El Gobierno admite su impotencia ante los rellenos ilegales en aguas españolas de Gibraltar

España mira mientras Gibraltar rellena el mar

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un escritorio burocrático gigante lleno de expedientes y sellos oficiales que flota sobre el mar. Detrás del escritorio, un funcionario invisible sostiene un cartel que dice 'Espere'. Al fondo, una excavadora volcando toneladas de hormigón en aguas cristalinas, transformando el mar en tierra, mientras peces y delfines miran con desconcierto. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de absurdo administrativo.

Hay una frase que en el lenguaje de la administración es el equivalente a decir 'estamos viendo la tele mientras se quema la casa': 'a la espera de que se dicte la correspondiente resolución judicial firme'. Así, con una elegancia burocrática pasmosa, el Subdirector General de Biodiversidad Terrestre y Marina del Ministerio para la Transición Ecológica le ha explicado a Verdemar-Ecologistas en Acción que, básicamente, no pueden hacer nada.

Mientras tanto, el proyecto urbanístico Eastside sigue engordando, soltando toneladas de relleno sobre aguas que, según los mapas, son españolas y protegidas. La cronología es un poema al ritmo lento. Todo empezó en diciembre de 2024, cuando se pidió a los Agentes Medioambientales que miraran si se estaban saltando el plan de gestión de la Zona Especial de Conservación (ZEC) Estrecho Oriental.

El Estado hizo lo que mejor sabe hacer: mover papeles. El Ministerio preguntó a la Guardia Civil y a Hacienda, y estos respondieron que no podían soltar prenda porque el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº2 de La Línea de la Concepción ya tenía el asunto en el horno.

Pero aquí llega el giro irónico: la causa está sobreseída provisionalmente. Es decir, el proceso está en el congelador. Sin sentencia no hay sanción, y sin sanción, el cemento sigue cayendo al mar como si fuera confeti en carnaval. Para rematar la faena, la Guardia Civil no puede ni acercarse a tomar muestras porque las autoridades de Gibraltar les cierran el paso.

Es el surrealismo puro: tenemos una Fiscalía especializada y al Instituto Español de Oceanografía (IEO) analizando cetáceos y hábitats con el proyecto BIODIV, pero en la práctica, el Estado español es un espectador de primera fila que paga la entrada para ver cómo le roban un trozo de mar.

Crítica:

El texto original es una crónica de impotencia disfrazada de informe. Le falta profundidad sobre por qué el juzgado sobreseyó la causa, dejando un vacío legal que es el verdadero protagonista.

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