Ribera provoca un laberinto burocrático en Bruselas con una polémica normativa ambiental

Ribera y el laberinto de papeles europeo

politica Una ilustración satírica de un empresario europeo atrapado en un laberinto gigante hecho de expedientes y papeles oficiales. El laberinto tiene la forma del mapa de Europa. Al fondo, figuras burocráticas con trajes elegantes observan desde lo alto con prismáticos. Estilo de caricatura editorial moderna, colores contrastados, atmósfera surrealista.

Bruselas se ha convertido en un juego de escape donde el premio es, simplemente, que no te multen. La vicepresidenta Teresa Ribera y la comisaria Jessika Roswall han pilotado la Responsabilidad Extendida del Productor (EPR), una joya normativa que, en teoría, salva el planeta, pero que en la práctica ha levantado un muro de papeles delante de cualquier pyme que quiera vender un envoltorio en dos países distintos.

Mientras que para el IVA el comercio electrónico tiene una ventanilla única —algo parecido a pasar por el cajero rápido—, la EPR es como intentar renovar el carné de conducir en los años 80: una odisea de trámites que varían según el capricho de cada Gobierno nacional. Ursula von der Leyen ahora juega al bombero y promete simplificar el mercado único, mientras un ejército de funcionarios escudriña por qué la basura reciclable no puede viajar tan libremente como un turista en agosto.

Pero el verdadero espectáculo ocurre en casa. España es la campeona del 'gold plating', esa delicada técnica de coger una norma europea sencilla y adornarla con capas de burocracia innecesaria hasta que es irreconocible. El resultado es un dato que duele: una tasa de infracciones por transposición incorrecta del 1,4%, superando la media comunitaria.

Para rematar la faena, en el indicador de facilidad de cumplimiento, España se hunde con un 2,7 frente al 3,9 de la UE. Traducido al lenguaje de la calle: hacer negocios aquí es como intentar correr un maratón cargando con un saco de cemento mientras el funcionario de turno te pide que rellenes el formulario en triplicado y con tinta azul.

Ahora pretenden arreglarlo con un 'reglamento de simplificación', lo cual es la paradoja máxima: crear más leyes para que haya menos leyes.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de eufemismos corporativos que intenta disfrazar la incompetencia administrativa de 'desafío'. Le falta nombrar directamente quién paga la factura final de este caos regulatorio.

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