En Talayuela, el AVE ya avanza desde Talavera de la Reina, pero el sentido común parece haber cogido el tren en dirección contraria. Durante veinte años, el pueblo ha gestionado la convivencia con una naturalidad envidiable, integrando a una población donde una cuarta parte nació en Marruecos desde aquel boom de temporeros del tabaco de 1991.
Sin embargo, la política de despacho ha decidido que aprender el idioma de tus raíces es, ahora sí, una 'injerencia extranjera'.
El Programa de Enseñanza de Lengua Árabe y Cultura Marroquí (PLACM), vigente desde 1985 y pagado íntegramente por la Fundación Hassan II —es decir, coste cero para el contribuyente, que ya tiene bastante con la lista de la compra—, ha sido sacrificado en el altar del pacto entre PP y Vox para la investidura de María Guardiola.
El resultado es un vacío pedagógico en el CEIP Gonzalo Encabo y el CEIP Juan Güell, donde más de 200 alumnos se han quedado sin sus docentes.
Lo más surrealista es el baile burocrático: los colegios, el Ayuntamiento y la Consejería intentaron un 'apaño' de última hora para salvar 17 horas de mediación y mover las 8 horas de lengua a aulas municipales.
Un parche típico de quien intenta arreglar una tubería rota con celo. Pero el Ministerio de Educación, en un giro de ironía administrativa, ha tumbado la maniobra alegando que el convenio bilateral exige que todo ocurra dentro del centro. El Ministerio admite que esto dificulta la integración social, pero prefiere la pureza del reglamento al bienestar de los chavales.
Mientras tanto, Madrid mantiene programas similares para búlgaros, rumanos o kazajos. Parece que el 'adoctrinamiento' solo es peligroso cuando el profesor viene del Magreb. Como bien dice Luis Alfonso Corrales, director del Gonzalo Encabo, donde el 60% del alumnado es marroquí: nos han dejado sin nada.
Crítica:
La noticia expone perfectamente la contradicción administrativa, aunque omite profundizar en el contenido real de esos programas para desarmar el argumento del 'adoctrinamiento'. Es un retrato crudo de cómo el peaje político anula la lógica educativa.
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