Hay regalos de Navidad que vienen con truco, y el palacete de la avenida Marceau, 11, es el ejemplo perfecto de cómo pasar del lujo absoluto al grifo seco en tiempo récord. Pedro Sánchez, en un alarde de generosidad navideña el 24 de diciembre de 2024, le entregó al PNV un edificio de 1.309 metros cuadrados en pleno corazón de París.
Un detalle exquisito para Aitor Esteban y los suyos, que llevaban décadas insistiendo en que el inmueble era suyo, a pesar de que el Tribunal Supremo y los jueces franceses ya les habían dicho que, básicamente, no tenían ni un papel que lo demostrara.
La jugada fue maestra en su opacidad.
Para evitar el ruido, el Gobierno coló el traspaso en el Real Decreto-Ley 9/2024, un 'decreto ómnibus' donde mezclaron medidas de Seguridad Social y vulnerabilidad económica con el regalo de un palacio. Una especie de 'compra el pack de ayudas sociales y llévate un inmueble en París gratis'.
El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática terminó admitiendo que no había ni un solo informe técnico o jurídico que avalara la cesión. Se basaron en la 'vinculación histórica', una frase comodín que sirve para saltarse cualquier manual de administración pública.
Pero claro, el lujo no incluye el mantenimiento si no sabes pagar la factura.
Eau de Paris, la empresa pública del agua, ha cortado el suministro por irregularidades administrativas. Resulta que cambiar el dueño de un edificio no es como cambiar la contraseña del Wi-Fi; requiere papeleo, contratos y, sobre todo, que alguien se haga cargo de la cuenta. Mientras el PNV se limitó a usar el edificio en septiembre de 2025 para colgar la ikurriña, hacerse la foto y volver a cerrar la puerta con llave, el Ayuntamiento de París decidió que, sin contrato en regla, no hay gota de agua.
Un palacete monumental, una cesión sin papeles y ahora, un baño que no tira de la cadena. Poesía administrativa pura.
Crítica:
La noticia es un festín de hipocresía administrativa, aunque omite deliberadamente quién está pagando el IBI o los costes de mantenimiento mientras el edificio permanece cerrado. El contraste entre la 'urgencia' del decreto y el uso nulo del inmueble es la verdadera joya del texto.
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