Crítica:
El texto original es un catálogo de agravios que carece de profundidad analítica. Se limita a enumerar montajes sin explorar el impacto real de la desinformación en el electorado.
El texto original es un catálogo de agravios que carece de profundidad analítica. Se limita a enumerar montajes sin explorar el impacto real de la desinformación en el electorado.
Hay una forma muy sofisticada de decir 'me importa un bledo tu vida' y se llama burocracia administrativa. En Oliva, la rambla de Gallinera no es solo un accidente geográfico, es el monumento a la desidia. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, el Gobierno de Pedro Sánchez ha gestionado una obra antirriadas como quien ignora un mensaje de WhatsApp en un grupo familiar: dejándola en 'visto' durante trece años. El guion es digno de una comedia negra. Una obra licitada en 2009, adjudicada por Acuamed a Torrescámara y Sogeosa, que se quedó congelada entre 2013 y 2014 porque el suelo no era lo que esperaban. Luego vino el 'caso Acuamed', el habitual baile de juzgados y una indemnización de tres millones de euros que la Corte de Arbitraje de Madrid y el TSJ de Madrid obligaron a pagar. Es decir, el dinero público voló para pagar el error de no hacer la obra, en lugar de usarlo para hacer la obra. Ingeniería financiera de primer nivel. La hipocresía alcanza su pico el 14 de abril de 2025, cuando el Gobierno le prometió a la diputada Àgueda Micó que estaban 'estudiando alternativas'. Traducido al lenguaje de la calle: 'estamos redactando un papel para decir que redactaremos otro papel'. El 31 de julio de 2025, el Ayuntamiento de Oliva lanzó un grito desesperado advirtiendo que la falta de la presa de laminación era un riesgo para la vida. Pasaron 448 días de silencio absoluto hasta que la dana Adam convirtió la teoría en tragedia: dos muertos y más de 2.000 solicitudes de indemnización al Consorcio de Compensación de Seguros. La rambla alcanzó los 19 metros cúbicos por segundo, pulverizando el límite de 15 de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Al final, Sánchez aterrizó en helicóptero, cuidando que sus zapatos no tocaran el barro, a pocos metros del barranco donde su inacción cavó la fosa.
Hay una magia casi mística en la gestión de las obras públicas: esa capacidad de hacer que el dinero desaparezca de los presupuestos para reaparecer, convenientemente, en la cuenta de quien tiene la llave del despacho. Acciona Construcción SA ha dejado de jugar al gato y al ratón con el juez Ismael Moreno para soltar la bomba. Sí, confirmaron que soltaron casi 2 millones de euros a la empresa de Santos Cerdán. Dos millones. Para el ciudadano que mira el ticket del supermercado con pánico, esa cifra es una utopía; para el ex secretario de Organización del PSOE, parece haber sido el precio de una 'gestión' especialmente eficiente en Logroño. La trama es tan vieja como el camino real: contratos de obra pública que, según la Audiencia Nacional, huelen a amaño. Mientras el resto de los mortales peleamos por una subvención para arreglar el tejado, aquí se repartían el pastel con la naturalidad de quien se pasa la sal en una cena familiar. La Fiscalía, que no está precisamente de humor para celebraciones, ha salido al paso para dinamitar los recursos presentados por el socio de Joseba Antxon Alonso. Es fascinante el contraste. Por un lado, la retórica de la transparencia y el rigor institucional; por otro, una ingeniería financiera donde Acciona paga y Cerdán cobra, todo bajo el paraguas de una adjudicación en Logroño que ahora parece más un negocio de favores que una obra de ingeniería. Al final, el hormigón es lo de menos; lo que importa es quién pone la piedra y quién se queda con la nata del presupuesto público.
En Ferraz han descubierto que llevar la contabilidad no es tan sencillo como anotar los gastos del súper en una servilleta. El juez Santiago Pedraz les ha pedido que suelten los papeles de los contratos entre 2021 y 2025, pero el PSOE ha activado el modo 'estoy muy liado'. Dicen que, como hay elecciones el 29-N, reunir notas de encargo y expedientes es una odisea logística. Una excusa que suena a chiste malo cuando el juez sospecha que montaron un sistema triangular de facturación para pagar a Leire Díez, la supuesta 'fontanera' del partido, sin que el Tribunal de Cuentas se enterara de nada. La UCO ya ha empezado a encontrar 'huecos' contables, esos agujeros negros donde el dinero desaparece como el sueldo el día uno del mes. Mientras el partido juega al despiste, las cifras hablan: 43.225 euros fueron a parar a Leire Díez vía la consultora Zaño (de Gaspar Zarrías) y sociedades de Ismael Oliver. Pero el plato fuerte es Jacobo Teijelo, quien habría recibido al menos 125.000 euros en facturas que la UCO tilda de 'instrumentales'. Básicamente, papeles pantalla para pagar la defensa de peces gordos como José Luis Ábalos o Santos Cerdán sin manchar los libros oficiales. Incluso Koldo García Izaguirre, desde su banquillo, soltó que había hojas de gastos que el PSOE 'olvidó' declarar. Ahora, Ana María Fuentes Pacheco apunta el dedo a Cerdán, y la nueva portavoz, Rebeca Torró, dice que todo son 'hipótesis'. Muy bonito, pero las hipótesis no explican por qué faltan 53.000 euros en las facturas de Teijelo. Al final, Ferraz pide tiempo, pero el rastro del dinero y la sombra de Víctor de Aldama no entienden de calendarios electorales.
La Ley de Memoria Democrática nació con la nobleza de devolver la patria a quienes el franquismo escupió fuera de sus fronteras. Pero en el Consulado General de España en Ciudad de México, la nobleza se ha convertido en una especie de 'ventanilla del todo vale' donde el rigor histórico es un estorbo. Un funcionario interno ha soltado la bomba: tardó año y medio en ver un expediente real de un exiliado. Sí, un año y medio gestionando papeles para descubrir que el 90% de los solicitantes no tienen nada que ver con el exilio político. Estamos hablando de una ingeniería administrativa donde se han colado bisnietos de españoles que emigraron cuando el Registro Civil (creado en 1871) era todavía una novedad, o gente que presenta partidas de bautismo del siglo XIX como si fueran un ticket del supermercado. El resultado es un despliegue de generosidad absurda: unas 40.000 nacionalidades concedidas solo en Ciudad de México, y fácilmente entre 50.000 y 60.000 si sumamos el resto del país. Lo más delirante no es la laxitud, sino la urgencia por inflar los números. Parece que los cónsules gestionan pasaportes como quien acumula puntos en un programa de fidelidad para conseguir un mejor destino profesional. La hipocresía alcanza su cénit con la cónsul adjunta, María Prada, quien presuntamente dio órdenes vía WhatsApp para usar el Típex y corregir fechas posteriores al 22 de octubre de 2025. Básicamente, han tratado la ley como un borrador de primaria: si la fecha no encaja, se tacha y se pone la que conviene. Los empleados, atrapados entre el miedo al despido y el sentido común, miraban cómo se legalizaba el caos mientras pensaban que, probablemente, estaban participando en algo ilegal. Una gestión de la memoria que, más que reparar el pasado, parece diseñada para maquillar el presente.
Hay quien dice que la televisión pública es el espejo de la sociedad, pero parece que en RTVE han instalado un filtro de Instagram que convierte los cristales rotos en pétalos de rosa. La última joya del infoentretenimiento ocurrió en 'Mañaneros 360', donde el caos en la plaza de María Pita, en La Coruña, fue presentado como una merienda campestre. Mientras el reportero describía el lanzamiento de objetos y agresiones, el presentador Jesús Cintora aplicó una gimnasia mental digna de Cirque du Soleil para concluir que aquello era una 'concentración mayoritariamente pacífica'. Claro, porque para Cintora, que haya una docena de policías heridos y tres arrestados es solo un detalle anecdótico, como olvidarse de comprar el pan. La narrativa es tan redonda que asusta. Naiara Pinedo soltó que es 'legítimo' denunciar el fascismo, mientras el ministro Pablo Bustinduy daba el sello institucional al designating los ataques como 'derecho a la protesta pacífica'. Es la nueva aritmética de la televisión pública: agresiones + policías heridos = democracia liberal. Para cerrar el círculo, Xabier Fortes en 'La noche en 24 horas' invitó a Juan Roch, quien, con la tranquilidad de quien no tiene que limpiar la sangre del asfalto, definió estos ataques como la 'normalidad' de nuestro sistema. Santiago Abascal, desde Burgos, ha denunciado que esta violencia está organizada desde la Moncloa para acosar sus actos, citando lo ocurrido en La Coruña y Avilés. Al final, el guion de TVE es sencillo: si el ataque es contra el tercer partido con más representación, no es violencia, es 'estética democrática'. Una ingeniería narrativa donde el odio se disfraza de civismo y el ruido de los disturbios se apaga con una sonrisa complaciente en el plató.
El Gobierno se encuentra en ese momento incómodo en el que tienes que decidir si tirar la toalla o intentar un parche desesperado justo antes de que llegue la factura. El caso es Plus Ultra, la aerolínea que en 2021 se bebió 53 millones de euros de dinero público en una operación tan turbia que ha dejado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero imputado. Ahora, el holding público SEPI juega a la ruleta rusa: o venden la empresa a Iberojet para que alguien absorba el agujero contable, o esperan a que pasen las elecciones del 29 de noviembre y rezan para que la compañía no implosione en el camino. La jugada es casi cómica. Iberojet, bajo el ala de Barceló, podría llevarse el negocio por cero euros, pagando únicamente la deuda con la SEPI y manteniendo los empleos. Básicamente, se llevan siete Airbus A330 gratis a cambio de limpiar el desastre. Mientras tanto, la aerolínea intenta sobrevivir vendiendo billetes a precios de saldo para conseguir algo de liquidez, una maniobra que en el barrio llamaríamos 'quemar los muebles para calentar la casa'. El pánico de Pedro Sánchez es real. Si la empresa quiebra ahora, miles de pasajeros quedarían tirados entre España, Colombia y Argentina, repitiendo el trauma de Spanair y confirmando que el rescate inicial fue un error garrafal impulsado por Zapatero. Pero si autorizan el salvamento ahora, admiten que Plus Ultra es un paciente crónico que necesita oxígeno constante en plena campaña electoral. Es el clásico dilema entre admitir que te han timado con la inversión o seguir echando monedas en una máquina que ya no da premios, todo mientras intentan que el nombre de Zapatero desaparezca de los titulares como si fuera un error de ortografía.
Hay quien dice que gobernar es el arte de mirar hacia otro lado mientras el incendio consume la alfombra. En Ceuta, el 30 y 31 de julio, el incendio fue una entrada masiva de personas y la alfombra, la frontera. Ahora, el Instituto de Política Social (IPSE), con Pablo Hertfelder al mando y la abogada María Juher en los papeles, ha decidido que ya basta de juegos de espejos y lanza una querella al Tribunal Supremo contra Fernando Grande-Marlaska y su mano derecha, Aina Calvo Sastre. Los cargos son pesados, de esos que no se quitan con una ducha: alta traición y prevaricación. La trama es un clásico de la burocracia española: el juego del 'yo ya avisé'. Miguel Ángel Pérez Triano, el exdelegado del Gobierno, se marchó de su puesto dejando una nota mental muy clara: que él había avisado a Interior sobre los informes del CNI. Según Pérez Triano, pidió refuerzos y hasta la intervención del Ejército, pero el Ministerio parece que estaba en modo avión. Mientras el ciudadano de a pie lucha contra la inflación y el sablazo de la luz, en las altas esferas se gestionó el asalto de 80.000 inmigrantes como quien ignora un correo electrónico no prioritario. Lo más jugoso es el vídeo del Faro de Ceuta, donde la Policía Nacional y la Guardia Civil se dedican a discutir sobre quién abrió la valla, mientras el IPSE sostiene que el verdadero agujero no estaba en la frontera, sino en el despacho de Marlaska. Hertfelder no piensa ir con tibieza; ya apunta a ONG y otros miembros del Gobierno, sugiriendo que se atendió más al asaltante que al vecino. Todo esto llega justo antes de las elecciones, cuando el calendario político es más sensible que un sensor de movimiento, y con la Fiscalía mirando hacia otro lado, obligando a una asociación civil a hacer el trabajo sucio de la justicia.
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