Crítica:
La noticia se limita a reproducir la demanda política de Vivas sin contrastar si el Gobierno central tiene un plan real. Es un eco de declaraciones más que un análisis periodístico con profundidad.
La noticia se limita a reproducir la demanda política de Vivas sin contrastar si el Gobierno central tiene un plan real. Es un eco de declaraciones más que un análisis periodístico con profundidad.
La aritmética del Gobierno de Aragón acaba de lanzar un dardo directo al bolsillo de los menores extranjeros no acompañados. Alejandro Nolasco, vicepresidente y arquitecto de esta nueva disciplina, ha decidido que se acabó el 'dinero gratis': ha ordenado suprimir las asignaciones semanales de 74 euros al mes por menor. Para el ciudadano medio, suena a una cantidad modesta, pero en la maquinaria administrativa esto supone un ahorro de 194.114 euros anuales. Es, básicamente, dejar de financiar la fiesta cuando el local se ha vuelto ingobernable. Y es que los datos, esos que Vox ahora despliega bajo el mantra de la 'transparencia', son un despliegue de cinismo y caos. El 25% de estos chicos están castigados sin salir por 'comportamientos peligrosos' o tienen expedientes abiertos. Imagínate pagar la merienda a alguien que tiene prohibido salir a la calle por orden judicial; es como darle gasolina a un coche que tiene el motor fundido y el freno de mano echado. De los 219 menores acogidos, uno de cada cinco está bailando con la justicia. Mientras tanto, la realidad en los centros CATIM, CAIIMA de Movera y Peralta de la Sal parece el guion de una película de acción barata: peleas multitudinarias, fugas y agresiones a trabajadores entre el 20 de mayo y el 19 de junio. Desde robos violentos a una anciana de 90 años hasta palizas grupales que terminan en hospitalización. Ante este escenario, Sira Rego, desde el Ministerio de Juventud e Infancia, ha saltado con una denuncia ante la Fiscalía, alegando discriminación. Pero Nolasco, blindado por un informe favorable de los Servicios Jurídicos y el acuerdo con el PP de abril pasado, ha pasado del todo. Al final, la pregunta es simple: ¿por qué pagar la asignación a quien usa el tiempo libre para coleccionar denuncias policiales?
La Ley de Memoria Democrática nació con el romanticismo del exilio y la tragedia del franquismo, pero terminó convirtiéndose en un buffet libre de pasaportes europeos. Joaquín de Arístegui Laborde, embajador en Argentina, lo ha admitido con una naturalidad pasmosa: se hicieron una «interpretación generosa». Traducido al lenguaje de la calle, es como si el portero de una discoteca exclusiva, que solo dejaba pasar a los que tenían invitación, decidiera de repente dejar entrar a todo el mundo porque 'el espíritu de la fiesta era la inclusión'. La jugada maestra llegó con Sofía Puente, entonces directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública, quien firmó una instrucción que básicamente borró la palabra 'exilio' de la ecuación. ¿El resultado? Gente cuyos antepasados se fueron de España a finales del siglo XIX —cuando todavía se viajaba en barco y se usaban velas— ahora lucen el pasaporte español. No hace falta haber sufrido la represión, basta con tener un lazo de sangre y saber rellenar un formulario. Los números son mareantes y huelen a estrategia de despacho: 2,6 millones de solicitudes globales, con un millón concentradas en Argentina y un núcleo duro de 650.000 en Buenos Aires. Medio millón de expedientes ya tienen el visto bueno. Mientras tanto, la justicia de Madrid ha abierto diligencias contra Puente por presunta prevaricación. Pero el verdadero motor aquí no es la justicia, sino la aritmética electoral. Lorena Suárez, del PSOE argentino, ya celebraba que 'quedaron muy pocos afuera'. El objetivo es claro: inflar el voto exterior en provincias pequeñas donde el PSOE y el PP se pelean por un puñado de votos. Básicamente, han convertido el árbol genealógico de medio continente en una herramienta de campaña electoral.
El Gobierno ha decidido que el control de la 'caja fuerte' de la inteligencia financiera es demasiado importante para dejárselo a alguien que no sea el propio Ministerio de Economía. Justo antes de marcharse de vacaciones, el Consejo de Ministros ha ejecutado una maniobra de libro: nace la Autoridad Nacional de Integridad Financiera (Anifi). Sobre el papel, es una adaptación a las normas europeas de 2024; en la práctica, es como si el dueño del casino decidiera que ahora él mismo es quien supervisa que nadie haga trampas. La jugada maestra consiste en meter a la Anifi dentro del FROB. Al desplazar al Banco de España del tablero, el Ejecutivo se queda con la llave de la información más sensible. Para la UCO de la Guardia Civil y la UDEF de la Policía Nacional, esto es un problema serio. Es como si el árbitro de un partido decidiera que los vídeos de las jugadas dudosas pasen primero por el despacho del entrenador antes de llegar al VAR. Si hay investigaciones por corrupción política o elCaso Plus Ultra sigue quemando, ahora el Gobierno sabe exactamente qué se está buscando y cuándo. Para rematar la faena, llega Carla Díaz Álvarez de Toledo como presidenta del FROB. Un nombramiento que huele a estrategia coordinada, pues llega justo cuando el organismo cambia de piel. Mientras nosotros peleamos con la letra pequeña de la factura de la luz, el Estado monta una estructura de 250 trabajadores y un presupuesto de 50 millones de euros anuales —pagados, eso sí, con tasas para no tocar los Presupuestos—. Ahora también vigilarán a los agentes del fútbol y a los de las criptomonedas, pero la verdadera pregunta es quién vigila al vigilante cuando el control de la transparencia se convierte en un trámite interno del Ministerio.
En el mundo real, comprar una casa sin hipoteca es un sueño húmedo o el resultado de haber ganado la lotería. Pero en el ecosistema de José Luis Rodríguez Zapatero, parece ser simplemente el 'estándar de oficina'. Gertrudis Alcázar, la secretaria que durante dos décadas ha sido el filtro y la sombra del expresidente, se ha comprado un piso en Velilla de San Antonio por 132.055 euros. Lo curioso no es la compra, sino que lo liquidó a plazos entre marzo de 2021 y junio de 2023, sin pedirle permiso ni un euro al banco. Para el ciudadano medio, eso es un agujero presupuestario; para la UDEF, es una señal de humo que apunta a una capacidad económica que no cuadra con su nómina, ya que no hay herencias ni ventas que justifiquen el despliegue de efectivo. Mientras tanto, el juez José Luis Calama no se anda con chiquitas y ha dibujado un organigrama que parece más una multinacional que un equipo de trabajo: una 'estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias' donde Zapatero es el CEO y Plus Ultra el cliente estrella. En este reparto de tareas, Alcázar no solo gestionaba la agenda, sino que era la pieza clave de la operativa. Y mientras la secretaria guarda un silencio procesal digno de un monasterio, las hijas del expresidente, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, han practicado una ingeniería financiera muy eficiente: trasladar 447.095 euros de su agencia Whathefav a sus cuentas personales. El toque final de surrealismo lo pone la caja fuerte de la calle Ferraz, donde aparecieron joyas tasadas en 1,3 millones de euros. Es fascinante cómo el dinero público y los favores corporativos se transforman en diamantes y casas sin hipoteca, mientras el resto seguimos peleándonos con la letra pequeña de la hipoteca variable.
Hay quienes estudian el marketing y quienes, simplemente, nacen con el marketing ya resuelto en el ADN. Laura y Alba Rodríguez Espinosa parecen haber dominado la técnica de la 'facturación creativa' sin necesidad de cursar un MBA. Según la UDEF, las hijas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero convirtieron su agencia, Whathefav SL, en una especie de terminal de autobuses financiera donde el dinero llegaba de un lado y salía disparado hacia sus cuentas personales. Hablemos de números, que es donde la magia ocurre. Mientras el ciudadano medio pelea con la declaración de la renta, las hermanas movieron 447.095,31 euros a sus bolsillos. Laura se llevó 247.191,06 euros y Alba 199.904,25 euros entre 2021 y 2025. Un detalle exquisito: el padre, el gran arquitecto de la historia, figura como autorizado en ambas cuentas. Es la definición de 'familia unida'. La agencia, especializada en gaming y eSports, pasó de ganar migajas a facturar casi 500.000 euros anuales. Pero ojo, que no es que hubieran inventado el nuevo Fortnite; la UDEF sugiere que no aportaban 'valor propio'. Básicamente, Whathefav era una máquina de maquetar informes para justificar que el dinero de Plus Ultra, Inteligencia Prospectiva (561.440 euros) y Análisis Relevante (240.000 euros) fluyera sin hacer ruido. Todo este baile coreografiado por Julio Martínez 'Julito' y supervisado por la secretaria María Gertrudis Alcázar Jiménez huele a la clásica ingeniería financiera de los que creen que las leyes son sugerencias. El juez José Luis Calama ya ha puesto la lupa sobre este entramado que, según la instrucción, podría ser una estructura de tráfico de influencias y blanqueo. Ahora toca esperar a que Santander, BBVA y el resto de la banca confirmen si el dinero caminaba solo o si llevaba correa.
Hay un arte exquisito en el silencio político, una especie de mimetismo donde los principios se vuelven invisibles según sople el viento. El caso de Laura Borràs es el ejemplo perfecto de este malabarismo. Borràs, condenada a cuatro años y medio de prisión por adjudicar contratos a dedo y fraccionados —lo que en el barrio llamaríamos 'arreglitos entre colegas'—, acaba de recibir un indulto parcial. Y aquí es donde entra Sumar, que ha pasado de pedir la prohibición legal de los indultos por corrupción en marzo de 2024 a practicar un mutismo sepulcral que haría envidia a un confesionario. La gimnasia mental es fascinante. Verónica Barbero, portavoz de la formación, intenta vendernos que el indulto es 'parcial' porque solo evita la cárcel. Es como si te multaran por conducir borracho y el juez te dijera que, aunque no te quiten el carné, puedes seguir usando el coche mientras no te vean los agentes. Una sutileza jurídica para salvar los muebles. Pero el verdadero motor de este silencio no está en el BOE, sino en las aspiraciones de Yolanda Díaz. La política gallega tiene la vista puesta en la dirección general de la OIT, un puesto en la ONU que requiere que el Gobierno de Pedro Sánchez ponga 'toda la carne en el asador'. Básicamente, el precio de una candidatura internacional es tragarse el sapo de una condena por prevaricación. Mientras los Comunes, en 2023, exigían la dimisión de Borràs y Jèssica Albiach sentenciaba que no defenderían indultos por corrupción, hoy el partido de Díaz prefiere mirar hacia otro lado. Al final, la lucha contra la corrupción es como una dieta de lunes a viernes: muy noble en la teoría, pero se Dessert con un indulto cuando el menú del día incluye un puesto en la ONU.
Bruselas se ha convertido en un juego de escape donde el premio es, simplemente, que no te multen. La vicepresidenta Teresa Ribera y la comisaria Jessika Roswall han pilotado la Responsabilidad Extendida del Productor (EPR), una joya normativa que, en teoría, salva el planeta, pero que en la práctica ha levantado un muro de papeles delante de cualquier pyme que quiera vender un envoltorio en dos países distintos. Mientras que para el IVA el comercio electrónico tiene una ventanilla única —algo parecido a pasar por el cajero rápido—, la EPR es como intentar renovar el carné de conducir en los años 80: una odisea de trámites que varían según el capricho de cada Gobierno nacional. Ursula von der Leyen ahora juega al bombero y promete simplificar el mercado único, mientras un ejército de funcionarios escudriña por qué la basura reciclable no puede viajar tan libremente como un turista en agosto. Pero el verdadero espectáculo ocurre en casa. España es la campeona del 'gold plating', esa delicada técnica de coger una norma europea sencilla y adornarla con capas de burocracia innecesaria hasta que es irreconocible. El resultado es un dato que duele: una tasa de infracciones por transposición incorrecta del 1,4%, superando la media comunitaria. Para rematar la faena, en el indicador de facilidad de cumplimiento, España se hunde con un 2,7 frente al 3,9 de la UE. Traducido al lenguaje de la calle: hacer negocios aquí es como intentar correr un maratón cargando con un saco de cemento mientras el funcionario de turno te pide que rellenes el formulario en triplicado y con tinta azul. Ahora pretenden arreglarlo con un 'reglamento de simplificación', lo cual es la paradoja máxima: crear más leyes para que haya menos leyes.
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