El Sindicato de Inquilinas de Sol forma parte de una red que ha recibido 3,7 millones de las administraciones socialistas

Anticapitalismo a precio de oro público

politica Una ilustración satírica de un escritorio antiguo de oficina gubernamental. Sobre el escritorio hay un montón de billetes de euros que forman la base de una maqueta de casas pequeñas y precarias. Al lado, un sello oficial con la palabra 'SUBVENCION' marcando papeles con lenguaje complejo y moderno. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de ironía burocrática.

Hay una ironía deliciosa en el aire: resulta que luchar contra el sistema es un negocio redondo si el sistema es quien paga la nómina. Mientras el ciudadano medio hace malabares con la tarjeta para que el alquiler no se coma el sueldo, existe un ecosistema de activismo 'anticapitalista' que se mueve con la soltura de un fondo de inversión, regado con 3,7 millones de euros de fondos públicos.

Es la magia de la ingeniería financiera social. El Gobierno de Sánchez, a través de AECID y el Ministerio de Exteriores de José Manuel Albares, soltó 670.547 euros en noviembre de 2023 para un proyecto con un nombre que parece generado por un algoritmo de palabras modernas: 'transición ecosocial justa, intercultural y ecofeminista'.

Un título tan etéreo que casi puedes oler el incienso, pero con un cheque muy concreto que llega a Entrepueblos y al Observatori DESC. Pero el verdadero festín ocurre en Cataluña. La Generalitat de Salvador Illa, el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona han sido los grandes mecenas.

Solo la ACCD puso 699.849 euros (2022-2024) y el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) se llevó casi un millón más, repartido en tres programas hasta 2024. Si sumamos los 1,1 millones del Ayuntamiento de Barcelona desde 2019 y los 95.000 euros de la Diputación para 2025-2026, la cuenta es astronómica.

Lo más fascinante es la 'cantera'. El Observatori DESC no es solo una ONG; es la academia donde Ada Colau, Gerardo Pisarello y Vanesa Valiño aprendieron el arte de pasar de la calle al despacho. Ahora, Colau vuelve a la carga diciendo que no llega a fin de mes, mientras su red de influencia sigue engrasada con millones.

El Sindicato de Inquilinas de Madrid dice que no recibe subvenciones, pero compartir manuales, cuadros y estrategias con quienes sí las cobran es como decir que no tienes hambre mientras te comes el postre de otro.

Crítica:

El texto es un ejercicio de rastreo contable impecable, aunque peca de omitir si estas subvenciones son competitivas o asignaciones directas. La narrativa es efectiva al conectar la trayectoria personal de Colau con el flujo del dinero.

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