La Seguridad Social desconoce cuántos jóvenes sin emancipar cobran el ingreso mínimo

Seguridad Social: 'No sabemos quién cobra'

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un enorme archivador metálico antiguo y oxidado en una oficina gubernamental gris. Del archivador salen miles de papeles volando, pero un funcionario con gafas oscuras intenta tapar el caos con una pequeña cortina de terciopelo roja. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de burocracia absurda.

Gestionar el dinero público en este país es como llevar la contabilidad de una casa donde nadie sabe quién se ha gastado el presupuesto de la compra. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, bajo el mando de Elma Saiz, ha soltado una perla digna de manual: no tienen ni idea de cuántos jóvenes de entre 23 y 29 años cobran el Ingreso Mínimo Vital (IMV) mientras siguen durmiendo en la habitación de sus padres.

Cuando THE OBJECTIVE preguntó por el desglose de estos beneficiarios y la evolución de los pagos, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) aplicó el clásico 'no me busques que no me encuentres'. Básicamente, dicen que sacar esos datos requeriría un esfuerzo informático y humano que no pueden asumir.

Traducido al lenguaje de la calle: tienen la información ahí, pero les da una pereza monumental cruzar los archivos porque no quieren que el agujero contable o la anomalía social quede expuesta con nombres y apellidos. Es fascinante. Mientras que en julio el IMV movió una cifra astronómica de 473,3 millones de euros, repartidos en una media de 504,5 euros por hogar para 879.225 unidades de convivencia (donde viven 2.682.646 personas), la Administración se vuelve ciega cuando hay que analizar el detalle.

Nos dicen que el 53,4% de los beneficiarios son mujeres y que hay 1.089.965 niños y adolescentes protegidos, pero que saber si un chico de 25 años cobra una ayuda independiente viviendo con sus padres es 'inasumible'. La ley dice que, salvo casos de violencia de género o desahucios, el hijo no puede cobrar un IMV aparte si los padres ya lo hacen.

Pero en el limbo administrativo, donde el software es prehistórico y la transparencia es un concepto sugerido, parece que hay espacio para el misterio. No es falta de datos, es falta de ganas de mirar el espejo.

Crítica:

El texto original es una crónica de transparencia estándar. Lo que realmente escandaliza no es la falta de datos, sino la excusa del 'esfuerzo informático' en la era del Big Data.

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