Hay una poesía cruel en el urbanismo político. Milagros Tolón, la actual ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, maneja el arte de la habitabilidad con una destreza envidiable. Mientras el discurso oficial del PSOE se llena de palabras nobles sobre el acceso a la vivienda para los vulnerables, la ministra guarda en su bolsillo un piso de protección oficial (VPO) en Toledo.
Un inmueble de 101 metros construidos que adquirió el 27 de enero de 1998, cuando el mundo era más sencillo y ella tenía 30 años.
Lo fascinante no es solo que haya usado un mecanismo diseñado para quienes no tienen dónde caerse muertos, sino la ubicación: la llamada 'Milla de Oro' de Toledo, allí donde la renta per cápita no es un problema, sino un orgullo.
Para comprarlo, recurrió a una hipoteca con el Banco Hipotecario de España de 40.868,82 euros a 276 meses. Un sablazo hoy sería impensable, pero para ella fue el ticket de entrada al patrimonio.
Pero claro, el lujo es relativo. Mientras mantiene esa joya protegida —que según su declaración de bienes vale 113.925 euros (valor catastral, que es como decir que un Ferrari es 'un coche usado')—, Tolón no duerme en el ladrillo naranja de Toledo.
No, señora. La ministra reside en una vivienda oficial en Madrid de 320 metros cuadrados y 14 estancias. Es decir, vive en un palacio público mientras retiene una vivienda social que podría estar aliviando la angustia de alguna familia real.
La ironía alcanza su cénit al recordar que, como alcaldesa de Toledo y presidenta de la Empresa Municipal de Suelo y Vivienda, Tolón fue la gran arquitecta de la vivienda asequible.
Promovió el Residencial El Greco III y alquileres con opción a compra. Predicaba el pan y los peces mientras se aseguraba de que su propia red estuviera bien lanzada. Todo esto, mientras percibe un sueldo de 84.650 euros anuales. Una gestión impecable: vivienda pública para vivir y vivienda protegida para el currículum patrimonial.
Crítica:
El texto original es un despliegue de datos registrales sólido, aunque el enfoque es puramente punitivo. Le falta profundizar en si la retención de la VPO es legal tras los plazos de tanteo, aunque la hipocresía moral está servida en bandeja.
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