Crítica:
El texto es un altavoz de las quejas de la derecha sin ofrecer el contraste de la corporación. Se queda en la superficie del conflicto mediático sin analizar el contrato de las productoras externas.
El texto es un altavoz de las quejas de la derecha sin ofrecer el contraste de la corporación. Se queda en la superficie del conflicto mediático sin analizar el contrato de las productoras externas.
En Ceuta, la línea entre un asentamiento improvisado y un campo de entrenamiento de guerrilla se ha vuelto peligrosamente difusa. Mientras el ciudadano medio se pelea con el cajero automático para sacar el alquiler, el Ejército de Tierra ha descubierto que sus patrullas no se enfrentan a una masa desorganizada, sino a una coreografía bélica. No son piedras lanzadas al azar; son maniobras de cerco, observadores estratégicos y trampas en barrancos que parecen sacadas de un manual de tácticas especiales. El detalle que convierte el asunto en una comedia negra geopolítica es el hallazgo de entre 12 y 14 militares marroquíes en activo entre los desalojados de El Trampolín. Estos personajes, que convenientemente se autodenominan «desertores», portaban material militar y, probablemente, el mapa de los horarios de guardia de nuestros soldados. La hipocresía es deliciosa: el vecino que te sonríe en la frontera puede estar coordinando el bloqueo de una ruta de evacuación. El episodio del 27 de agosto en Benzú fue el clímax de este despliegue. Un grupo de 30 a 40 personas no solo apedreó a cuatro integrantes del Grupo de Regulares número 54, sino que aplicaron un cerco profesional para anular cualquier posibilidad de retroceso. El resultado: cuatro heridos y 12 detenidos, pero una duda razonable que quema. Mientras tanto, en los despachos, la burocracia sigue su curso mientras asociaciones como Asfaspro, AUME y UMT gritan que sus soldados patrullan sin garantías, algunos incluso desarmados, en un escenario donde el enemigo conoce sus rutas mejor que ellos. A esto sumamos 21 detenidos a principios de septiembre y dos militares evacuados al Hospital Gómez Ulla en Madrid. No es una crisis migratoria; es un tablero de ajedrez donde los peones españoles están jugando a ciegas.
Hay una coreografía muy depurada en los despachos del poder que consiste en viajar a mitad del mundo mientras se decide quién se lleva el premio gordo, y luego poner cara de 'yo no he visto nada'. Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, se ha plantado en Japón para asistir al foro de la IHRA, una organización que, casualmente, es el escaparate brillante de la tecnología japonesa y donde Hitachi —una de las candidatas a llevarse el contrato de 4.000 millones de euros— se siente como pez en el agua. Es como si el juez de un concurso de cocina se fuera de vacaciones a la fábrica de harina del concursante favorito justo antes de dar la puntuación y luego asegurara que solo fue a mirar el paisaje. Renfe, con una agilidad mental envidiable, dice que Heredia no vio a Hitachi. Que no hubo reuniones con fabricantes. Que el viaje fue para 'reforzar relaciones' con Japan Railway y saludar a los de EE.UU. y Australia. Un despliegue de diplomacia ferroviaria que, curiosamente, se mantuvo en un silencio sepulcral en X (antes Twitter). Nada de selfies institucionales ni hashtags de progreso, solo mensajes genéricos sobre el puente de octubre y sus 400.000 plazas de alta velocidad. Saben que el ruido molesta. Mientras la plantilla de la empresa mira el calendario con escepticismo, la licitación —puesta en marcha en marzo de 2026— juega en la liga de los números gordos: 1.362 millones para el pedido inicial y un total que roza los 4.145 millones. Siemens, que está en la otra esquina del ring, guarda un silencio incómodo. Jurídicamente, el viaje es un 'no es bonito', pero difícil de castigar. En la calle, sin embargo, sabemos que cuando alguien viaja al jardín de casa del interesado en un contrato de miles de millones, no es para estudiar el clima, sino para aceitar los engranajes.
Hay una coreografía muy depurada en Ceuta que merece un premio al mejor montaje. El guion es sencillo: el 13 de octubre llegan Don Felipe y Doña Leticia, y para que la postal sea impecable, se ha montado un despliegue de 1.800 efectivos que haría palidecer a cualquier cumbre del G20. Tenemos a 1.400 agentes —entre UIP, GRS y plantillas locales— y 400 militares haciendo de muro humano. Todo coordinado con el sigilo de una operación de inteligencia, porque blindar la ciudad es la prioridad absoluta mientras los Reyes dedican diez horas a 'conocer la emergencia', visitan un colegio y rinden homenaje en un cementerio musulmán. Lo fascinante no es el número de uniformes, sino la magia de la limpieza exprés. Durante 60 días, los asentamientos en El Trampolín y la playa de Benítez eran el recordatorio diario de una crisis migratoria con 90.000 personas cruzando la frontera los pasados 30 y 31 de julio. Pero, ¡oh, milagro!, justo antes de la visita, 300 agentes despejaron las playas y maquinaria pesada succionó 221.000 kilos de residuos en menos de un día. Es el equivalente a limpiar el salón a toda prisa cuando sabes que viene tu suegra: no has solucionado el problema, solo has escondido la basura bajo la alfombra. La ingeniería social ha sido brillante: 1.200 inmigrantes 'optaron' por el retorno voluntario a Marruecos en autobús, evitando el laberinto judicial de la Comisión de Asilo. Mientras tanto, la realidad se ha vuelto invisible, no inexistente. Los sindicatos policiales saben que el problema no ha muerto, solo ha mutado. Ahora hay unos 1.000 escondidos en montes y más de 100 inmuebles convertidos en refugios clandestinos. Ceuta luce radiante para la primera pernoctación real desde 1927, pero el aroma a hipocresía es lo único que el despliegue de seguridad no puede filtrar.
Hay que tener una imaginación desbordante para gestionar el transporte ferroviario de un país y decidir que la mejor forma de optimizarlo es volar miles de kilómetros para dar clases de autobuses en Australia. Marta Serrano, directiva de Renfe, aterrizó en Oceanía entre el 29 y el 31 de julio de 2026 para lucirse en el curso 'Bus Network Design and Route Planning for Australia and New Zealand'. Mientras el pasajero medio lucha contra los retrasos y los precios que suben más que la espuma, la cúpula de Renfe parece haber confundido la empresa con una agencia de viajes de lujo. Lo irónico es que Serrano, que llegó a la compañía en mayo de 2025 como directora del Área Técnica tras bailar el vals institucional con el presidente Álvaro Fernández Heredia en el Ministerio, acabó en septiembre de 2026 en una posición que huele a degradación: la gerencia de Planificación de Movilidad. Pero claro, el descenso en el organigrama no impide el ascenso en el contador de millas. El surrealismo es el nuevo estándar en la calle Alcalá. No es solo Serrano y sus talleres de microtransporte con el experto Guido Bruggeman; es un ecosistema de 'turismo corporativo'. Tenemos a Lucas Calzado, el director de RRHH, posando con gorrito en los jardines de Harvard en febrero de 2025 para un seminario de Xavier Marcet, el mismo consultor que ya se había embolsado 14.800 euros en 2020 por diseñar la universidad corporativa. Y para cerrar el círculo de la hipocresía, el propio Heredia se escapó a Japón justo cuando se licitaba un contrato de trenes de 4.000 millones de euros, coincidiendo con eventos de Hitachi. Renfe dice que no hubo reuniones, pero el silencio de Siemens es más ensordecedor que un tren de alta velocidad en un túnel. Es una gestión brillante: mientras los raíles chirrían, los jefes coleccionan sellos en el pasaporte con el dinero de todos.
Hay quien monta un negocio para ganar dinero y quien lo hace para escuchar conversaciones ajenas mientras sirve el café. José Ángel Prieto Holgado, un personaje que maneja el crudo con la soltura de quien reparte cartas en un casino, decidió que la mejor forma de vigilar al Juzgado Central de Instrucción número 4 no era con binoculares, sino con una carta de tapas. Así nació el restaurante Raíz, en el número 20 de la calle Génova, un local estratégicamente colocado bajo la Audiencia Nacional para que los jueces y fiscales fueran, básicamente, el menú del día. La ingeniería financiera detrás de este 'café con micrófonos' es para echarse a reír. Mientras el ciudadano medio sufre el sablazo de la luz, Prieto Holgado presuntamente orquestó un agujero contable de más de 300 millones de euros en el IVA de los carburantes. Para que el negocio no oliera a quemado, utilizó a Carlos Castillo Medina como escudo; un administrador con 17 antecedentes que hace que un currículum normal parezca una hoja en blanco. Entre transferencias y facturas de sociedades como Browtrader SL, se movieron 750.048 euros, una cantidad que cualquier mortal usaría para jubilarse en el Caribe, pero que aquí sirvió para pagar el alquiler de un centro de espionaje. El plan era brillante en su cinismo: ganar confianza, servir cañas y captar secretos mediante dispositivos ocultos en el mobiliario. Pero el castillo de naipes se desplomó con la operación Pamplinas Stars en noviembre de 2025. Entre el desvío de fondos a Holanda, el Reino Unido y el refugio en criptomonedas, la red de Plamanvisa SL y Atlantic Oil Star SL terminó dinamitada. El bar intentó camuflar su muerte con un cartel de «¡¡Felices vacaciones!!» en julio, pero septiembre llegó y el local se quedó mudo. Al final, el espía resultó ser el espiado y el restaurante Raíz ha echado la persiana definitivamente.
España se encamina al 29 de noviembre con un censo de 38,73 millones de electores y una realidad que da vértigo: casi la mitad, el 46,3%, tiene el sustento atado a la ventanilla de la Administración. Hablamos de 17,9 millones de registros que viven de pensiones, nóminas públicas o subsidios. Para que nos entendamos, es como si en una mesa de diez amigos, cinco no pudieran pagar su parte de la cena si el Estado no les pasa la tarjeta. El grueso de este 'ejército' lo forman 9.537.978 pensionistas contributivos, que en septiembre de 2026 se llevaron una tajada mensual de 14.498,2 millones de euros. Con una pensión media de 1.374,6 euros, el sistema se ha vuelto el principal motor del consumo, mientras que las Clases Pasivas —ese rincón reservado para ciertos funcionarios— sumaron 740.431 pensiones y un gasto de 1.774,1 millones. Pero no todo es jubilación. El empleo público, con 3.646.900 asalariados, y el SEPE, con 1.896.142 beneficiarios del desempleo, completan el cuadro de la dependencia. A esto sumamos a los 1.647.502 adultos protegidos por el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que llega a 905.792 hogares. Lo irónico es el contraste histórico. En 2013, en plena tormenta financiera, el combo de pensionistas y empleados públicos era menor. Hoy, trece años después, ese grupo ha crecido en 2,08 millones de personas. Mientras el joven que cumple la mayoría de edad —y que forma parte de los 1,6 millones de nuevos votantes— busca un contrato que no sea un espejismo, casi la mitad del censo electoral ya tiene el 'sueldo' asegurado por el Estado. Una arquitectura electoral donde el voto, más que una opinión, parece un cheque de gratitud.
Hay quien dice que el tiempo es oro, pero en Moncloa el tiempo es una herramienta de ingeniería política. Pedro Sánchez está jugando al Tetris con el calendario electoral y, antes de que lleguen las urnas el 29 de noviembre, quiere dejar el tablero bien colocado. El movimiento estrella: el posible indulto a Álvaro García Ortiz. Para el ciudadano de a pie, un indulto es como cuando un padre perdona que el hijo rompa el jarrón; para el Estado, es borrar con goma un fallo del Tribunal Supremo. García Ortiz, el exfiscal general, se ganó el premio a la creatividad filtrando correos de Alberto González Amador, la pareja de Isabel Díaz Ayuso. El Supremo no se dejó impresionar por el espectáculo y le clavó dos años de inhabilitación y una multa. Ahora, Moncloa quiere hacerle un 'descuento' a esa pena. No buscan borrar el pecado, sino recortar la inhabilitación a menos de seis meses. ¿Por qué? Para evitar que la Inspección Fiscal lo eche definitivamente de la carrera profesional. Es como intentar que un alumno suspendido no repita curso cambiando la nota en el acta el último día de clase. Félix Bolaños ya ha confirmado en RAC 1 que el papeleo está sobre la mesa y la Fiscalía ha dado el visto bueno. Mientras tanto, Sánchez, en una entrevista con elDiario.es, se ha limitado a un "no lo descarto" repetido como un mantra, una respuesta que en lenguaje político significa "estoy a ello". Lo más irónico es que, mientras el núcleo duro del Gobierno dice que la sentencia judicial tiene más ficción que una película de Hollywood, en los pasillos de COPE se oye que el exfiscal, por querer hacer méritos, terminó metiendo al Gobierno en un jardín del que ahora intentan salir con una medida de gracia.
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