La llegada de inmigrantes a Ceuta se dispara después de la visita de Sánchez a Argelia

Gas argelí y caos en Ceuta: el peaje

politica Una ilustración conceptual que represente la geopolítica mediterránea: un tablero de ajedrez donde las piezas son válvulas de gas y siluetas humanas nadando en un mar azul profundo. Al fondo, la silueta de una ciudad costera fortificada bajo un sol abrasador, con un contraste entre un despacho lujoso de diplomacia y la realidad cruda de una frontera marítima.

La diplomacia de salón tiene un precio, y en Ceuta se paga en moneda de supervivencia. Pedro Sánchez aterrizó en Argelia el 20 de julio para 'normalizar' relaciones, un eufemismo político para decir que necesitamos el gas argelino (que supone un tercio de nuestras compras) y que el comercio, bloqueado desde el 8 de junio de 2022, debe volver a fluir.

Pero mientras los ministros José Manuel Albares y Sara Aagesen brindaban con empresarios para rescatar la VIII Reunión de Alto Nivel en octubre, en la frontera el tablero cambió. Es la vieja canción del Mediterráneo: si Madrid abraza a Argelia, Rabat suelta la correa. Marruecos, herido en su orgullo por el giro sobre el Sáhara Occidental en marzo de 2022 y el episodio de Brahim Ghali, parece haber decidido que la mejor respuesta a la cordialidad hispano-argelina es abrir el grifo migratorio.

El resultado es un caos que recuerda a mayo de 2021, cuando 15.000 personas saltaron las vallas. Ahora el problema es el mar. Con el agua tibia y una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio que prohíbe devolver a los nadadores, Ceuta se ha convertido en un imán. La Delegación del Gobierno admite 1.500 llegadas solo esta semana, y las previsiones apuntan a más de 5.000 para finales de julio.

El CETI, con sus 512 plazas, ha pasado de ser un centro de acogida a un cuello de botella donde 400 personas esperan fuera, mientras Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda —este último alertando de un subidón del 80% en menores no acompañados— piden auxilio. Es la paradoja del poder: se arregla el suministro de energía en un despacho de Argel, pero se deja el patio trasero de Ceuta colapsado por un 'descuido' de vigilancia en las costas marroquíes.

Crítica:

El texto es un ejercicio de equilibrismo donde la 'sensación' policial choca con la negativa de la inteligencia española a vincular los hechos. Demasiadas fuentes anónimas para un hecho que huele a chantaje geopolítico clásico.

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