El Tribunal de Cuentas pregunta a la Diputación de Badajoz si activa el proceso para que el hermano de Sánchez devuelva sus nóminas

Sablazo en Badajoz: ¿Devuelve el hermano?

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un maletín de cuero antiguo abierto sobre una mesa de oficina gubernamental, del cual salen notas musicales que se transforman en billetes de euro. Al fondo, una balanza de la justicia desequilibrada y un sello oficial de 'Pendiente de Devolución' en tinta roja. Estilo editorial de revista política, colores sobrios con contrastes fuertes.

Hay una danza muy curiosa en la Diputación de Badajoz. Resulta que David Sánchez, el hermano del presidente, disfrutó de un puesto de alta dirección como coordinador de conservatorios y jefe de la Oficina de Artes Escénicas durante ocho años. El problema es que la justicia ya le ha colgado el cartel de prevaricador con nueve años de inhabilitación.

Pero aquí viene lo fascinante: la Diputación, que es quien soltó la pasta, decidió que no era 'perjudicada'. Es como si te vaciaran la cartera en el metro y, cuando llega la policía, tú dijeras que el dinero no te hacía falta y que el ladrón puede quedarse con el cambio. Estamos hablando de 340.572 euros.

Para que el ciudadano medio lo entienda: es el precio de comprarse un piso decente o sobrevivir varias décadas sin que la inflación te coma el desayuno, todo pagado con una plaza que, según las acusaciones, fue creada arbitrariamente y no servía para nada material. Un invento presupuestario de manual.

Mientras tanto, el Tribunal de Cuentas ha despertado y ha dado cinco días de plazo a la institución socialista para que decida si quiere recuperar sus fondos o si prefiere seguir haciendo la vista gorda. Lo más cínico es que la Audiencia Provincial de Badajoz ya había dejado la puerta abierta, pero como la Diputación no pidió ni un céntimo y la Fiscalía pidió la absolución, el dinero se quedó cómodamente en el bolsillo del músico.

Ahora, impulsados por Iustitia Europa, Hazte Oír y Vox, el Tribunal de Cuentas obliga a la Diputación a mojarse. Si guardan silencio, la Fiscalía y las acusaciones populares tomarán el relevo. Al final, la pregunta es simple: ¿por qué una administración pública se resiste a recuperar más de 340 mil euros de un cargo inexistente? La respuesta, probablemente, no esté en los libros de contabilidad, sino en el árbol genealógico.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de paciencia administrativa. Sorprende que la Diputación no se haya personado como perjudicada, lo que sugiere una complicidad institucional que el texto roza pero no termina de dinamitar.

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