Hay una forma muy elegante de decir que alguien te está tomando el pelo, y luego está lo que pasó el 30 de julio en Ceuta. Mientras nosotros discutimos por el precio del aceite, en el Estrecho se montó una puesta en escena digna de un guion surrealista. El teniente coronel Miguel Lobo ha dejado claro ante la jueza María Tardón que Rabat no solo miraba desde la barrera, sino que jugaba al 'pasa la pelota' con seres humanos.
La jugada fue sencilla: autoridades marroquíes recogían gente en la playa de Castillejos y, en lugar de gestionar la situación, empezaron a arrojar migrantes por la borda. Sí, literalmente los tiraban al agua para que el barco naranja de Salvamento Marítimo, que pasaba por allí como quien va a hacer un recado, los recogiera.
A las 05:38, el Salvamar Atria ya avisaba al COS de Ceuta de que la patrullera marroquí no estaba rescatando, sino 'despachando' pasajeros al mar. Unos minutos después, a las 05:47, se confirmaba el patrón: más personas al agua para cruzar a nado. En total, una gestión humana que dejó un saldo de 28 hombres y dos mujeres rescatados en esa secuencia, dentro de una avalancha de más de 70.000 personas.
Lo más delirante es el contraste interno.
Mientras Lobo veía a seis embarcaciones de las Fuerzas Armadas marroquíes operando en la zona, en suelo español la Policía Nacional y la Guardia Civil se peleaban por si cerrar o abrir una puerta. Lorenzo Juan Fages quería el muro cerrado para que el problema fuera legalmente de Marruecos; Lobo prefería abrir para evitar que la gente acabara aplastada.
Una gestión a ciegas, sin órdenes del Delegado del Gobierno, donde la única estrategia clara fue la de Rabat: usar a la gente como moneda de cambio y tirarlos al agua cuando el barco naranja estuviera lo suficientemente cerca para hacer el trabajo sucio.
Crítica:
La noticia es un despliegue de testificales impactantes, pero brilla por la ausencia de una reacción oficial del Gobierno español ante la evidencia del 'despacho' de personas. El texto es preciso, aunque deja en el aire la negligencia de la cadena de mando que dejó a los agentes sin órdenes.
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