienes un primo, un perro o un contrato de alquiler para que la sentencia se convierta en una sugerencia decorativa. Mientras el ciudadano medio hace malabares para que no le suban la cuota del gas, el Estado se gasta 770 millones de euros anuales en mantener a presos extranjeros. Para que nos entendamos: el 33,45% de la población reclusa es extranjera, y en Cataluña esa cifra se dispara al 52,85%. Es como pagar la cena de un desconocido que, además, te ha robado la cartera antes de sentarse a la mesa. Vox, que no piensa dejar pasar el desliz, ha registrado una batería de medidas para acabar con este 'oscurantismo'. Denuncian que el sistema SEC maquilla la realidad al contar como españoles a los 3 millones de nacionalizados, independientemente de su origen. Para solucionar este agujero contable, proponen copiar a la Ertzaintza y publicar el lugar de nacimiento. El objetivo es claro: que el origen no sea un escudo y que el artículo 89 del Código Penal se modifique para revocar la nacionalidad a quien cometa cualquier delito. Al final, el mensaje es simple: si vienes a jugar con las reglas de la casa pero rompes los muebles, la maleta te espera en la puerta, sin importar cuánto tiempo lleves aquí.
Hacienda tiene un radar que detecta hasta el último céntimo de un autónomo que no ha dormido en tres días, pero parece que sufre de amnesia selectiva cuando el sujeto es Julio Martínez, el socio y amigo íntimo de Zapatero. Es fascinante. Mientras el ciudadano medio tiembla al abrir el buzón, Martínez vivió cuatro años en un limbo fiscal absoluto, sin presentar declaraciones de renta a pesar de cobrar un sueldo en ASP Renta. Un detalle: la empresa sí practicaba la retención mediante el modelo 190 y deducía los gastos en Sociedades. Es decir, el dinero salía, el Estado lo anotaba, pero al llegar al destinatario, el rastro se borraba como si fuera un dibujo en la arena durante una tormenta. La comedia llega al clímax con el alquiler. Martínez paga su piso con cuentas vacías, mientras el casero, muy diligente, lo declaraba todo en el modelo 180. Un cortocircuito administrativo que haría llorar a cualquier gestor de barrio. Soledad Fernández, quien dirigió la AEAT desde 2022, compareció en el Senado con la mirada perdida, calificando este agujero contable como un "lamentable error". Curioso que este error coincida con la salida precipitada de la propia Fernández y de la directora de RRHH, justo cuando el organismo se convierte en un coladero de favores. Entre la entrega de la Agencia Tributaria a Cataluña y el trato preferente al hermano de Pedro Sánchez en Portugal, la AEAT parece haber pasado de ser un perro guardián a un mayordomo complaciente. Si realmente existió un error, encontrar al responsable es cuestión de un clic en el sistema de trazabilidad. Pero el silencio es ensordecedor. Quizás es que, en los círculos de poder, el 'olvido' es la herramienta de ingeniería financiera más eficiente de todas.
Hablemos de la 'economía del detalle'. Mientras el ciudadano medio hace malabares con la lista de la compra para que el presupuesto no explote antes del día veinte, en las altas esferas del Partido Socialista se manejan conceptos más creativos. Santos Cerdán y su entorno familiar parecen haber descubierto el secreto de la eterna prosperidad gracias a una tarjeta de crédito de la sociedad Servinabar. No es que hayan vaciado el banco, pero entre 2015 y 2024 se habrían beneficiado de la módica suma de 323.178 euros. Para algunos, eso es un capricho; para la UCO de la Guardia Civil, es una hoja de ruta de irregularidades. El informe es quirúrgico. Detectaron 40 pagos específicos por 3.560 euros que Cerdán o los suyos usaron como si fuera una tarjeta de fidelidad de supermercado. Pero el truco de magia está en la tubería del dinero. Entre el 1 de febrero de 2022 y el 1 de septiembre de 2024, entraron en la cuenta 257.563,42 euros, de los cuales 230.000 euros llegaron vía traspasos directos desde Servinabar. Es la ingeniería financiera de barrio: mover el dinero de un bolsillo a otro para que no se note el roce. ¿De dónde salía el combustible para este despliegue? Aquí entra el 'confirming', esa palabra elegante para cobrar facturas antes de tiempo. El 61,49% de los ingresos totales de la cuenta, que alcanzó los 2.168.049,49 euros, provenía de este sistema. El rastro conduce directo a Acciona Construcción SA y a la UTE Variante de Logroño. También asoman la cabeza la UTE Túnel de Belate y la UTE Pabellón de Navarra Arena. Al final, el esquema es sencillo: obras públicas, contratos millonarios y una tarjeta de crédito que, mágicamente, siempre tiene saldo para el entorno del exsecretario de Organización.
Hay quien gestiona su agenda con Google Calendar y quien monta una 'boutique' de influencias para que el dinero fluya sin dejar rastro, como si fuera un truco de magia de feria. La Justicia acaba de destapar que José Luis Rodríguez Zapatero no tenía un solo camino hacia el rescate de 53 millones de euros de Plus Ultra, sino que operaba con un sistema de redundancia digno de la NASA. Por un lado, el entramado de 38 sociedades instrumentales de Julio Martínez —el famoso 'Julito'—; y por otro, la red de Manuel Aarón Fajardo, el 'hombre de Venezuela'. Para el ciudadano medio, conseguir que el banco no te cobre una comisión por un descubierto es una odisea. Para Plus Ultra, bastó con activar el 'equipo del amigo'. Mientras nosotros peleamos con la administración, el presidente de la aerolínea, Julio Martínez Sola, solo tuvo que escribirle a Fajardo el 29 de abril de 2020 siguiendo el hilo de Ramón Gordils. El resultado fue una llamada de 11 minutos con 'ZP' el 30 de abril, donde se le pidió al expresidente que 'empujara' el rescate de la SEPI porque la banca privada, curiosamente, ponía trabas. Lo más exquisito es el lenguaje: se hacían llamar 'el equipo' y hablaban de 'misiones de Z'. Fajardo, que vive en Caracas y se mueve en el sector financiero, no era un simple contacto, era el lugarteniente. Incluso se mencionan rentas mensuales de entre 6.000 y 10.000 euros para la 'boutique' por operar plantas empaquetadoras. Al final, el rescate de 53 millones de euros otorgado en 2021 no fue una cuestión de solvencia técnica, sino de tener la llave correcta para abrir la puerta de la SEPI. Una ingeniería financiera donde el mérito no estaba en volar, sino en saber a quién llamar.
Sira Rego y su Ministerio de Juventud e Infancia han decidido que el cine español padece una crisis de casting. Según el informe 'La representación de las juventudes en el audiovisual español', redactado por el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA) y publicado por el INJUVE, nuestras pantallas son demasiado 'normativas'. Traducido al cristiano: el Gobierno quiere que los guionistas cambien el café por cuotas de 'cuerpos disidentes'. El estudio es un tostón de 120 páginas que actúa como una lista de la compra ideológica. Se quejan de que los jóvenes racializados solo ocupan el 16% de los personajes en series. Pero el verdadero drama llega al contar los protagonistas de cine: siete latines, dos árabes y uno gitane. Cero negros y asiáticos con relevancia. Es como si el Ministerio quisiera que el reparto de una serie fuera un censo municipal, donde el éxito no se mida en audiencia, sino en interseccionalidad. No contentos con el color de piel, la ministra Rego pone la mirada en la báscula. El informe lamenta la 'ausencia mayúscula' de personajes gordos, acusando a la ficción de alimentar imaginarios gordófobos. Básicamente, sugieren que ver gente delgada en pantalla es un acto de opresión. Para rematar el menú, el colectivo LGBTIQA+ ya tiene sitio, pero el Gobierno dice que no basta con que 'salgan del armario'; quieren que sus identidades se 'cotidianicen'. Sira Rego afirma que los datos 'la agitan'. Mientras tanto, el ciudadano medio, que lucha por llegar a fin de mes, verá cómo el Estado gasta energía en vigilar que el protagonista de la próxima serie de Netflix tenga la corporalidad adecuada para cumplir con la 'justicia democrática'. Una gestión brillante: ignorar el hambre real para preocuparse por el hambre de representación.
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