Enésima chapuza legislativa del Gobierno: la nueva ley de infancia impondrá sanciones pero no dice a quién

Ley de Infancia: Multas sin destinatario

politica Una ilustración conceptual y satírica que muestra un mazo de juez gigante golpeando un papel oficial lleno de huecos y agujeros blancos donde deberían estar los nombres. Al fondo, un laberinto de archivos gubernamentales desordenados, estilo arte editorial de periódico, colores sobrios con contrastes fuertes, atmósfera de caos burocrático.

El Gobierno ha vuelto a jugar al 'Tetris' con la legislación, pero se le han olvidado las piezas fundamentales. La nueva ley de protección a la infancia, impulsada por Sira Rego y Pedro Sánchez, pretende poner orden en el caos, pero ha resultado ser un colador. El CGPJ, en un informe de 86 páginas que parece una lista de errores de principiante, ha soltado la bomba: el nuevo régimen sancionador es un chiste.

El artículo 55 quáter castiga el incumplimiento de los deberes básicos de los menores como infracción muy grave, pero se ha olvidado de un detalle nimio: no dice a quién hay que multar. Es como si el Ayuntamiento te pusiera una multa por aparcar en zona prohibida, pero en la papeleta no pusiera si la sanción es para el conductor, para el dueño del coche o para el que pasaba por allí mirando. Esta laguna jurídica es un agujero negro que choca frontalmente con el principio de tipicidad de la Constitución.

Básicamente, el texto es tan ambiguo que cualquiera podría acabar en el banquillo, desde un progenitor hasta el vecino que saludó al niño, convirtiendo la justicia en una lotería administrativa. Y mientras el ciudadano común cuenta los céntimos para llegar a fin de mes, el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes nos entrega un borrador que entró en el Consejo el 29 de mayo de 2026 y que parece redactado con los ojos cerrados.

Para rematar el cuadro, la ley es un laberinto de referencias genéricas a la 'legislación vigente' sin decir cuál, y se pelea con las autonomías en un tira y afloja de competencias que parece una discusión de comunidad de vecinos. Tras el precedente de la Ley Montero y el desastre de las pulseras antimaltrato, esta nueva chapuza legislativa es la confirmación de que, en este Gobierno, la prisa por legislar es la mejor receta para acabar en el Tribunal Constitucional.

Crítica:

El texto original es una noticia técnica correcta, pero carece de la malicia necesaria para exponer que redactar una ley sin sujetos es una negligencia profesional imperdonable.

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