Sanidad guarda aún 37 millones de mascarillas caducadas adquiridas durante la pandemia

Sanidad guarda 37 millones de mascarillas vencidas

politica Una ilustración satírica de un almacén gubernamental gigante y polvoriento lleno de montañas de mascarillas quirúrgicas azules. En primer plano, un calendario antiguo con fechas pasadas y un sello rojo gigante que dice 'CADUCADO'. Estilo editorial de revista, colores fríos, iluminación dramática que resalta el vacío y el desperdicio.

Hay quien guarda el bote de mayonesa vencido en la nevera esperando un milagro, pero el Ministerio de Sanidad ha elevado el optimismo a nivel institucional. Resulta que tenemos almacenadas 37.420.350 mascarillas que ya han pasado su fecha de caducidad. Sí, treinta y siete millones de trozos de tela y filtro que, técnicamente, ya son basura, pero que Mónica García y su equipo mantienen en el almacén porque, según ellos, existe la "posibilidad técnica" de extender su vida útil.

Es la versión administrativa de 'está un poco pasada, pero si la calientas sabe bien'. El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) nos suelta que este cementerio de material ocupa 2.012 metros cúbicos. Para que nos entendamos: es como llenar un bloque de pisos entero con material que ya no sirve para nada.

Lo más surrealista es el valor contable actual: 21.724,98 euros. Un chiste. Si comparamos esto con la foto de hace un año, cuando el stock era de 112.347.110 unidades con un valor de 105.306.655 euros, vemos que la ingeniería financiera ha hecho su magia. Hemos pasado de un agujero contable monumental a una cifra que parece el presupuesto de una boda modesta. En aquel entonces, la mezcla era variopinta: 18.442.990 FFP2, 1.639.520 FFP3 y 92.264.600 quirúrgicas.

El 87,17% ya estaba caducado entonces. Sobre el coste de tirarlas, el Ministerio se lava las manos con una elegancia envidiable: dicen que no han gastado un euro extra porque la destrucción ya estaba incluida en el contrato de almacenamiento. Básicamente, el servicio de recogida de basura ya estaba pagado en el alquiler del trastero.

Mientras tanto, el gel y los guantes han desaparecido, probablemente en el limbo de la gestión de emergencia que dejó tantas dudas judiciales y comisiones sospechosas.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de transparencia tardía que deja demasiados huecos sobre quién firmó los contratos originales. Se centra en el stock actual olvidando que el verdadero escándalo fue la gestión del dinero público en el origen.

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