Transparencia obliga a Exteriores a detallar las nacionalizaciones de la ‘ley de nietos’

Exteriores juega al escondite con la nacionalidad

politica Una ilustración satírica de un gran archivador metálico antiguo y oxidado con el sello de un ministerio, cerrado con decenas de candados y cadenas. Al lado, un pequeño funcionario con una lupa intentando mirar por una rendija mientras el archivador exhala una nube de humo gris que forma la palabra 'OPACIDAD'. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con contrastes fuertes.

En el Ministerio de Asuntos Exteriores, el silencio es un deporte federado. José Manuel Albares y su equipo han gestionado la información sobre la 'ley de nietos' con la misma transparencia que una caja fuerte sumergida en el Atlántico. El Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) ha tenido que darles un toque de atención —con resolución del 12 de agosto de 2026— porque, básicamente, Exteriores decidió que responder a una solicitud de información del 24 de octubre de 2025 era un esfuerzo excesivo.

Ignoraron al ciudadano y, en un despliegue de audacia administrativa, ignoraron también al propio organismo de Transparencia el 1 de junio. Mientras nosotros peleamos con la máquina del cajero para que no nos cobre comisión, el Ministerio ha movilizado a 657 trabajadores adicionales durante 2025 para gestionar un tsunami de papeles.

Hablamos de 1.225.188 peticiones presentadas en consulados hasta el 31 de mayo de 2026 bajo la Ley 20/2022 de Memoria Democrática. De ese millón y pico, han aprobado 571.761 expedientes y han inscrito 333.696 en el Registro Civil. Pero claro, los detalles —el 'quién es quién' por países— se guardaban bajo llave.

Argentina, por ejemplo, ya presumía a julio de 2025 de 366.579 solicitudes (el 40% del pastel) y 174.277 resoluciones favorables. La cosa se pone picante con el Tribunal Supremo, que el 8 de septiembre puso el freno de mano al voto de los inscritos en el CERA que no acreditaron el exilio de sus ancestros.

Ahora, el CTBG ha calificado este hermetismo de 'opacidad institucional', recordándoles que el plazo de respuesta es de un mes, no de una era geológica. Al final, Exteriores tendrá que soltar el Excel con los datos de la Ley 52/2007 y la de 2022, aunque sea empujados por la ley.

Crítica:

El texto original es una pieza informativa correcta, pero falla en conectar la paralización del voto del Supremo con el volumen de solicitudes para resaltar la urgencia política. Le falta veneno para cuestionar por qué un Ministerio ignora a un organismo regulador.

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